Placer inconcluso

Ventanal

Roberto se despierta primero que ella. Mira a su alrededor y se tranquiliza. Todo ha sido una pesadilla. Se despereza en su cama y se observa en el reflejo del ventanal. Desde que se han puesto de moda las viviendas dentro de los Shopping Centers, él ha alquilado una y disfruta de nuevas sensaciones haciendo pública su vida privada.

Silvia yace a su lado, aún no ha abierto los ojos. Algunos pasantes van paseando y alternan entre ver vidrieras con ropa de moda y gente en su esfera íntima. Roberto lo sabe, lo disfruta, y despeinado, se levanta en calzoncillos para dirigirse al cuarto de bano a mear.

Silvia, sola en la cama, ahora ha abierto un ojo. Mira y observa a su alrededor, agazapada, sin moverse. Casi parecería como que si ella mantiene los ojos cerrados, eso sirviese para pasar desapercibida. No termina de acostumbrarse a la nueva vivienda. Sabe cómo lidiar con su actual realidad hogarena, pero sus capacidades no pasan de  una actitud defensiva.

Sin contacto

Víctor, al igual que Safiro, ha elegido una mujer que no lo satisface realmente porque ella vive de espaldas al placer. Safiro se pregunta si la mujer de Victor quizás a sido violada de pequena. Al mismo tiempo Safiro no reconoce de que Alicia, su propia mujer, es casi igual a la esposa de Victor, su madre.

Safiro cree que tiene visión de pez, panorámica, que posée un lente carísimo, pero no se da cuenta de que apenas le funciona en modo zoom. Solo cuando se emborracha se abren las compuertas de la autopercepción sincera. La irritación que produce este momento, las hace cerrarse pronto. Gozar es poder hacer un balance general, piensa, y sabe, perfectamente, de que se está enganando, pero de que aquella es su elección.

Viaje

El auto se frena en mitad de la carretera y se abre una puerta. Romina sale disparada. Bolito aprieta el acelerador a fondo. Romina permanece contemplativa en cuclillas sobre la banquina. Abre su mochila y extrae un bocadillo de jamón de bellota y queso parmesano. De paso por Espana e Italia ha ido recolectando manjares portátiles para alimentarse. Nada le importa ni preocupa cuando come.

Bolito pega la vuelta a los 500 metros. Cuando llega al lugar en que había depositado a Romina, la vé comiendo. Se le ha pasado la bronca. Estaciona a un lado de la carretera cerca de Romina y se queda adherido a su asiento. No abre la puerta ni para salir ni para invitar a Romina a subirse de nuevo. Se siente indeciso, pero no solo ahora, siempre. Tansita los días de explosión en explosión, disculpa en promesas, y sin saber porqué.

Segundas primaveras

Estás sentado mirando por la ventana desde tu escritorio. Un instante es lo que dura aquella inmersión dentro de un pensamiento pasajero. Luego de unos segundos ya ni te acordás qué era lo que pasó por tu cabeza. No estás ni deprimido por el invierno, ni sufrís por la falta de luz que azota estas latitudes nórdicas, ni te afecta el frío helado, ni te cuesta despertarte por la manana, ni te sentís identificado con algún personaje que se esconde detrás de varias capas de ropa y una gorra de lana.

Mientras muchos de tus amigos dan signos de invernar como los osos, vos te sentís en primavera, en tu microclima. ¿Porqué me estará pasando esto a mí? – pensás, contemplativo, nuevamente. Tanto tiempo quise alcanzar un estado de paz interior y, justo cuando no me lo propongo y estoy listo para meterme de cabeza en la introspección de la estación, esto llega, acá está, y no se de dónde ni cómo vino.

Es hora de contagiar. A todos, a mis amigos, a mi familia, al que llame por equivocación o de una compania de telemarketing, al que me mire en el transporte público.

* * *

Ramiro decidió de que regresaría a su país. Hizo las maletas, se deshizo del 98% de sus cosas, sacó dos pasajes e invitó a su mujer a salir para tomar algo. De camino al aeropuerto, ella empezó a extranarse porque su marido le pidió de que no se bajara del metro y se dejase sorprender: Iban a un lugar que ella ni se imaginaba. Ella pensó en el cine, hacía casi 3 anos de que no iban. Luego se le ocurrio que podría ser una obra de teatro. Solo una vez en 14 anos él la había invitado a asisitir a la premiere de una compania que venía del país de él. Eso había sido ni bien él había llegado a Berlín. Luego ya nunca más nada lo motivó a hacerlo.

Hicieron transbordo y subieron a un bus. Ella ahora intuyó más férreamente de que no irían ni al cine ni al teatro. Subidos en el avión de Iberia rumbo a Madrid, él le empezó a explicar de que esperarían tres horas en la capital castellana para luego subirse a otro avión que los llevaría lejos, a su país.

* * *

Cuando te despedís de Ramiro esa noche en el bar, tempranito y sin estar ebrios, sabés de que pasará mucho tiempo hasta que lo vuelvas a ver. Quizás eso nunca suceda. Pero podés percibir su felicidad y aquello supera la tristeza de perder un amigo. Sin darte cuenta, encendiste la mecha en él. Te lo hizo fácil. Los amigos de verdad somos cómplices.

* * *

El niño en brazos de él tiene una sonrisa impagable. Lo agarra con sus manos gruesas y sus brazos firmes. Domina la situación. Ella, a su lado, se nota que se deja llevar y lo disfruta. Su rostro delata relajamiento. Es la primera vez, desde que la conociste, que la descubrís así, con esa expresión invadiendo su cara por completo. El sol lo ilumina todo, el cielo es bien azul, profundo y, por algún lugar, se cuela una nube blanca. El Río de la Plata brilla e incandila con su reflejo.

La foto que te acaba de llegar por email, es la más linda de los últimos tiempos.

La sequía

- El mes de la sequía es en el que comienzan las lluvias.

No era un simple recurso literio lo que Parpadicio le decía a Rotitalba. Ambos habitaban Berlín. Ano tras ano, en noviembre, como hamsters en ruedita, debían comprobar de que la misma sensación los absorvía. Gris, lluvia, frío. La humedad que se metía por todas partes. La gente que desaparecía y, con ella, el motivo de crítica, único y absoluto. Viento.

Ambos eran desocupados con una gran variedad de hobbies. Los acumulaban con alma de coleccionista. La actividad central, más allá de todas las demás que les servían para distraerse, era la de sentarse en cafés a observar a la gente y desmenuzarlos con opiniones que se reservaban para ellos dos.

La ambivalencia del invierno los ponía a prueba. Si bien las personas dejaban de transitar sitios que implicaban relacionarse con el aire libre, minimizando los recorridos urbanos y limitándolos a lo imprescindible, el espíritu depresivo de esta época era de lo más suculento. Nada como el comienzo del sufrimiento en la gente para sentirlo jóven y fresco, indomable. Nubes y falta de sol.

