Berlin y el tango (primera parte)

“Cuando hemos comprendido la alteridad del
otro no terminamos jamás de comprenderlo”

E. Lévinas

Cada lunes desde que empezó el invierno voy a bailar tango. Empecé a hacerlo con una antigua novia que quizás aún no sepa el modo en el que yo he interpretado todo lo que ella me ha dado al invitarme a entretener mi vida con esa danza. Justamente para darle a conocer todas esas interpretaciones es por lo que ahora le escribo esta carta. Tanto si inmediatamente después de leerla la olvida, como si, por el contrario, por alguna misteriosa razón luminosa, se le impregna a la piel hasta llegar a convencerla de que nada malo pasa si nos permitimos tomarnos el tiempo necesario para aprender a digerir todos los sucesos y encuentros cotidianos que se nos atragantan, lo consideraría perfectamente respetable.

Pues al fin y al cabo, sin que esto sirva de excusa, yo no sólo escribo para ella, sino también para mí, o más claramente, para seguir viviendo en un lugar en el que el habito de pensar los entretenimientos hasta el punto de hacer de ese pensar un hecho que también pueda ser compartido se va volviendo cada vez un poco más complicado. Si yo le preguntase a ella ¿por qué? seguramente ella respondería porque no hay tiempo, o porque la vida se va y las respuestas deben ser directas y automáticas, o porque (aunque más rebuscado no por eso menos sigilosamente controvertido), porque el hecho de haber tomado la decisión por una determinada propuesta de diversión te obliga también a aceptar todas las valoraciones, actitudes y representaciones que ya vengan adheridas a ese acto sin siquiera poderse permitir un breve comentario critico. En realidad yo no pedía mucho, me conformaba con una nota a pie de pagina que nadie lee, o con un breve susurro en la oreja entre los dos, de esos que nadie aparte de los dos escucha, de esos que sólo se escuchan en lo que en lo intimo hay de público.

Hoy por hoy, en la terrible situación de enmudecimiento y ensordecimiento en la que ella y yo nos encontramos, mi mayor ambición con estas frases no es otra que la de proponerle bailar no sólo el tango, sino también lo que al bailar el tango se baila, es decir, su ideología o sus implicaciones exteriores. Luego, quizás ya más (in)formados, espero que ella y yo podamos elegir juntos el seguir bailando o simplemente dejar de hacerlo sin frustraciones ni remordimientos. Pero hay una cosa que esta clara, que ella siga bailando la creencia de que yo soy el hombre que la baila y yo la de que ella es la dama que bailo, sin siquiera haberlo llegado a poder convertir en un juego real entre dos, por ni siquiera haber querido empezar a hacer el esfuerzo de exponerlo o de ponerlo delante de nosotros o de haberlo querido hacer real con la expresión es algo ya tan absurdo como inaceptable.

Todo esto pasaba porque estábamos entregados de tal modo y con tanta seriedad a nuestras sensaciones que ya no era más nuestro juego (nu-es-tro) sino el comercio y el negocio de otros. “Vamos a Dinamarca, me decía ella, sólo es un fin de semana, el viaje es baratisimo, es una gran oportunidad, son bailarines profesionales, directamente importados del río de la plata, tipos cancheros, nos lo ofrece la escuela a un veinte porciento de descuento, lo queres desaprovechar, mira que lo que se aprende en estos fines de semana”. Y dale que va. Porque para ella había que darlo todo por el tango, porque todo era parte del tango y estaba contenido en el tango, apasionado tango. (Pero por favor amiga, salgamos a la pista ya, sin zapatos, sin poyas, sin viajes, sin nada. ¿Siempre hay algo que comprar antes de hacer lo que tenes que hacer?) Y en mi turno para hablar le preguntaba, ¿Qué pasa con lo que al bailar se compra y no se piensa? Cosa a la que ella me respondía; “pero qué me estas diciendo, acaso no entiendes el amor que siento por esta sensación liberadora, ¿por qué no simplemente te dejas llevar de una vez?”. Y así, tratando de convencerme que hay pocas sensaciones mejores que las de mantener el ritmo o hacer la escoba, la cajita, la barrida, la mordida se nos pasaron las tardes de la última semana hasta que ayer ella me echo de su casa.

* * *

Esta carta no es más que un regalo para ella. La respuesta a un viejo compromiso que tengo con ella por haberme ofrecido tantos muchos otros regalos. Si muchos de sus regalos fueron producto, casi siempre vinieron acompañados por mi plena libertad para dispersarlos, para romperlos en mil pedazos, para buscar saber por qué llegaron hasta mí y lo que los mantiene vivos entre los divertimentos de la sociedad. Pero todo esto venía así de bien hasta que de repente llego el tango y ella perdió la cabeza.  Me dijo, “con el tango no te metas. Aquí, querido sutileza, el pensamiento cede al sentir. Hasta ahí llegaste y hasta aquí llegamos. Hasta ahí los pensamientos que podemos co(n)partir y hasta aquí nuestra relación. Y ahora por favor, raja de acá”.

La verdad es que no estoy pre-ocupado por ella en eso de que quizás se sienta sola o mal acompañada. Hoy por hoy y ayer por ayer el consumidor ocupa una imagen refinada e inteligente dentro de la sociedad y eso lo mantienesiempre ocupado y olvidadizo de si mismo. A lo que voy es a que en realidad, mientras ella siga trabajando, viajando, bailando y no necesite saber por qué esta haciendo lo que hace, le estará yendo bien. Esta carta que escribo para ella es por si alguna vez se hace esas preguntas.

