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Road movie first stop
Ana Noir apareció en mi vida casi como si fuese irrelevante de que el nombre propio Ana en los últimos tiempos hubiese estado superpoblando mi léxico y existencia a la vez. Ella me la encomendó para hacer el viaje, me dijo, llévate a mi hermana, por favor, y ayúdala en lo que pudiese ser. Así es como un día soleado y de sol rajante en Catalunya, nos dispusimos a partir en un auto de alquiler hacia el País Vasco.
Mi misión era secundar a la hermana de mi pareja, de ella, fuese como fuese, ya que el amor verdadero debe expresarse a través de cualquier tipo de circunstancia, me decía mi mujer. Para tranquilizar los ánimos levemente convulsos, hojée el diccionario de bolsillo budista y rápidamente hallé una respuesta: Las situaciones se nos plantean como una oportunidad de aprendizaje, aún si no sabemos cual será, es importante afrontarlas como tal, ya que solamente una vez resueltas, no se nos presentarán de nuevo. Una vez más logré respirar hondo, abrir la puerta del coche y acomodar mi culo en el asiento de acompañante. Destino Bilbao. Ana Noir apretó el acelerador y a lo lejos la ví a ella ir achicándose mientras me saludaba con una mano extendida.
El primer stop fue en el Pirineo Aragonés. En pos de darle un giro positivo al viaje, yo fantaseaba con sentirme inmerso en un road movie de esos en los que no necesita suceder demasiado pero en los cuales el paisaje por sí solo hace a la trama. Soñaba con reencontrarme con el desierto cercano a Zaragoza pero en dimensiones aún mayores. Fue al llegar al primer lugar que me dí cuenta de que la película nunca empezaría. Aragón hacia estas latitudes carecía de aridez y soledad ya que cada 30 a 50 metros en la carretera una nave tipo depósito manchaba el paisaje de forma continua. Las montañas, luego, a modo de continuación lógica, eran una serie de poblados que manchaban con su estilo de edificios bajos de construcción moderna barata un paisaje que tampoco hubiese merecido ser presentado como protagonista. En Biescas, el pueblito tursítico de la amiga de ella, nos recibió el cansancio por aburrimiento.
Brujilda (así se llamaba realmente nuestra anfitriona), nos hizo espacio en el cuarto de un amigo. Ella y él habían decidido pasar la noche a la intemperie junto a un río solitario. Nuestra visita era la excusa perfecta para darle rienda suelta a la imaginación de dos seres embebidos por la percepción pueblerina y el deseo de originalidad. El piso compartido del amigo era aquello que solemos describir como espantoso: Desordenado, sucio, descuidado a más no poder, mal distribuido y con falta de amor por la vida. Algo contrastaba. Estaba poblado por gente simpatiquísima aunque al extremo cateta, como me explico Ana Noir que se suelen denominarlos en España. Me llamaron la atención los personajes. Todos los que lo habitaban no sabían muy bien qué hacían en ese pueblo, llevaban encima un resaca que se extendía día a día, tenían mal aliento, ojeras y un buen humor envidiable.
Nos recibieron sin preguntarnos nada, sin ofrecernos ni un vaso de agua, pero sin hacernos sentir extraños sino que como uno más de ellos. Todos trabajaban en la gastronomía, de camareras las chicas, de limpiacopas o cocineros los hombres. La mitad eran argentinos, los otros sudamericanos o de cualquier parte de España. Estaban aprovechando la temporada alta, porque duraba poco. Luego no sabían cómo seguirían sus vidas. Supuse de que era un momento interino en la vida de cada uno, pero todos coincidieron en señalar que llevaban ese estilo de vida hace ya mucho tiempo, años, una década o más. Sentí depresión y envidia por ellos, porque habían aprendido a vivir el día a día con lo que llevaban puesto nomás. ¿Eso era la libertad o una nueva forma de esclavitud?
La noche nos sorprendió cenando en el restorancito de turno que llevaba el amigo de Brujilda. Primero fueron las religiosas cañitas con una tapa de obsequio. Mucho más tarde nos sirvieron de cenar, lo cual fue el momento cúlmine del día, ya que la cerveza local y las tapas habían ensanchado mi depresión inicial. El bife de casi medio kilo, bien cocido, ayudó a reconstruirme por completo. Conforme se acecaba el cierre del sitio, se fue juntando la comunidad de personal gastronómico joven del pueblo en la terracita. Todos se parecían, y a la vez cada uno era diferente. Las parjas que se habían conformado eran recientes, temporales, casi tan intensas en su vínculo y a la vez pasajeras como los trabajos de cada uno y cada una. El verano aún hacía de la época un momento completo: De pleno empleo a jornadas de 14 horas y de pleno amor en las pocas horas que la noche duraba para ellos y ellas.
Luego de recalar en un bar de aires sudacas que se asemejaba a los burdeles que conosco pero no lo era, le comenté a Ana Noir que deseaba comenzar la retirada hacia los aposentos. Te acompaño, me dijo. Al llegar al apartamento, ambos, aún sin conocernos, frente a la cama matrimonial del amigo de Brujilda, nos observamos y supimos perfectamente lo que sucedería: Ninguno de los dos dormiría bajo las sábanas mugrientas. Encendí el ventilador que me había llevado de casa y ambos nos arrojamos sobre nuestras limpias toallas. Esa fue la primera vez en mi vida que dormí sin taparme. Y también, que lo hice junto a la hermana de ella. Nuestro próximo destino, Bilbao, aún vislumbrábase bastante distante.