Los días se acortaban, oscurecía a eso de las cuatro de la tarde, convirtiendo la merienda en cena y la noche en un estado ad eternum. Fue uno de esos días en que apereció y se les plantó en la mesa.

- Ustedes dos son unos hijos de puta, lo supe desde que los ví.
- ¿Nos conocemos? – atisbó a decir con naturalidad Parpadicio.
- No, pero sí, pero en realidad no.
- Ah, muy bueno lo tuyo… – aprovechó para deslizar el pelado Rotitalba.
- Yo antes era un pobre pelotudo como ustedes, un tarado, un idiota resentido que se creía más importante que los demás – continuó el sorpresivo personaje.
- ¿Y ahora qué sos? ¿Budista? ¿O trabajás en una ONG y ayudas a los sintecho?
- Esos son los peores – contraatacó el visitante – pero no tanto como ustedes.
- ¿Y quién carajo te invitó a venir a hablar con nosotros? – soltó Rotitalba.
- Vos y tu amigo, pero ya me aburrieron, chau.

Llovía nuevamente de a gotas gordas y bien heladas. Los cafés empezaban a llenarse y daban refugio a los pocos pasantes que venían de sus trabajos o escapando de sus agobiantes hogares. El aburrimiento como deporte urbano hacía estragos. Quizás por eso, o por sentirse demasiado observados, los dos amigos pagaron y se fueron a otro tipo de lugar. Era hora de conocer chicas. ¿Pero y eso cómo se hacía? Cuando la idea de empezar de nuevo algo aburre, y seguir haciendo siempre lo mismo también, es porque los extranos tienen derecho a acercarse, a opinar.

- ¿Che, ese tipo que vino hoy hasta la mesa, es amigo tuyo?
- ¡Estas chiflado… no, cómo se te ocurre!
- Qué se yo, digo, no sé, como vos te juntás a veces con cada uno…

Por fin empezaron a hablar, por primera vez, de ellos mismos entre sí.

Latinale 2009: La cita anual continúa

Hola Gente:

Como todos los anyos, los invitamos a pasarse por el festival de poesía mobil latinoamericana “LATINALE” de Berlín. La serie de eventos van del día 31 de Octubre al 6 de Noviembre. Fijense en el programa para ver qué es lo que mas les podría interesar si es que se sienten atraídos por la vieja y querida poesía reloaded… Y aprovechen de este “lujito” que nos ofrecen los organizadores y poetas participantes – que a pesar de crisis económicas y demás guisos, ellos siguen en pie, sentados o acostados, como mas les (nos) guste.

Nos vemos!

El ADMIN

Vacile indio, vacile…

Creo que no es merecido buscar un tema porque no tengo tema que buscar…
Tema composición se decía en la escuela.
Hoy no me acuerdo de cómo se empieza un tema, porque todos estan abiertos,
porque casi todos nos tocan de cerca o de lejos.

Me han cantau una canción de cuna que no recuerdo haya sido linda.

Era mía, eso sí, y mi padre la hacía para mí todos los días.

El osito Pedro era a veces el oso Pedro, caminaba con ritmo y profundidad sobre el corazón de mi viejo.
Me contaba todos los días, antes de caer en el suenio de la siesta, el mismo cuento pero variando las versiones y sabía que yo esperaba ansiosa el acompaniamiento sonoro de su relato: se goplpeaba el pecho imitando los pasos de aquel animal feróz y bueno.
Para mí, el Oso Pedro circundaba el torzo de mit tata como si fuese la superficie interminable de las mismas pampas.

Qué nana le cantaré a mi ninio?
Qué le contaré yo a mi hijo?!

Quién es el Inodoro Pereyra, el Gaucho renegau de las pampas atlántidas, y cómo le explicaré que me río con merecido conocimiento gauchesco y no por vejez gaga-lúcida?

Preguntas de Juan y el preguntón.
Brota una mar de recuerdos de pampa húmeda; mi gurí no sabrá nada de eso y
hablará el idioma materno de su madre y ancestros con acento extrangero, los acentos que en los comics de mi país, eran para reirse e imitarlos.

Ando sin madera pal lenio, ni enies en ordenador, ni yuyo pal amor.
Quien no entienda éstas cosas, éste lexicum mapuche quizá quilmero,
pues apeche Indio, que no importa la estirpe de mis palabras, mas sí solo tengo ganas de no darle sentido a nada que valga de serlo.

Quizá me he puesto así una vez visto y escuchado los últimos alaridos inodorianos de Don Diego Maradona. „Que la chupen y (por las dudas), que la sigan chupando“.

Confieso ser amante de éste indio pueril y virtuoso. Qué político, qué economista, músico, escultor, pintor, tenista, futbolista o plomero no admira un virtuoso de tal calibre??

Pelusa Maradona no es Dios ni es un genio, pero era genial ni bien un balón rozaba su persona.

Como mi caso, habrán millones: gracias a éste demonio sin sacerdotiza, logramos admirar un juego de pelota que hasta ese entonces, no era otra cosa que un peloteo para pelotas masculinas, alguno que valía la pena y salvaba los mundiales de futbol… pero gracias a Don Diego, la atención y admiración por éste deporte, cambió el rumbo de muchos hombres, muchas mujeres, ninios, políticos y drogones.

Empezamos con el grito de taquilla: los medios avalanzan sobre las palabras últimas de Diego.

Luego seguí hasta profundo en la noche, investigando sobre el fenómeno del balón , quien merece decir, ha estado en la cima de los colmos y cómo no entender a éstas alturas que nos mande a casi todos a „seguir chupándola“.

Le encontraron la forma de bajarle la cania, recuerdo que no tengo eniens, y para momentos de álgido caracter gauchesco, no tener einies para un hispanohablante es como no tener dientes pa masticar salvaje y ciegamente, un kilo de carne vacuna.

Al Diego Maradona merece seguirle las huellas. Es un caso de investigación..

Inspira meterse a urgarle la vida..
Su Villa Fiorito denuncia él, luego de decenas de anios, que los políticos no han hecho nada, que no ha cambiado nada. La oscuridad que él conoció, el peligro, la violencia y los miedos, no han cambiado en mas de treinta anios.

Esa es la argentina, es más, eso es Buenos Aires… valga decir, „eso TAMBIEN es la argentina… y sólo es el antipasto. Si quieren recorrer el país, muy grande será la sorpresa: pues del mentado suenio blanco y europeo darán con que no es otra cosa que latinoamérica, pura y dura.

Diego querido, has sido el emabajador de los pobres y desleídos, te besas y codeas con Fidel y con Huguito Chávez, ponle empenio a la cosa, levanta Villa Fiorito y asfáltala, ponle luz y casas, dales napas nuevas y un par de esquinas, pa ’que la gurisada vaya de rondas a buscar presa y no para que sean presa, toda su puta de vida, de la misma eterna y conocida miseria.