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5 comentarios para “Berlin y el tango (primera parte)”

  • Nyma:

    UY! Pero qué decir… La distancia es muy reciente… casi me da pelo decir algo, pues la mucha pasión que se advierte en la cosa, hace pensar que habrá rencuentro pronto..
    Sin embargo, quisiera preguntar con timidéz: Es la muchacha de akí?
    Otra cosa: no sé si solo puede ser consumisimo el recurrir a espacios con otros, clases, viajes, etc…
    A veces se descubren las parejas de otra manera en sitios no “nuestros” y dentro de un marco “publico”, lo nuestro se puede afianzar..
    Cua´ntas veces nos faltan los motores para arrancar…y no sabemos cómo alimentarlos en la relación… Quizás hablar y proponer, afianzar y profundizar “lo nuestro” necesita de vientos llevaderos, más superficiales o banales, provocados desde afuera.

    cuando el movimiento no surge de adentro, no está prohibido buscarlos desde afuera..
    Pero bueno… espero sea solo un lapsus entre Uds y que pronto haya rencuentro o parecido..

  • sutileza:

    Gracias por el comentario Nyma! La situación no es tan trágica como lo parece. No hay nada de lo que preocuparse porque casi todo lo escrito es ficción.
    La pregunta que quería tratar de plantear con el texto sólo es si es posible compartir con alguien algo más que lo que pueda adquirirse ya mismo, es decir, por ejemplo, si es posible poder bailar con alguien no sólo por amor al baile o por vanagloria sino también bailar con lo que esa persona piensa y critica de ese baile o mejor dicho de lo que a ese baile rodea (Berlin). Se puede bailar tango con alguien siendo critico (y confesando esa critica a tu pareja) con todo el circo comercial y figurativo que rodea a ese baile en esta ciudad. Y aún más general: ¿Es posible compartir con alguien lo que pensamos acerca de las cosas que hacemos? ¿se quedan los limites del compartir sólo en un simple hacer algo juntos?, ¿Qué pasa cuando los criterios de academias y escuelas para por ejemplo aprender el tango (viaje a…, zapatos especiales para…) no te convencen con lo que tú crees oportuno que se requiere para aprender a bailar?, ¿Habrá que callar y apechugar?
    También quiero decir que si quizás admitiésemos que no aguantamos lo que el otro (pareja) piensa de las cosas de entrada, incluso del comentario que hace cuando el pájaro pasa por al lado de la ventana, nos ahorraríamos mucha gasolina de aviones para salvar relaciones con viajes a la india, a mejico o a … no sé… otra parte.

  • Nyma:

    JOli!
    Me la creí!

    Personalmente, las escenar tanguro-beras me pueden provocar a-ler -gia…
    Sin embargo, si uno la puede pasar bien, puede pasar de todo eso.
    Se dice también, que con la pareja es muchas veces, imposible bailar- entenderse como con unn desconocido..
    Y como no se puede compartir muchas cosas en la areja, como la computadora, por ek… bueno, habrá q apuntar a lo que sí se puede!
    Qué üiensen otros (parejas(, en mi caso personal, me da igual…
    Pero qAl final de una cena de parekas, no pasa algo similar?
    Hace tiempo tuve las ganas de irnos los blogueros de milongas:
    no somos pareja, pero la asaróamos PIPA!!!

    JAJJAAAAAA! Voy a leer el próximo!

  • cristobal colgon:

    son temas demasiado cercanos los que se platean aca, nos tocan a todos los que alguna vez estuvimos o estamos en pareja. que se comparte, como, Bioy Casares… tiene grandes historias en las cuales hombre y mujer viven juntos y en vidas con percepciones paralelas, algunas veces felices ambos, otras no.

    me gusto la idea de nyma de enfocar la atencion en lo que si nos parece que podemos compartir y menos en lo que no separa de las otras personas – salvo que esa sensacion no nos deje compartir nada. pero la intranquilidad es producto de la relacion, del otro, o de nosotros mismos? tiendo a pensar en lo ultimo.

  • Sutileza:

    Gracias por los comentarios! Al parecer el texto sonó un poco trágico pero como no era eso lo que pretendía que parezca ahora ser que hay muchas cosas que le tengo que cambiar.
    No sé trata de no ir a una milonga o que nadie tenga que compartir eso porque es un huevada comercial. No es una cruzada contra el tango De hecho yo voy a milongas bastante seguido y aunque soy critico con todo eso no dejo de vivir en un mundo en el que se debe negociar.
    El tipo que escribe la carta esta inmerso en un caso muy concreto que no llega a entender y que ve contradictorio. Por un lado el piensa el mundo del tango como cualquier otra persona que esta en ese mundo (de hecho ahora que digo eso se me ocurre que es bastante difícil decir algo de un mundo sin estar en el) pero cuando él le da su opinión acerca de ese mundo a su pareja no recibe de ella una respuesta normal (argumentos en contra o a favor)sino un rechazo, un raja de acá o un vos no respetas mi pasión, pero también se puede estar apasionado siendo alguien que piensa, no?, o eso no es posible?, bueno, sea como sea, cuando la piba lo manda a tomar por el culo, él se encarga de escribirle una carta con los posibles mecanismos, los que a él se le ocurren claro, que llevan a que dos personas en pareja no puedan llegar a compartir pensamientos acerca de lo que viven. Es decir, le escribe una carta con las posibles interferencias que impiden que la critica sea algo que también se pueda compartir. Creo que por ahí querían ir los tiros.
    Abrazo

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