Tiempos majareta
El Loco llegó por la mañana con su auto echando ruidos de todo tipo y estilo. Parecia que un conjunto de tuercas y piezas se le hubiesen soltado al unísono. Al auto. A él también. Gran personaje, gran, pensé. Mis prejuicios sobre los andaluces caóticos y análogos exiliados en Barcelona se confirmaban. Al mismo tiempo, algo me resultaba sumamente simpático en su forma de ser. Todo podía salir muy bien o muy mal. Pensando en ello salimos las dos parejitas en el auto fantástico hacia una playa que se anunciaba como un paraje idílico. Hacía calor en la ciudad, mucho calor, el asfalto hervía.
El bólido que nos acercaría a Platja Quicky tenía 14 años y era lo máximo, no requería mantenimiento y hasta aún le funcionaba el aire acondicionado. El Loco encendió la radio anunciándonos esto. La radio era él, una AM de programación continua iba a bordo y a cargo del volante. Antes de que sigamos: ¿Conoce alguno de ustedes a un andaluz emigrado? Son mas charletas que en su propia tierra, es el destino del la diáspora en la cual se exacerban las cualidades de un pueblo.
Recuerdo de que habíamos dormido muy poco. Ella, mi compañera y culpable absoluta de que estuviésemos embarcados en un auto pequeño de tres puertas sentados atrás y sin posibilidad de escapatoria, no había conseguido pegar un ojo hasta tardías horas de la madrugada, obviamente, sin dejarme dormir a mí tampoco. Los relatos del Loco, que además carecían de cualquier tipo de coherencia sintáctico-semántica-pragmática ya que saltaban de un asunto al otro sin aviso previo, sonaban en mi cabecita abrazada por el calor y las pocas horas de descanso como una voz en off con eco. La situación era seria. Hasta que por fin, por suerte o por azar, llegamos a una gasolinera en medio de la nada a cargar combustible.
El auto, luego de meterle su alimento, no quiso arrancar. La bateria nos había dejado a pie. Al mediodía el sol era rajante. Y el Loco, entró en situación de desesperación. Llamó a la grúa. Abrimos las cervezas destinadas a Platja Quicky y despegamos sin movernos de sitio. Hasta que llegó la grúa, algo se desató, nos sentimos libres por primera vez. Ruloncia, la novia del Loco, amiga de ella, por fin sonrió. Aproveché la situación y desconcertación parcial del Loco para tomarle un poco el pelo, ahondando en las innumerables bondades de poseer un gran auto como el de él. Se rompió el hielo. Y de la heladerita extraímos nuevas latas de elexir birrioso.
El encargado de la grúa se llevó el auto andando, luego de recargarlo con electricidad en menos de cuatro segundos. Nosotros tuvimos que tomar un taxi en dirección Castell de Fideuá , un sitio playero de veraneo cercano a Barcelona y lleno de compatriotas argentos, muchos yoruguas y brazucas. Del taxi saltamos al mar porque hacía un calor infernal. Además las cervezas pujaban por salir. Nada mejor que estrellarse embebido contra el Mar Mediterraneo a las dos de la tarde en pleno verano.
¿Cómo explicarle a ella de que, aún si el top-less es lo más común del mundo hoy en día, un hombre no puede dejar de verle las tetas a todas las minas de la playa que se le crucen por la mirada, sean lindas, feas, grandes, chicas, caídas, bronceadas o de película porno? Los anteojos de sol, unos buenos Ray Ban que nos cubran la mirada de lado a lado, son una solución parcial, porque es más fácil disimular. Inevitable es dejar pasar de largo a las vecinas que van y vienen.
La suerte también era un bien que se equilibraba y neutralizaba el efecto top-less: En el taxi el Loco había logrado reactivar si hiperkinetismo verbal, llevándolo a limites aún más elevados. Él era admirador del África, pero enemigo de las supersticiones, de las religiones pero no del misticismo y amante de la gente simple y que no se encontraba más en Europa, dominada por la técnica, área que el menospreciaba en extremo. Es por eso de que el no usaba al ordenador más que como máquina de escribir, ni era afín al internet ni al email, ni comunidades sociales ni al sms ni a la música digital. Obviamente lo suyo era el arte en todas sus facetas porque hacía de todo. Y nada. Porque no conseguía darle forma a ninguna actividad. El escritor, guionista, fotógrafo, cineasta, actor, poeta, surfista, viajero explorador aventurero, y buzo de río con desembocadura en delta, estaba empero dispuesto a cambiar. Eramos hoy testigos de todas sus últimas reflexiones antes del accionar inminente. Estábamos presenciando un momento histórico.
No sé si fueron las cantidades de cerveza, o el porro asesino, o si fue el efecto anestésico de las tetas de todas esas mujeres juntas en la playa, o si fueron los rezos de ella y míos, o si fue la influencia de su novia Ruloncia que se quedó planchada sobre la arena a su lado, pero el Loco por fin se durmió. Y nos brindó los primeros momentos de paz del día. En puntas de pié para asegurarse de no despertarlo, nos escapamos hacia otra playa, tomando un tren antes, no sea cosa, de que se le ocurriese buscarnos. Nunca llegamos a la Platja Quicky, pero nunca me alegré tanto de que algo hubiese salido mal.