„ Don Inodoro!, Queremos un libro e´ quejas. Nosotros el Malón de indios!

-Alguno de ustedes sabe escrebir?

-No y esa es otra queja! Porqué no hay libros pa analfabetos?“
* (una estrellita para Fontanarrosa) J

De igual manera, no se entiende a éstas alturas que Pelusa sea Director Técnico del equipo nacional sin que lo domen a tiempo.
Como sea, en el idioma que sea. Igual, éste indio virtuoso ha domado de taquito el italiano, el cubano, el venezolano y el apolinario Mamerto..

Danos paz en ésta tierra… que lo que Dios da por la derecha, lo quita por la izquierda… o viceversa…

Si los rencores de Don Pelusa son muchos y no (tan) en vano, hay a pechar; vacile, indio: o los olvida o se toma un Lexotanil antes de decir barbaridades de orden casi racista y /o dudoso nacionalismo. ( „a los argenitnos, y solo a los argentinos les debemos ésto… a todos, todos los demás, que la chupen“)

Simón Pelayo??

Un Simón llevo dentro, patea, se menea, rema y nada dentro mío.
Simon querido, es la primera vez que digo tu nombre en público… y algún día, sin que entiendas el idioma madre de tu madre, verás estampado tu nombre que salió de mi punio- teclado Mac… y no entederás que me preocupe la idiocincaracia de allí cerca de donde vengo y no estoy ni sé si llego…

Tampoco serás Simon Bolivar ni Simon Peres… Serás mi Simon Pelau hasta que te crezcan las crenias, los rulos, los rizos, cabello de ángel.

Sin más que agregar a pájina y media de sinsentido temporal,

me despido pensando que será bueno visitar un taller de holganza o tricot o cuánto mejor, de escritura…

El tiempo lo define uno

y la tontería….

Casi que tambien.

Un día de locos

Clase de crítica del cine dictada por una maestra de escuela el día de los 25 años de la muerte de John Lennon:

Tenemos por un lado la triste noticia de los 25 años de la muerte de John.

Pero lo triste no es que John se haya muerto, pues eso para nosotros sólo es una muerte, algo de todos los días. La muerte de John es triste porque la publicidad no puede hacer nada sin querer siempre intentar involucrar en ello nuestras más personales emociones. Al dar una información, las emociones que de ella puedan surgir, deben ser explotadas al máximo, pues ellas siempre logran mantener al público cerca de los televisores y periódicos, y sobre todo, y lo más importante, ellas siempre logran acercar esa información a cada uno de nuestros casos particulares consiguiendo personalizar lo general. Poner a flor de pantalla las emociones ayuda a asociar cada caso televisivo con las relaciones que cada uno tiene con su perro, con sus padres o amigos. Pero lo cierto es que ahora mismo esta muriendo gente de hambre en Afganistán y en breve nos estaremos tomando un avión a Grecia, o nos iremos a tomar un café.Pobre John, pobrecito. A John lo Mato un Fan que estaba loco de tristeza de tanto escuchar la publicidad de John.

Por otro lado, otro nuevo asesinato. En el periódico dice que podría haber sido una película de Hollywood.

Un tipo se bajo en Miami en el aeropuerto y les dijo a los disciplinantes que andaban por ahí: “ey Gente! tengo una bomba en mi mochila” Y luego se lanzo a correr. La mujer del ciudadano norteamericano grito: “Es mi esposo. Es bipolar y no ha tomado su medicina”. Los disciplinantes, en este caso y como siempre, carecieron del sentido del humor y de la creatividad que a él (el bipolar) le sobraba y lo mataron. El periódico dijo que parecía una película de hollywood. Entonces podemos decir que mientras el bipolar representaba la figura artística generadora de terror en un mundo Hollywood, la policía, por su parte, represento la figura del orden en ese mismo mundo. Si las imagenes Hollywood se vuelven reales eso puede significar que la realidad, nuestra realidad es una imagen Hollywood. ¿Las imágenes de nuestra realidad son las imágenes de hollywood? Queriéndolo o no, esta pregunta la genero el bipolar. Vierón chicos, hay imágenes que cierran mundos e imágenes que los rompen. Esta imagen, por ser real, realiza las dos funciones. Cierra y rompe Hollywood.

Ay! Debo confesarles que cuando escuché que habían matado a un norteamericano que tenía serios problemas mentales me ilusione, pensé que habían matado a algún cazador de inmigrantes mexicanos, pero lo que habían matado era sólo a un artista haciendo la más completa de las performance.

Pipas

Mi amigo sentado sobre la cama, con las piernas cruzadas, una manta sobre los hombros, la espalda contra la pared, medita. Qué familiar me resulta todo esto. Totalmente ajeno y aislado del mundo. Conozco muy bien su cara pero hoy percibo sus rasgos como los mismos de siempre y a la vez parecen extraños. Esto me ocurre a menudo con personas que conozco. Los elementos de la cara tomados por separado me causan desasosiego. Ni se da cuenta de que estoy aquí y yo sigo observando su cara, descomponiendo sus rasgos y descomponiendo estos rasgos en partes más pequeñas hasta que su cara parece el plano explosionado de un motor.

* * *

Conocí a una chica pelirroja, que linda, que bella, que bien olía. Cieguita ella. ¿Sabes? Bailamos agarrados porque creí que si me separaba se iba a perder. Con las ciegas no se puede bailar separados, creí yo, parecería raro a no ser que estés constantemente chasqueando los dedos o la lengua para que no te pierda el rumbo. Bua, como me excita pensar en ella, mi ciega. Bailamos y baliamos y yo sin quererme despegar, más por lo bien que olía y por lo que me excitaba que para que no se me extraviara. Hablamos y hablamos y bailamos y nos besamos y que descarada y yo, claro, cortado porque es cieguita. Me agarra de la mano y me lleva para afuera. “Anda ricitos, vamos a follar de una vez”.

* * *

Hoy soñé con dos carreras de galgos, una hacia la otra.

* * *

Estas lámparas para la frente con LEDs, cojonudas, muy cojonudas. Voy a mear porque no me tengo, vaya pedo. Vaya pedete y con el vino y los flais, mirando las estrellas fugaces, esperando a que pasen por delante de mi campo de visión, cada vez más turbio y más estrecho. Voy a mear un rato. Vamos a poner el toldo hijoputa, antes de que te duermas sobre la arena. A tomar por el culo los clavos. Has visto el pedazo de Vía Láctea? Dónde están los putos clavos? Pon el cortaviento hacia allá. Y si cambia el viento? Y si llueve? Pues nos jodemos. No estoy para hacer previsiones meteorológicas. Tira un poco más. Tienes un palo? Toma. Clávalo y luego lo tensas, joder. A la mierda, me voy a mear, luego plantamos el toldo. Dame la bota, voy a darle otro trago, a ver si me despejo. Media hora de descojono. Pongamos el toldo, que luego va a ser peor. El olor del mar es fantástico. Cojonudo estar aquí y cojonudo dormir todas estas noches medio pedo bajo las estrellas. Vale poeta, pero pongamos el toldo porque si no, toca dormir al relente. Ya está, cada día queda mejor, creo que hemos batido el record. Echa el plástico por debajo, ahora las colchonetas. Me meto en el saco vestido. Hey, saquemos la cabeza del toldo para ver las estrellas fugaces. Una idea cojonuda. Hacemos otro flai? Ni se pregunta. Después de tantos días, ni siento claustrofobia al meterme en el saco. Cuéntame otra vez la historia de Noemí, cómo es eso de que su ex es el mejor amigo de mi ex? Hay que joderse lo pequeño que es el mundo, verdad? Sí.

* * *

Tomo decisiones, a veces con el corazón, otras veces con las tripas y otras con la cabeza. Cuando veo los resultados, no sé muy bién con qué tomé la decisión. Doy un paso atrás de un par de miles de kilómetros para ver mejor la escena y, si hay sangre, fue con el corazón, si hay vísceras por todas partes, fue con las tripas, si hay sesos desparramados, fue con la cabeza. No hay más que analizar la velocidad y el ángulo del impacto, como en los accidentes.

* * *

Posesión infernal

Viniste para quedarte a tus anchas dentro de mi cabeza. Si tuviera que definirte como algo físco, diría que eres un tejido que se ha colado por los pliegues de todo mi cerebro, un alien que se me ha metido por la oreja o por la nariz una noche, mientras dormía, y que ahora no puedo echar. Pero no eres tangible, es solo esa sensación. La prueba más evidente de que existes y quieres quedarte es que no sé cuántas de mis decisiones, de mis opiniones y mis gustos son realmente míos. ¿Como esto porque me gusta a mí o porque te gusta a ti? ¿Esta chica que vemos me gusta a mí o a ti? Si me decido a hablar con ella, ¿seré yo o tú quien esté intentando ligar? ¿Se llevará una impresión tuya o mía? Si hablo de música, libros, películas, ¿son mis gustos o los tuyos? Si fuera a grabar una cinta, ¿cuántas de las canciones serían mis favoritas y cuántas tuyas? Una verdadera jodienda, aquí no hay sitio para los dos y la vida ya es suficientemente corta como para ser uno mismo solo la mitad del tiempo.
Lo reconozco, he dejado que entraras, me moldearas y te hicieras con los mandos porque en muchas ocasiones tus trucos me han salvado el día. No todo es malo. Reconozco que tu don de gentes, extroversión y gusto a la hora de vestir son especiales y que me he aprovechado de ellos. Pero ahora quiero que te largues y te voy a hacer un exorcismo hasta hacerte trocitos y cagarte como a una lombriz solitaria. Quizás te estés muriendo de risa pensando en que no podré echarte del todo porque me quedará el recuerdo y eso no hay quien lo borre. Me quedo entonces con el recuerdo, incluso pienso aprovecharlo, pero a ti te habré echado. Son muchos años de llevarte a la chepa. Lárgate ya.

¿Exorcisando un destino?

“El mejor viaje es el que nunca haremos”
D.S.S.

Hace calor acá junto al Mediterráneo cuando en mi ciudad de origen adoptado ya hace frío. Los fantasmas se mueven como elevados por el vapor de la temperatura ambiental. Son sábanas que flotan. La ciudad en sí es oscura. Gótico, Borne, Barceloneta, Raval. Las afueras son bastante áridas, de edificación nueva sin ningún tipo de caracter que permita sentirse a gusto o incómodo. Mi pié derecho, introducido en la piscina, se mueve de adentro para afuera, columpiándose en una especie de indecisión. ¿La estoy pasando bien o no? El sol me abraza, la música lounge del ipod es una mecedora. Por un instante, estoy bien. Es eso nomás. Tumbado en la periferia.

Peleamos. Llegué y estabas demasiado lejana para mis carencias afectivas. ¿Porqué siempre crees que soy tan fuerte? Ella no crée, ella es ella, autentica. Sos así y punto. Me cuesta tomar decisiones cuando es tan dispar la persona con la que estoy. No creo que pueda aprender a llevarlo. Así y todo, estoy con vos. Ella es tan mía, es tan yo, que sé de que el conflicto se me genera a mí. Ella es detonador nada más. Aquella idea me retumba como eco desde hace tiempo.

Pienso de que soy el tipo de persona que estaría mejor solo en vez de tener pareja. Y sin embargo siempre me he sentido completo recién cuando estuve en una relación. Quizás por eso mismo está claro de que debería no comprometerme nunca más, olvidarme de ese precepto moral de nuestras sociedades. En fin, no pretendamos ser superheroes con nosotros mismos y también aceptemos: ¿cuán libres podemos llegar a ser de todo lo que nos hizo individuos?

* * *

Con ella, con la anterior, y con la anterior a la anterior siempre me costó vincularme con sus amistades. Cada vez se me ha ido haciendo menos dificil, porque tal vez con el paso del tiempo y los tropiezos he aprendido a elegirlas mejor. Ahora hasta hemos construído amistades conjuntas, introducidas por ella, pero redefinidas como amigos de los dos.

Como de costumbre, no faltan los amigos de ella que me sacan de libreto totalmente. Pero no son ellos, sos vos, es ella que se hace a un lado y deja que colisionemos. Yo te cuido, de la gente que pueda lastimarte. Tan solo te pido de que vos lo hagas conmigo tambien. Pero yo se de que vos sos así, y de que la antelación de situaciones no es tu fuerte. No me gusta hacerme listas, pero este item va de lleno a la columna del debe del registro contable y se me incrusta profundísimo en la desconfianza.

Quiero ver las cosas positivas, concentrarme en ellas, pero ¿qué se hace cuando los disgustos y las amenazas no nos dejan hacerlo porque lo invaden todo?

* * *

Soy marido sin título en casa de suegros. Acá no somos amantes. Quiero hacer el amor cuando hace calor. Tengo que tenerte comprensión y paciencia. Estos pocos días son demasiado para tu breve tiempo. La mujer saturada, empero, lo es siempre: Acá y allá. Deseo quererte como sos pero no puedo conmigo y hacer la vista gorda de que tu problema es la incapacidad de medir (tiempos, gastos, afectos) para mí sería como enganarme. Lucho con la imagen de mi gurú  proyectada sobre la pared como una sombra que me habla y me dice “Geduld (paciencia), Cristobal, Geduld…”.

¿Pero desde cuando las sombras hablan? Boca arriba desde la cama veo a un holograma virtual bidimensional mover los labios y pienso de que todo esto ha comenzado a afectarme las facultades mentales. Está claro de que la situación esta sacando a relucir mi talón de aquiles. La homeopatía podría curarlo. Me cuesta esperar cuando aún no sé ni confío en ello del todo.