La banda
La banda por fín salió al escenario. Se habían hecho esperar quizás un instante más de lo tolerable. Todo parecía milimetricamente pensado. Ellos habían sido más que famosos, profesionales y cualitativamente de lo mejor del mundo. Aún lo eran. Habían vuelto. El estallido del público posterior a la tensión por impaciencia contenida provocó un sonido de grito uniforme, casi homogéneo.
Los vientos aparecieron primero, luego fueron los integrantes mas superfluos los que le siguieron. Apareció por fin el bajista haciendo morisquetas de payasín desenfrenadas y luego se presentó el cantor con un gesto que no se decidía si debía ser de rockero o de intérprete de corte romanticón. Fui feliz hasta ese instante. Ya con los primeros tonos noté de que algo no andaba bien. ¿Qué era? ¿La calidad del sonido? ¿La mezcla? ¿Los ánimos de los músicos? ¿O era yo víctima de mi propia percepción?
La miré a ella en busca de comprensión pero recién luego del show conseguimos hablar al respecto. Era evidente de que algo había cambiado y de que estaba asistiendo sin saberlo a un punto de inflexión en mi vida. El segundo viaje a Londres con ella definitivamente lo era.
* * *
Algún día se me ocurrió pensar de que toda época tiene un principio y un fin. Las etapas se queman. Pasó el tiempo y esta convicción se fue diluyendo, perdió peso. Volví hacia atrás sin hacerlo. Allí me dí cuenta de que no conseguía dejar de proyectar. Todo lo que me rodeaba era aquello que me iba pasando a mí. Mis conclusiones eran para el afuera y los demás, en ellas evaluaba lo que yo iba procesando. Me gustás porque ahora estoy en esto, como vos. Estás viejos para eso, hay que aceptar de que se le pasó su cuarto de hora. Toma demasiado, fuma de más. No es creativo, no tiene onda. Es demasiado negativo en sus reflexiones. Esta chica peca de optimismo. Todo lo que estaba por fuera de mí, sobraba.
* * *
La excusa perfecta para hacer el viaje, determinar el destino y la fecha, había sido el concierto. Hace tiempo de que no conseguíamos despegarnos de Berlín. Cada intento por salir de la ciudad, fallaba. No nos daban los números. No nos daban los tiempos por entregas. La corrección. Una entrega de proyecto. Un cliente. Un evento. Una pelea desmotivante. Por algún motivo, el presente nos frenaba constantemente.
Cuando el avión despegó, sentí alivio, paz y tranquilidad. Aquellos días en Londres fueron una extensión del estado de levitación que nos fue invadiendo, sin pecar por ello de estupiditis vacacional: El ojo crítico no se cerraba tan solo porque uno podía desconectarse. Más bien, ella y yo pudimos gozar, relajarnos y criticar mucho más libremente que en nuestro encierro berlinés. La distancia ejercía su efecto liberador.
* * *
Lo ví a Finlondio mucho más que pasado de copas un día despues de lo acordado. Nos invitó al club que dirije para su cumpleaños pero faltó a la cita. Antes el no era así, cuidaba más estos detalles. La noche siguiente, cuando volvíamos al hotel, de casualidad nos bajamos en Notting Hill Gate, y lo ví en la puerta del sitio. Charlamos brevemente. El grado etílico de su sangre casi no le permitió reconocerme. ¿O habrá sido mi barba que lo confundió? Sus ojos eran un carrusel. El final de su relación parecía haberlo dejado desequilibrado. El, mientras tanto, disfrutaba del vaivén. En la angustia del blanco de su mirada divisé también placer.
* * *
Ya no consigo tomar como antes y divertirme. Me aburro de mí y de los demás cuando beben. Las borracheras me producen cierto rechazo. Un amigo me dijo de que eso siempre depende de con quién se comparten las borracheras. Comparto su opinión, pero de todas maneras hay un parámetro común en todo acto social de alcoholización. Y ese quizás sea yo: Me aburre la libertad que percibo como fingida. Más aun si noto de que nada ha cambiado ni cambiará. Creo de que me aburre el perpetuum mobile.
* * *
Ella ya dejó de ser un incógnita en mi vida. Ahora es bien real. Como el viaje, como Londres, sus sitios, sus esquinas, todo aquello que antes me interesaba pero no llegaba a comprender y casi me superaba. Disimulaba poniendome en pose cool con frases ambiguas. Ahora lo he compartido con ella, disfrutado, entendido – y un poco sí, es verdad, he perdido la fascinación. Así y todo noto de que el vertigo que antes me proveía placeres, ya no lo hace, porque cambié, porque somos otros, porque la búsqueda pasa por otro lado, aún muchas veces sin definirse, sin saber hacia donde arrancar, pero la pregunta está ahí. Se abre una nueva era.
La banda desde el escenario se despide. Con cariño alzo mis brazos, ella tambien. Adiós, hasta siempre, pienso. Y siento que la presión cede porque lo peor ya ha pasado.
¿Exorcisando un destino?
“El mejor viaje es el que nunca haremos”
D.S.S.
Hace calor acá junto al Mediterráneo cuando en mi ciudad de origen adoptado ya hace frío. Los fantasmas se mueven como elevados por el vapor de la temperatura ambiental. Son sábanas que flotan. La ciudad en sí es oscura. Gótico, Borne, Barceloneta, Raval. Las afueras son bastante áridas, de edificación nueva sin ningún tipo de caracter que permita sentirse a gusto o incómodo. Mi pié derecho, introducido en la piscina, se mueve de adentro para afuera, columpiándose en una especie de indecisión. ¿La estoy pasando bien o no? El sol me abraza, la música lounge del ipod es una mecedora. Por un instante, estoy bien. Es eso nomás. Tumbado en la periferia.
Peleamos. Llegué y estabas demasiado lejana para mis carencias afectivas. ¿Porqué siempre crees que soy tan fuerte? Ella no crée, ella es ella, autentica. Sos así y punto. Me cuesta tomar decisiones cuando es tan dispar la persona con la que estoy. No creo que pueda aprender a llevarlo. Así y todo, estoy con vos. Ella es tan mía, es tan yo, que sé de que el conflicto se me genera a mí. Ella es detonador nada más. Aquella idea me retumba como eco desde hace tiempo.
Pienso de que soy el tipo de persona que estaría mejor solo en vez de tener pareja. Y sin embargo siempre me he sentido completo recién cuando estuve en una relación. Quizás por eso mismo está claro de que debería no comprometerme nunca más, olvidarme de ese precepto moral de nuestras sociedades. En fin, no pretendamos ser superheroes con nosotros mismos y también aceptemos: ¿cuán libres podemos llegar a ser de todo lo que nos hizo individuos?
* * *
Con ella, con la anterior, y con la anterior a la anterior siempre me costó vincularme con sus amistades. Cada vez se me ha ido haciendo menos dificil, porque tal vez con el paso del tiempo y los tropiezos he aprendido a elegirlas mejor. Ahora hasta hemos construído amistades conjuntas, introducidas por ella, pero redefinidas como amigos de los dos.
Como de costumbre, no faltan los amigos de ella que me sacan de libreto totalmente. Pero no son ellos, sos vos, es ella que se hace a un lado y deja que colisionemos. Yo te cuido, de la gente que pueda lastimarte. Tan solo te pido de que vos lo hagas conmigo tambien. Pero yo se de que vos sos así, y de que la antelación de situaciones no es tu fuerte. No me gusta hacerme listas, pero este item va de lleno a la columna del debe del registro contable y se me incrusta profundísimo en la desconfianza.
Quiero ver las cosas positivas, concentrarme en ellas, pero ¿qué se hace cuando los disgustos y las amenazas no nos dejan hacerlo porque lo invaden todo?
* * *
Soy marido sin título en casa de suegros. Acá no somos amantes. Quiero hacer el amor cuando hace calor. Tengo que tenerte comprensión y paciencia. Estos pocos días son demasiado para tu breve tiempo. La mujer saturada, empero, lo es siempre: Acá y allá. Deseo quererte como sos pero no puedo conmigo y hacer la vista gorda de que tu problema es la incapacidad de medir (tiempos, gastos, afectos) para mí sería como enganarme. Lucho con la imagen de mi gurú proyectada sobre la pared como una sombra que me habla y me dice “Geduld (paciencia), Cristobal, Geduld…”.
¿Pero desde cuando las sombras hablan? Boca arriba desde la cama veo a un holograma virtual bidimensional mover los labios y pienso de que todo esto ha comenzado a afectarme las facultades mentales. Está claro de que la situación esta sacando a relucir mi talón de aquiles. La homeopatía podría curarlo. Me cuesta esperar cuando aún no sé ni confío en ello del todo.
* * *
Las librerías son un paraíso. El periódico y el cortado un gran placer cotidiano. Luego de una semana se va perdiendo la poética de aquello que creemos echar de menos cuando no estamos de viaje. Hace calor, hay sol, y hay muchas cosas más que me gustan. Por lo menos hice las paces con Barcelona y sé de que ella no es la causante de ninguna de mis angustias sino que ella lo es, es decir: vos. En pocas palabras: yo, porque vos sos ella pero no la urbe. Y en el fondo todo lo que me sucede, me pasa a mi y nada más que a mí. ¿Llegaré algún día a poder gozar con vos de esta ciudad en paz y armonía?
HAVE YOU EVER SQUATTED AN AIRPORT?
Pues yo tampoco, para qué te voy a contar otra cosa.
Fue una de esas vivencias que cuentas a los amigos cuando vuelves de vacaciones, para que vean lo loco, loco pero superloco que es vivir en Berlín (hey, estoy siendo sarcástico), para que se jodan por haberse quedado a vivir a doscientos metros de los padres. Bastante me joden ellos con sus matrimonios, sus hijos, sus curros de ocho a cinco. Y luego comentan “ay, lo que daría yo por ser freelance como tú, marcarme mi propio ritmo y hacer vacaciones cuando me viniera en gana…” Lo dicho, a los amigos los jodes o te joden. Pero esa es otra historia para otro artículo.