* * *

Las librerías son un paraíso. El periódico y el cortado un gran placer cotidiano. Luego de una semana se va perdiendo la poética de aquello que creemos echar de menos cuando no estamos de viaje. Hace calor, hay sol, y hay muchas cosas más que me gustan. Por lo menos hice las paces con Barcelona y sé de que ella no es la causante de ninguna de mis angustias sino que ella lo es, es decir: vos. En pocas palabras: yo, porque vos sos ella pero no la urbe. Y en el fondo todo lo que me sucede, me pasa a mi y nada más que a mí. ¿Llegaré algún día a poder gozar con vos de esta ciudad en paz y armonía?

Quemaditos

Estabamos tan acabados de que no podía irnos peor. Al margen de que siempre todo puede empeorar, eramos optimistas y estabamos convencidos de que nuestra suerte era justamente ser concientes de que ya no podíamos perder. Sin miedo, el mundo nos pertenecía y las desgracias eran nuestra contención.

Sentados en un banco de la placita, por la noche, ya que la oscuridad nos jugaba a favor, nos sentíamos cercanos. Nos unía la pérdida presente o la que pronto vendría. Era real o hipotética. Muy real en mi caso porque mi novia me había dejado. Tambien bastante real en el caso de Tarijaria porque estaba en medio del largo proceso de divorcio emocional, mental y, porque se avecinaba una reaccion en cadena estilo dominó en su vida. Cacho Delprado nos acompañaba y decía de que se sentía igual a nosotros. Manifestaba de que en su caso, el final, o bien, ya había llegado, o bien, vendría en cualquier momento por él. Nunca supimos a qué se refería, pero aún sin comprenderlo, le hicimos un lugar en el banco sobre el que solíamos pasar horas desahogándonos noche tras noche.

Eramos tres amigos que nos sentíamos más que cercanos en la soledad. Ella y él iban y venían por cerveza de lata al quiosco regularmente. Yo había abandonado el alcohol por completo y tomaba té helado, agua gasificada con sabores exóticos y cualquier otra bebida sin azucares ni graduación etílica. Cuando nos daba hambre, nos acercábamos al barsucho de Felipe y allá nos metíamos algún bocadillo callejero barato. Mi favorita era la albóndiga berlinesa frita con ketchup. Ella le daba duro y parejo al famoso sandwich turco Dönner. El venía siempre comido de su casa.
Las noches eran largas. Creo de que desde entonces ya nunca practiqué la reflexión de manera tan intensa como en aquel entonces. Desde la nada, todo era un regalo, y, sin saber porqué ni para qué, ni cómo, ni si iba a ser posible algo alguna vez, sin horizontes, nos atrevimos a abrirnos y mostrarnos tal cual eramos, con una autocrítica tan feroz que nos daba coraje existir. Fueron quizás semanas o meses, hasta que algún día, él dejó de acudir. Y luego las charlas entre ella y yo ya no fueron lo mismo. Los encuentros se disolvieron.

* * *

Pasaron años y seguimos en la misma ciudad. También nos hemos visto innumerables veces desde aquel entonces. Pero jamás volvimos a rememorar aquella época. De eso no se habló mas. Al verlos, hoy en día, puedo divisar al fantasma rondar sobre sus cabezas. Presiento de que me salvé. Pero si así fuese, ¿porqué les temo tanto y los evito?

* * *

El grito sobre el escenario no era el famoso alarido de Tarzán, era Cacho Delprado abriendo uno más de sus shows en familia y en el bar del barrio, el Chancho Bar. Todos acudimos a la cita, él a cantar, ella a pasar desapercibida. Y yo no sé muy bien a qué fui. Pero allá estábamos, ellos y todos los demás, el ghetto berlinés nocturno hispanoparlante completo.

Al terminar el show, coincidimos él, ella y yo en la barra de atrás. Nos miramos, fue un instante. Y casi pude palpar aquella mirada de complicidad tripartite que conocí. ¿Alguna vez miraron fijo a dos personas a la vez? Yo sí, fue ayer, es decir, en un rato, cuando parta para el concierto. Yo los quiero a ambos, fueron mis mejores amigos, de las pocas personas con las que me sentí comprendido o, en su defecto, tan acompañado. Era feliz junto a ellos a pesar de mi derrota capitulada, auto-asumida.

Quisiera decirles tantas cosas, no deseo hablar del antes sino del ahora y de a dónde hemos ido a parar los tres. Yo siento de que me salvé y ellos dos no. Soy conciente de que mi juicio es extramandamente subjetivo y parcial. Quizás igual cada uno hizo y arribó, aunque sea de manera parcial, allí a donde deseaba estar. Tal vez me equivoque en mi percepción. Eso no me importa realmente. Quiero hablar con ellos sin tener la necesidad de huirles. Uno hace lo que quiere, lo que puede, lo que le sucede. Dejemos eso de lado por un instante nomás.

Nunca digas nunca jamás (versión a lo guacha)

“Nunca te mudes con un amigo y menos aún si es petiso”
Juan José Nonpalidece

La otra noche iba paseando a última hora con mi bella y vaga perra por las calles veraniegas del barrio cuando de pronto me encuentro con una vieja amiga. Lo que más me sorprendió es verla a ella también con un perro a su lado. Nos miramos sin decirnos nada por un instante y antes de saludarnos. Luego nos reímos. Finalmente, nos saludamos. Lo hicimos lo más rapido posible, ya que ambos teníamos unas ganas impacientes por abordar un tema obvio: el can ajeno, es decir, la novedosa realidad de habernos descubierto portadoresde un perro.

El pequeno perrito de ella me recibió ladrando como un loco desquiciado hasta que ella lo hizo callar. El primero en desenfundar  cuestionario fui naturalmente yo.

- Es nuevo? – le pregunté.
- No, no… – me contesto.
- Pero nunca te lo había visto antes – respondí.
- No, no – dijo ella –  no es mío, me lo prestaron, es de amigos y lo cuido de vez en cuando, me lo llevo una semanita a casa.
- Ahhhhh – le dije.

El minúsculo canino de ella empezó a ladrar de forma desaforada nuevamente. Ella lo hizo callar, con cierto esfuerzo, pero por fin lo logró. Intentó justificarse.

- Es que los perros chiquititos son así – me dijo – tienen que hacer mucho ruido para defenderse, para que no los pasen por encima.

Mi perra, sentada al lado, contemplaba en pleno silencio y calma la situacion. Nada parecía alterarla. Giré mi cabeza para observarla y ella también lo hizo, enfocando sus ojos negrotes hacia mi. Nos miramos y casi diría de que pude ver una sonrisa burlona y de complicidad dibujada en su hocico. El perrito comenzó nuevamente a ladrar pero esta vez mi amiga no pudo acallarlo, lo que forzó a dar por terminada la charla. Entre ladridos enfurecidos nos despedimos y la ví alejarse a medida de que el sonido perruno iba bajando de volumen conforme la distancia crecía.