Espera que me sitúe. Estábamos en el sábado, 20 de Junio, a las 15:00 de la tarde, en la confluencia de la Hermannstr. con la Sigfriedstr. Allá que aparecen también Anne y su amiga Arantza. Huy que día más bueno, qué jóvenes son todos. Kundgebung para condenar la demora y las propuestas sobre qué hacer con el areal (que más parece una subasta al mejor postor que una toma de decisión), para condenar una vez más la Gentrifizierung del barrio y para apelar al sentido común de los policías “Dejad vuestros trabajos, quitaos el uniforme y uníos a la manifestación. Aún podéis hacer algo de provecho en vuestras vidas”. Ja, ja, ja. Me di la vuelta para ver si alguno se quitaba el casco pero nada. Hasta ahí podía llegar el Vernunft.
Después de recordarnos una vez más que se trataba de una manifestación pacífica y que el objetivo era el aeropuerto, no la violencia, partimos todos a recorrer la Hermannstr en dirección aeropuerto. A 100 metros nos esperaba la primera barricada de furgonetas y hombres de verde, a 200 metros la segunda. Nos aderezan con pimienta y seguimos entre carreras detrás de nuestra banderita. Coño, que carrera. La juerga de la noche anterior pasó factura. Escarceos, caos, más pimienta, tambores, clowns, hasta que terminamos encajonados en el Columbiadamm, sin saber si nos arrearían primero los violentos a nuestra izquierda o nos regarían los violentos a nuestra derecha. Horas de ver cómo se llevaban detenida a gente de forma indiscriminada y de ayudar con agua a los que habían recibido el chorrito picante en la cara.
Quién inventará esas cosas tan cabronas como el Pfefferspray o el Teaser? Para mi gusto, le dan a la violencia un je non se quoi que no tenían los porrazos ni las pelotas de goma. Es como elevar la brutalidad a la acción quirúrgica. Fshhhhhh, bzzzzzzz y listo. ¿Qué será lo siguiente que inventen los doctores locos?
¿Violencia? Yo sólo vi un grupo bien numeroso de violentos, vestidos de Robocop, que fueron los únicos que lograron ocupar esa campa inmensa y vacía rodeada de alambre NATO. Me remito a las fotos posteadas en los numerosos blogs sobre el tema.
Hasta a los payasos se llevaron detenidos. Pfefferspray contra la bocina de Harpo Marx. ¿Hay algo más surrealista?
Horas y horas de andar de aquí para allá, sacar fotos y convencernos de lo inevitable: la cosa iba a quedar en tablas frente a los 1.500 Freunde und Helfer.
Estas son las cosas de este país que te dejan pensando si te están tomando el pelo.
Lo mejor fueron las noticias del día siguiente, con continuas alusiones a los Linksradikalen y a la Eskalation. Claro, luego oyen estas cosas en Bayern y se creen que aquí somos todos Chaoten. ¡Um Gottes Willen! (Um Gott’s Buin). Bueno, si queréis saber qué es Eskalation, leed las noticias internacionales en la prensa. Esto no pasó de represión y mareo de la perdiz.
Para la siguiente, yo quiero unirme a la Clown Army, ¡¡mec mec!!
Crónicas Marcianas en Aragón
Apoyé la cabeza contra el ventanal del bus para poder ver mejor el paisaje, evitando al reflejo que generaba el sol sobre el vidrio. El desierto se extendía con su color gris pálido. De a momentos asomaban algunas elevaciones redondeadas que parecían moldeadas adrede por algún artista plástico. La magra vegetación se reducía a una serie irregular de pastos duros aislados que se asemejaban a los píxeles oscuros que detentan las pantallas planas de las PCs cuando empiezan a fallar. Mi mente fue remitida hacia la novela de retro-ciencia ficción “Crónicas Marcianas”. Me supuse ser un personaje de Ray Bradbury.
Sin saber muy bien porqué, los ojos se me fueron cerrando. Los sonidos de música ambient que provenían del ipod realizaban la tarea de una mecedora. Me invadió, por primera vez desde que pisé la Península Ibérica, una sensación de libertad y amplitud: No se divisaban vestigios civilizatorios por ningún lado. Si bien yo me había resignado a encontrar este tipo de oasis en Espana, Cataluna o lo que fuese, ahí estaba Aragón exentiediéndose a lo ancho frente a mí.
Desperté con un leve dolor de cabeza en el momento en que el bus se detuvo. Recuerdo de que el conductor discutía con algunos pasajeros y de la parte trasera del vehículo salía un vasta nube de vapor. Observé que un grupusculo de tres o cuatro personas comenzó a internase por el desierto en dirección noreste. A lo lejos se veía algo así como una aldea que se alzaba al pié de una de esas elevaciones aerodinámicas.
Como la presión que aquejaban a mi cabecita no cedía, decidí despertarla a ella, sentada a mi lado junto al pasillo, para pedirle permiso y salir a tomar aire fresco. Con tan solo bajar, sentí la tremenda fuerza de los vientos huracanados y temí ser expulsado por los aires como un barrilete.
- Este viento es normal por aquí – me dijo una persona que fumaba unos Fortuna apoyado sobre el bus.
- Ya lo veo – le dije – Es usted de por aquí?