* * *

Codornicio entró al departamento pegando un portazo, luego de haber tocado el timbre de forma desesperada reiteradas veces. Como nadie respondió al llamado, tuvo que utilizar sus llaves para abrirse camino. Por fin adentro, arrastró sus pesadas y enormes valijas y, haciendo un estruendoso concierto improvisado, cruzó por casi todas las habitaciones del departamento, abriendo las puertas a patadas, hasta llegar a su habitación. Uso la ruta interna más larga. No le dió demasiada importancia al hecho de  que había gente durmiendo en las diferentes piezas. Ella me despertó para avisarme de que mi amigo ya había llegado. Me quité los tapones para el ruido, puse mi mejor sonrisa sincera y fui a su encuentro.

Parece que todo empezó mal porque casi se negó a saludarme. Si bien ella había acordado con él de que ese día habría visitas en casa, a él aparentemente todo esto se le había olvidado. Su enojo se vió volcado hacia mí. No tuve más remedio que invitarlo a tomar un café fuera de casa para que se tranquilizase y, para que, además, tuviesen tiempo los amigos para recuperasen del traumático sobresalto.

Al ofrecerme a pagar el café, el rostro de Codornicio esbozó una primera mejoría. Cuando se incorporó para irnos pude observar una vez más su escasa estatura y tuve, por un instante milimétrico, un flashback hacia la noche en que me había topado con mi amiga y su perrito.

* * *

Los días pasaron pero algo se mantuvo constante: La actitud de Codornicio. Lo recuerdo contando sus monedas para pagar de a centavitos su  shawarma.”Poneme la diferencia” me dijo, casi ordenándome. Él siempre rendodeaba para abajo y además te hacía pagar las propinas a vos. Yo le había contado de que era fin de mes y estaba corto de guita. Por lo menos dijo gracias cuando lo invite nuevamente a un café. “Paga vos que yo voy la próxima”. No hubo próxima porque despues de un par de  días me limité a evitarlo. Su egoísmo me tenía saturado. Ya no podía conversar con él sobre nada de nada.

Cuando ella, mi acompanante de vida, vino un día casi al borde de un ataque de nervios en el mejor estilo Alomodovar para hablarme de Codornicio, tan solo la abracé y le dije que era así. Los dos nos miramos y pensamos en que más que  bronca nos daba lástima. Ella había ido tambien acumulando sinsabores desconocidos. Codornicio daba por descontado de que se le lavase la ropa, ordenase, limpiase, se le cocinase y jamás se le había ocurrido traer ni un litro de leche a la casa.

Cerrando la semana llamó Beltrán y me desahogué con él. “Tratá de separar la convivencia de la amistad”, me recomendó. “No puedo”, le dije, “es imposible hacerlo cuando convivis con un amigo, y más aún si tal persona es tan particularmente  avara, egoista y codiciosa”. Me cuesta horrores cuando alguien no sabe brindarse ni un centímetro hacia el prójimo porque siente de que está perdiendo algo. Y lo peor de todo es que uno mismo entra su juego de la contaduría si desea poner el tema sobre la mesa.

Cuando Codornicio se despidió, lo saludé ya estando yo a gran distancia de él. No pienso de que las amistades no sean recuperables. Pero de a momento, por prudencia, evitaré toparme con él en todas sus visitas. Quizás pase un ano o dos sin vernos. Luego se sabrá si es posible volver a ser amigos cuando se ha chocado frontalmente contra una pared que son los límites de un vínculo. Aunque por lo general suelo desestimar los consejos de mi padre, hoy debo darle plenamente la razón. Porque las inumerables charlas que tuvimos durante sus últimas estadías con Codornicio no sirvieron para nada, más que para confirmar el fracaso del diálogo cuando la sordera de una de las partes es voluntaria. La derota estaba preanunciada desde el vamos y no supe escuchar a mi progenitor.

Sal de mí

Apenas nos estabamos conociendo con Matilda. Nos citamos en el Bar “Matilda” de Kreuzberg, Berlín. La idea fue mía en uno de esos ataques de espontaneidad y libre asociación pauperrima que me caracterizan. Como suelo ser más que puntual, llegue a la cita media hora antes. Debo confesar de que estaba levemente nervioso. Suelo sentirme así cada vez que veo a una mujer.

Como no tenía nada que hacer, me dediqué a escuchar conversaciones ajenas de las mesas contiguas. Mi atención fue ganada por una voz hispano-ibérica masculina que, como la mayoría de sus compatriotas, hablaba en un tono fuerte y por telefono celular. Lo noté irritado aunque resté importancia a mi percepción simple, ya que la experiencia me decía de que los espanoles siempre hablan con un tono que a mí se asemeja al enojo o la alteración. Carácter, me dicen, tenemos caracter, tío. En fin, agucé el oído. Y me percaté de que algo no andaba bien.

Mi vecino de mesa cortó abruptamente la llamada. Dejó casi de un golpe un billete de 5 euros sobre la mesa, se levantó rapidamente y así de iracundamente como se incorporó, abandonó el bar. En su apuro, pude observar, olvidó un papel sobre una de las sillas. Lo recogí para dárselo pero él ya no era divisable cuando salí a buscarlo a la puerta. Todos saben de que soy muy curioso, y es así como, ni corto ni perezoso, me dispuse a leer aquello que parecía una nota improvisada que nunca llegaría a destino.

“El problema es mío pero tú me haces mal. Yo se de que no es tu culpa aunque de todas formas no consigo vivir con el temor y la angustia que no me permiten dormirme mientras tu descansas plácidamente a mi lado bajo el efecto de las drogas y el alcohol. La carencia es mía, pero el gatillo que detentas tu entre tus dedos me tiene en vilo constantemente. El miedo no es lo que a uno le está pasando en el momento sino que es pensar en lo que a uno le puede suceder a futuro y no desea que pase.

Eres tan influenciable que por eso te deseo. Y por esa misma razón no te deseo, porque te pierdo tan facil como el viento se lleva a una hoja (anotación al margen del escrito: qué cursilería, tío!). No puedo vivir aferrándote, me agota, me amarga, no me gusta quién soy así.

Ha pasado mucho tiempo, quizás un ano y medio, quizás dos, desde que nos conocimos allí en Galicia y sentí por primera vez esto que te describo estando ambos en tu lecho. Ahora eso me agobia en mi propia cama y no puedo siquiera irme porque es también la tuya. Por eso te pido por favor de que te vayas tú. El problema es mío pero tu nunca me permitirás superarlo”.

Algo me distrajo de golpe. Era Matilda tocándome el hombro. Le propuse irnos a tomar algo a mi casa o a la suya directamente, sin vueltas. Casi no hablamos, nos emborrachamos sentados al borde de su cama, hicimos el amor dos veces como animales y me fui. No valía la pena involucrarse. Se lo dije. Y le dejé como regalo y justificativo la carta de mi desconocido amigo ibérico.