- De aquí nomás, crecido y nacido aquí mismo en Aragón – y continuó haciendo una pausa intermedia – Este desierto, se cuenta, en otras épocas fue un mar, ahora estamos justamente sobre el suelo del mismo.
Una puteada de esas bien ibéricas del condutor me distrajo de golpe, como por la fuerza del impacto que generó a mis oídos. Estaba sumergido por dentro de una cajuela que, supuse, era el acceso al motor. Seguía saliendo vapor o humo del mismo. Un pasajero a su lado quiso asistirlo pero el chofer se negó, aludiendo, nuevamente, a su tan particular léxico y tonada estilo roble rústico , aquel que forzosamente distingue a los hispanoparlantes del Viejo Continente.
Miré por las vetanillas hacia el interior del bus como buscándola a ella. Buscaba complicidad frente a la violenta forma de expresarse espanola. Ella me entendía perfectamente, no era de allá. Solía intentar tranquilizarme diciéndome de que era normal, que esa era la forma común y corriente de cómo se trataba todo el mundo en ese país. Y yo contestaba siempre lo mismo, que por eso yo nunca podría vivir allí, y que, de todas maneras, yo había conocido un par de excepciones. Mi respuesta concluía en la constatación de que en el mundo hay un 90% de estúpidos y un 10% que vale la pena. Lo importante, para mí, era ir buscándolo y descubriendo países en los cuales el porcentaje fuese mayor, ya que el 10% era un promedio mundial que no reflejaba una repartición igual de los porcentajes por países. Los había mas cercanos al 100% y algunos pocos que ejercían contrapeso. La gran pregunta era siempre en dónde uno estaba parado.
Al concluir la idea, me percaté de que había comenzado a caminar mientras pensaba, alejádome del bus. A una distancia de 50 metros lo ví explotar, volándo por los aires en mil pedazos. Se convirtió en una bola de fuego.
Mi cara ardía. Y ella me tocó la frente cuando abrí los ojos.
- Tienes fiebre, amor , toma un poco de agua.
Seguí durmiendo pero ya nunca pude recuperar la trama de aquel sueno.
El llanero catalá
- Sempre andaván, mai morirem!
- Mol be, mol be, Cristobal, pero deja por favor de repetir una y otra vez ese dicho en catalán cada vez que pasamos por una rotonda y seguimos recto – le rogó ella.
Beltrán, desde el asiento de acompanante, miraba sin decir nada. Como de costumbre se mantenía al margen de la situación, contemplativo. Quien no lo conoce, desconfía de él por aquella actitud extremadamente reservada. Pero Cristobal Colgón había hecho migas muy rápidamente con aquel personaje uruguayo de exportación de los anos ’80 y sabía que esa era simplemente su respetuosa forma de ser.
La autopista a la altura de la Costa Brava, pasando Lloret de Mar, se convertía en un sinuoso camino de montana. El auto de alquiler se movía entre innumerables serpentinas que no hacía más que enredar todo lo que ya estaba ensortijado entre sí. La casa era caldo de cultivo para todo tipo de conflictos. Y como un virus camuflado, de a poco habían ido avanzando las legiones navidenas de encuentros y desencuentros del grupo humano allí reunido.
* * *
Polonio Rambowitsch fue el primero en caer en el banquito de los acusados. La guerra en Uganda lo había marcado. Y si bien era un tipo extremadamente solidario, el instinto de lucha y supervivencia hacía de él un ser que sufría de desconectes abruptos con su entorno, como si la vida, de repente, se tratase de aquella misión que había llevado en la selva junto al Lago Victoria: Era él contra el mundo, las milicias contrarias pisándole los talones, las fieras de la selva y su mochila pesándole más de lo que un ser en estado normal podía cargar.
Había muerto misteriosamente Cachila, la gata que había llevado ella al viaje. La habían encontrado en el jardín de la casa por la noche con una rama estacada en el estómago luego de haber estado buscándola durante todo el día. El grupo de amigos estaba conmocionado. El jóven Rambowitsch era el primer sospechoso ya que la gata se había comido sus milanesas aquel último mediodía. Y, según lo había aclarado el veterano de guerra, con él se podía hacer lo que fuese, pero jamás permitiría a nadie meterse con sus escalopados manjares, por nada en la vida, el las defendería siempre a vida o muerte.
* * *
Quizás los hechos confirmaban las hipotesis sobre homocidio. Quizás no. A la manana siguiente al crimen mascótico, Polonio Rambowitsch fue el primero en salir de excursión con su auto. Partió antes de que los demás despertasen sin dejar nota alguna. Su novia, Patatla Brahba, fue con él. Ella sí dejó un mensaje: “Fuimos a visitar los pueblos de los alrededores, no nos esperen para comer.”
Beltrán propuso al resto del grupo tener una charla para poder tomar decisiones. Luego de casi 90 minutos, decidieron utilizar los dos autos restantes para salir de paseo hacia Girona. En media hora llegaron a destino y allí cada cual se perdió por su lado. Esto no era lo que habían acordado antes de salir. Pero la dinámica real era la que prevalecía por encima de las convenciones verbales. Esta incoordinación grupal era una constante más que un error casual.
A la hora acordada para regresar, sorpresivamente, todos aparecieron de forma puntual en el sitio acordado. Una hora más tarde, Gianina, la novia de Robotekki, no había vuelto. Luego de dos horas sin noticias empezaron a preocuparse. Por fin, Robotekki rompió el silencio contándonos con ojos vidriosos por las lagrimas contenidas de que ella quizás no volvería con ellos: Esa tarde, en un café, se había separado. Él jamás pensó de que ella partiría directamente luego de la conversación. Aparentemente lo había hecho. Todos nos miramos. Sospechas de todo tipo sobrevolaban el ambiente. Alguien, a manera de chiste, hizo alusión a la presencia de un asesino en el grupo que ya había cobrado dos víctimas. Todos rieron. Pero por la noche muchos trancarían las puertas de su habitación.
* * *
Achacarle actitudes tacanas a Codornicio era como acusar de “chupasangre” a un mosquito: No era su culpa – la del mosquito – seguir sus más simples instintos. Codornicio, según lo que él mismo sostenía, era en el zodíaco australiano un mosquito. Según la tradición maorí, nos explicó, las personas nacidas el día 29 de febrero, como él, y de tendencia politico-económica liberal, eran un signo aparte.
- Un punto y aparte – sostuvo Superguacho – Yo no te banco más con esa postura, acá hay cosas que son de sentido común y a vos se le va la mano…
- Sí – acotó Beltrán – yo lo veo como vos, pero igual si alguien no desea cambiar, nadie puede hacerlo que modifique sus actitudes.
La charla en el auto era un vaivén de curvas. Superguacho acomodó su sombrero de Cowboy mirándose en el espejo retrovisor y una vez más pensó en la inutilidad del diálogo entre las personas. La barba le había crecido considerablemente desde su llegada a la Península Ibérica.
Besó de improvisto a ella, pinchándola un poco con sus pelos faciales. Y, fijando la mirada hacia el exterior le pareció, por un instante, ver dibujado en el paisaje a uno de esos personajes secundarios de historieta que poblaron su infancia: Al Llanero Solitario montando su corcel.
La Duda
Ya no recuerdo muy bien qué es lo último que le he contado a mis amigos. Todo pasa a veces tan rápido y de manera desordenada. Los viajes fueron acumulandose, las vistas, los placeres también, las peleas y diferencias obviamente que no desaparecieron nunca. Se acerca el día y aumenta la duda. La cuenta regresiva es un tic-tac que todos conocemos. La duda se va posando sobre la alegría como esa membrana que es la enfermedad de cataratas. No hay vuelta atrás, y sin embargo, lo que se viene no tiene porque ser magnificado: Lo que es, es, y lo que no, se termina, así de simple.
Siempre le temo a los procesos más que a los resultados. Porque vivimos inmersos en ellos, y porque igual despues nadie se acuerda del desenlace sino que lo que pervive es la sensacion y el sabor que nos ha dejado haber vivido algo. Eso me pasa tambien con los libros, las peliculas, los momentos que comparto con gente, los viajes, todos esos viajes que he hecho sin saber porque los voy realizando. Ahora el viaje es en mi ciudad, ella viene, pronto, con pasaje de ida nada más. Me debería estar muriendo de felicidad. Y lo estoy. Pero me da un cagaso enorme todo.
Si me encuentran en un momento de sinceridad y borrachera, como anoche, seguramente les dire de que este es un partido perdido de antemano. Esa es mis sensación. Todos los que conocen al deporte, saben a qué me refiero. Se vienen tiempos de remar contra la corriente, la propia y la de ella. Seremos recompensados?
Me pregunto si no sería más facil hacerse las cosas más simples, buscarse una ella en la misma ciudad, que ya no sería más ella sino que otra – pero jamás la otra porque no tengo interés de llevar vidas paralelas.
“Tu viaje ya ha empezado” (nuevamente), diría una y otra vez en estas situaciones un viejo y queridismo amigo que ha emigrado para estar con su nueva mujer desde el país hegemónico del norte al finito transandino al sur. Y es verdad, hace tiempo que los horarios libres son admistrados en función de preparativos. “La casa está en orden” dijo De la Rua antes de que le volteasen el gobierno en el 2001. O fue otro el que lo dijo?
Lo importante no es el orden, lo importante es, como dijo mi otro amigo, el Joven Espuma, seguir el rumbo de uno, aún si el rumbo no tiene finalidad, si no nos mantenemos fieles a nuestro deseo, nada puede funcionar. Amar es saber brindarse, pero antes de eso, es aceptar y aceptarse.
La rosa en el témpano
- I –
La rosa en el témpano
se ve bonita se ve (capicúa)
por lo menos para mí
y ahí, la veo posar
sin poder moverse por matenerse
congelada pero intacta
temerosa de salir, dejar pasar el tiempo y aceptar su naturaleza
aferrandose a su coraza helada
quizás por pereza
quizás por algo más,
quizás por nada.
(Ella nada, con brazos y piernas casi como una sirena).