Sal marina

Vuelvo del mar de espuma olor extenso azul turquesa, arena, pedacitos de conchas, algas, blanco y verde y otra vez blanco.

Viento azul y dorado.

Rocas en las plantas de los pies.

Limpio los pescados en la playa. Sol en los hombros y estrellas fugaces que se enredan en el pelo medio adormecido con el vino.

Costa de la Muerte.

Noche y día. Arena en las uñas y sal

Billar desde el iphone

“Si no puedes vencerlos, uneteles” reza el dicho. Por eso aca estoy. El sitio es lugubre, decadente, rockero, tatuajes, humo y un billar. Mitad de la semana, cuatro de la madrugada. Tu terapeuta te aconseja que aprender a controlar la paz es importante. El tablero de dardos del bar te seduce ahora mas que ella.

Digamos que el desencanto llega un dia. Darse cuenta es doloroso. La ves y ha perdido toda la magia para vos. Es mejor vivir enceguecido o desencantado? Ser rico en la Matrix o ser un heroe de pelicula? No lo se, pero tengo certeza de lo que no me hace sentir bien. Lo siento mas que saberlo.

Ella me pregunta que hago. Escribo, le digo, una historia de amor. Se acerca con cara desafiante. Amor por quien. Escribo, tan solo escribo. Entonces pierde interes. No la culpo, todos reaccionamos solo recien cuando presentimos perder terreno.

Los amigos vienen y se van. Las experiencias empero se van acumulando como capas de pintura vieja. Mira la pantallita, vuelve sobre mi. La laca pesa. Incomoda. Vos encima mio tambien. Pesas. El control es denso, el amor liviano, y el peso siempre el mismo.

Mi noche la has salvado vos, gran descubrimiento, lo siempre evidente, un iphone entre mis dedos, que me permite retratarlo todo como una grabadora de bolsillo. Por tu lente veo al billar sobre el display y a ella desvariar con su cerveza en la mano. No me gustas asi, no se si quizas no me gustas mas.

Álter ego first

Bajó de la bicicleta y entró a su casa. Antes pasó por un sistema de escaleras y ascensor muy sencillo. Las escaleras subían girando en forma de caracol hasta un sexto piso, y el ascensor viajaba a velocidad lenta por el hueco del medio. Sólo había un ascensor y unas escaleras. Pero a pesar de una tan simple arquitectura de pasillo allí se desató una sospechosa intriga.

Marcos se bajo de la bicicleta. Ya le había pasado demasiadas veces que la llave se le partiera al medio quedándose adentro de la cerradura. Por eso metió muy lentamente la llave en la ranura y abrió suavemente el candado para luego, ya por fin, poder desenroscarlo rápidamente del asiento en el que lo llevaba. Paseó su mirada por su alrededor para ver si alguien se acercaba u observaba su candado. No había moscas en el aire o moros en la costa. Nada sospechoso. Nadie iba a percatarse de que el cierre de ese candado no fuese el más seguro para su más que respetable bicicleta.

La ató justo entre dos árboles. Lo más oculto posible de las miradas de posibles ladrones. Así consiguió que desde el único punto de vista desde el que se pudiese observar su bicicleta, el candado se viese lo suficientemente seguro y firme. Sólo eso le dio la tranquilidad de pensar que cualquier caco que pasase por ahí y viese la bicicleta, seguiría su camino, considerando que ella estaba tan bien atada y segura, que ni siquiera valía la pena intentar robarla. Pero lo cierto es que si alguien se acercaba a un metro de la bici, y veía ese candado, mañana ya no tendría más medio de transporte.

Abrió el portal de la casa. Inmediatamente escuchó reír y brindar a una pareja de vecinos que vivían en la planta de abajo. Ella le decía: “Alles gute mein Schatz”. Eran las cero horas en punto. La mujer había decidido no esperar hasta el día siguiente para felicitar a su marido por su cumpleaños. En alguno de los pisos de arriba se escucho ruido de puertas que se cerraban. El ascensor estaba libre y lo llamó. Después de pasar unos segundos en la oscuridad, mientras esperaba la llegada del ascensor a la planta baja, encendió la luz de las escaleras. La luz brindo seguridad a una visible oscuridad que había empezado a aterrar por sus sombras.

En las oscuridades visibles (o con sombras) suelen asaltar breves pensamientos paranoicos con apariencia de realidad. Pero sólo es en esos propios pensamientos dónde radica lo que nos aterroriza. Lo verdaderamente cierto es que tanto con luz como sin ella las cosas no dejan de suceder. De hecho la luz no pudo evitar lo que pasó en estas escaleras y pasillos.

Subió al ascensor y presionó el botón del piso sexto en el tablero de control. El ascensor subió sin interrupciones. Pero en lugar de parar en el número indicado, lo hizo en el piso quinto. Marcos no le dio demasiada importancia a ese hecho. Se lo tomo con naturalidad. Problemas técnicos de ese tipo ocurrían a menudo en el universo de la ciudad y ya habíamos aprendido a aceptarlos sin atribuirles mitologías. Todo lo contrario pasaba con las sombras, a las que aún no nos habíamos acostumbrado. Algo mucho más grave hubiese significado por ejemplo, que la luz de las escaleras hubiese estado estropeada.

Bajo en el quinto. Cuando comenzó a subir las escaleras hacia la última planta, vio como el ascensor volvió a encenderse y a seguir su marcha hacia el sexto. Al ver el ascensor moverse hacia arriba en lugar de hacerlo hacia abajo, se paralizo un momento. Dado que el sexto era el último piso, era mucho más probable que éste fuese llamado de los cinco que restaban por debajo que del único que quedaba por arriba. El ascensor llegó antes que él al sexto. Pero otra posibilidad era que el ascensor tuviese memoria y hubiese grabado sobre ella una llamada anterior a la suya. Una llamada de la que algún vecino se hubiese arrepentido para volver a su apartamento a buscar algo que había olvidado.

“Claro, se dijo marcos. Las llamadas se sobrepusieron y por eso fue que el ascensor se paro en el quinto y luego continuó hacia donde yo le había pedido”.

Cuando llegó al sexto, el ascensor ya estaba allí. Miro tanto a su alrededor como hacia dentro de él. Pero tal como estaba previsto en su argumento, no había nada ni nadie. Se relajó. Quito las llaves de su bolsillo he intento sin éxito abrir la puerta de su apartamento. La llave no cabía en la cerradura. La cerradura parecía estar bloqueada. Marcos dio un paso hacia atrás esquivando la sombra que su cabeza hacia sobre la puerta. Quería saber si se había equivocado de llaves. Se alejo de la puerta para acercarse al punto de la planta donde la luz fuese más clara y con menos sombras. Al elevar las llaves y fijar su mirada en ellas, notó sorprendido que Marcos ya abría las puertas de su casa, y que ya entraba, y que ya cerraba la puerta otra vez dejando a Marcos afuera. Cuando Marcos ya estaba en la cocina disponiéndose a hacerse un café para así poder trabajar toda la noche, escucho que alguien golpeaba la puerta de su casa. Durante un segundo se detuvo a pensar quién podría ser a estas horas de la noche. Abrió la puerta y antes de poder pronunciar alguna palabra, marcos ya le estaba preguntando si sería tan amable de invitarlo a tomar un café. Tenía frío, estaba cansado y tenían mucho de que hablar.

RUIDO

(o “Antes de largarme durante una semana a una playa desierta con mi caña de pescar”)

Despierto sobresaltado, con una sensación de ahogo, de preocupación y desasosiego por una persona cuya imagen sólo he podido ver durante una fracción de segundo. Ahora no sé de quién se trata. Alguna mujer a la que he conocido o alguna a quien ni siquiera conozco. Un par de veces he soñado con una mujer que no he visto en mi vida, alguien de quien siempre me enamoro profundamente, como nunca me he enamorado, y al despertar siento una gran pérdida y quiero volver a dormir para regresar a su lado. Nunca las he vuelto a ver.

Me esfuerzo para recordar a quién he visto en el momento de despertarme, como si de ello dependiera la respuesta a todas las cuestiones que se acumulan últimamente en mi cabeza. Mientras intento evocar esta última imagen de mi sueño, escucho por primera vez de forma consciente el ruido de una moto de gran cilindrada al ralentí, brrrombombombombombombom, siete de la mañana y hay un cabrón debajo de mi ventana calentando su moto. Sigue así durante diez minutos, acelerando de vez en cuando, y después sale a la carrera hacia su trabajo, supongo. Vuelvo a intentar dormir, entonces arranca una cortadora de césped. El jardín, de aproximadamente 60 por 40 metros, también está debajo de mi ventana. Esto va a durar un par de horas, así que desisto de intentar volver a dormir. Total, ayer no me acosté tarde. En comparación con Berlín, donde entre semana siempre me da la una o las dos, en casa de los padres me acuesto a las doce. Qué otra cosa voy a hacer, con todos los amigos casados y con hijos. Me doy cuenta de que echo de menos Berlín. A lo largo del día lo echaré aún más de menos.

Es muy temprano para bajar a desayunar e intento distraerme del sonido de la cortadora de césped leyendo. Una hora hasta que me levanto irritado por las idas y venidas del motor y me preparo el desayuno. Mis padres salen de sus habitaciones, aún medio dormidos, sin sus dentaduras. Es el momento en que más ternura me da verlos.

Mi padre enciende la radio, música folclórica mezclada con ruido porque la emisora no se sintoniza tan bien desde nuestra casa, por el monte que tenemos al sur. Mueve el dial. Ruido, anuncios, música, ruido, tertulia, anuncios, música, más ruido, otra vez la música folclórica de antes. Lo deja ahí. Yo ya me he preparado el desayuno. Estoy irritado por la forma en que desperté y el volumen de la radio no lo hace mejor. Intento que no se me note.

Decido subir a la biblioteca, a trabajar un par de horas. Allí habrá al menos un poco de silencio.

Ruido de nuevo en la calle. Hoy hace sol y la gente aprovecha para venir a la playa. Han hecho la playa más grande pero la capacidad de aparcamiento del pueblo se ha quedado igual. “Para, para, para Oscar, que le vas a dar!!!!”, “Cagoendios, pero tira palante payaso!!!!”, “Quién es el payaso, vamos a ver!!!”, “Oscar, tranquilízate, déjalo!!!!”, “Sal del coche y dime payaso a la cara si tienes cojones!!!”, “Oscar, déjalo, busquemos otro aparcamiento!!!!, “Ahora por mis cojones que no me muevo, me llama a mí payaso, el hijo de puta!!!”. Más pitadas, los conductores en España piensan que los atascos se arreglan antes cuanto más pitas.

El perro del chalet al lado de la biblioteca no deja de ladrar. Un mastín enorme. Entran y salen niños que no paran de hablar a gritos, sus abuelitos tampoco. El WIFI deja de funcionar. Los tres internautas máximo que permiten quedarse en la biblioteca nos miramos y hacemos un gesto para indicarnos que nuestra conexión también ha muerto. El router dejó de funcionar otra vez. La bibliotecaria y el bibliotecario repiten que no son informáticos. Sigo intentando conectarme durante media hora, por si resucita, desisto y me voy al irlandés, que también tiene WIFI y se puede fumar. Niños que piden aceitunas y vasos de agua a gritos. Música horrible, alguna compilación de chillout barato, en plan “Café Ibiza” o “Chiringuito del Mar”. Música clásica con sintetizador y efectos de rayo láser. Me concentro en mi trabajo.

El CD empieza a sonar por tercera vez y yo ya no aguanto más, vuelvo a casa para comer. Decido grabarle un par de CDs al encargado del bar.

Mis padres hablan y hablan durante la comida, todos los años me asombra lo alto que hablan. Hoy me irita especialmente y no puedo concentrarme en lo que dicen.

Después de la comida salgo a la terraza. No quiero ver televisión, aquí la televisión funciona también a gritos. Quiero sentarme y leer. Todo relativamente en silencio, al menos, el silencio de aquí, con perros ladrando, madres que llaman a sus hijos a gritos, gente que grita a gente, coches que pitan. Como digo, suficiente silencio para leer. Abro el libro y comienza a sonar Mocedades a todo volumen. Algún vecino no quiere disfrutar de Mocedades discretamente, en la intimidad, sino que quiere compartirlo con todos los demás a la hora de la siesta. Los dos perros de otro vecino empiezan a ladrar. Es un círculo vicioso, cuanto más ladra uno, más ladra el otro. Desesperado, busco unos tapones para los oídos. Subo a mi cuarto, me siento sobre la cama, me encajo los tapones, cierro los ojos e intento calmarme. Paso así una hora o dos, meditando, medio dormido.

Más tranquilo, me pongo el bañador y bajo a la playa. Es justo la hora en que todo el mundo decide volver a casa. Nuevo atasco, nuevos pitidos, nuevos insultos. Yo bajo a la playa, extiendo mi toalla y me tumbo a leer durante un par de horas, hasta que el sol se pone y empieza a hacer frío. Subo a casa, me abrigo, ceno, no quiero ver la televisión, siempre encendida, subo a mi habitación.

A las doce empiezan los primeros trompos en el aparcamiento, forma parte del verano de niños con coche, a las doce y media, mis vecinos se ponen a mover sus muebles justo encima de mi cabeza, a las dos pasan los camiones de la basura, vacían los contenedores de basura y los de botellas, se van, por fin me duermo.

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