- II –
La rosa en el témpano
no puede ser tocada
ni arrancada de su morada,
no se permite a pleno sentir
tampoco no lo quiere presentir
y se deja regar con ron, whiskie o cerveza
su alimento natural
sumado a algo de canibalismo floral: hierbas marijuaneras,
evadiendo cuando como todos
necesitamos a algo escaparle,
eso que no toleramos pero no conseguimos superar
porque no somos hegelianos
ni la dialectica es la realidad, quizas teoría,
quizás deseo de alguien más (ajeno, ¿mió?)
pero hay que enfrentarse
a lo que nos tocó ser,
aceptarse,
alegrarse,
demprimirse,
ser.
(Ella todavía no lo sabe, ser es un deber: My pencil is red, Miss Harriet).
- III -
La rosa en el témpano
viaja por los mares helados
dejándose llevar por la marea que la rodea,
rogando por no ser llevada hacia aguas más templadas
que pondrían en peligro un tanto
el resguardo de su manto
su encanto
y no reconoce, de que aunque lo pierda un tanto
porque el reloj es inevitable,
sostener las agujas es agotador
y sino, preguntenle a otro que le escapa al calor:
Walt Disney.
(Ella paró al ratón, lo tenía dormido, hasta que le pasé un libro con contenido, erótico).
- IV -
La Rosa en el témpano
sabe que está encerrada
y que cuando decida salir,
si es que se decide,
la naturaleza está al acecho
y sin tomarselo demasiado a pecho
siempre existe el peligro al despecho
la posibilidad de perder el techo
a quedar maltrecho
pero muchas cosas más: buenas, excitantes, intensas, placenteras tambien
y que aunque siempre estén predestinadas a fracasar
porque así es amar,
hoy en el Siglo XXI
y casi el XXV de Buck Rogers también lo será
todo acabará
tarde o temprano, o como dice mi hermano:
agarrámela con la mano!
(Ella duerme eternamente mientras se desliza hacia un sueno rosado, a lo lejos, que nunca alcanzará, quizá, o si, tal vez, ojalá, quién sabe, cuantas dudas…).
El viaje que no fue
Ella partió exactamente cuando empezó la primavera en Berlín, es decir, ayer, el primer día en que comenzó el buen tiempo en la ciudad. Luego de despedirla y de camino de regreso a casa desde el aeropuerto, aun con el sabor amargo en la boca por el cansancio de casi no haber dormido la útima noche y también por la melancolía de la despedida en sí, recordé aquel libro de Luis Sepúlveda que se titula “Destiempos”. Todo era tan obvio: Estabamos de alguna manera des-sincronizados, entre nosotros y con el clima. No haber podido viajar a la costa lo sentía de alguna forma como una pequena derrota, aún si aquellos días sirvieron para pasarla placenteramente, en soledad de a dos y en absoluta paz en Berlín. Aquel último período había además alterado todo mi juicio, sensaciones y sentimientos. Si bien antes yo había quedado convencido, luego de una semana de convivencia, de que definitivamente no compatibilizabamos, algo cambió repentinamente, en ambos o entre los dos. Sobre el final de la estadía bajamos las armas y sintonizamos de maravillas.
Llegando a casa me cruce en la calle con al ex-novia de Superguacho. Como ambos estabamos en ánimos reflexivos y con muy pocas ganas de meternos en un sitio cerrado, fuimos a tomar un cafecito a un bar con vista al parque. Las mesas en la vereda eran una propuesta más que atrayente. Sin habernos siquiera sentado, Bobina disparó la primer frase: Si Superguacho hubiese accedido a tener un perro conmigo (es decir: con ella), dijo, todo hubiese sido diferente, aún estaríamos juntos. Un perro batata pasaba a nuestro lado acompanando a un dueno con cara de tonto. No dije nada y esta chica siguió exponiendo. Al rato nos trajeron los cafés y luego pagamos.
- A dónde vas ahora – me pregunto Bobina luego de despedirnos
- No sé, a ningún lado, y vos qué haces? – le respondí
- No voy a ninguna parte, te tomás un cocktail?
- Dale – le dije sin estar demasiado convencido de si quería ir o no.
Una camarera con marcada expresión en su rostro de atrevida nos sirvió dos copas suntuosas muy coloridas y con pinta de Carmen Miranda disfrazada de vaso. Justo antes de agradecerle la atención a la chica del servicio, ví pasar a mi lado a Pantuflo con una chica. Se sentaron al lado de nosotoros. Tardó un rato en darse cuenta de nuestra presencia. Las casualidades de los encuentros son así, a destiempo también. Nuevamente me acordé del libro del autor chileno.
Pantuflo no tuvo alternativa y nos presetó a Perejila, su acompanante ocasional. No logré darme cuenta de si era una simple amiga, una amante o su alumna en hora de consulta extracurricular. Lo último que había sabido de Pantuflo es que estaba de novio con una chica que se había ido a vivir a Istanbul, una turquita piola y obediente que retornaba a sus pagos. Nuevamente pensé en los destiempos. Obviamente no le pregunté a Pantuflo por su novia. Bobina empero sí lo hizo, en uno de esos actos de maldad típico de las mujeres cuando se creen solidarias e identificadas con las potenciales cornudas. Por suerte Perejila no entendía bien el castellano y no captó la pregunta. Pantuflo tampoco la contestó.
Luego de un par de tragos, Bobina me invitó a fumar un canito de hierbas a su casa. Le aradecí y le expliqué que la época de los petardos se me había pasado. El día cerraba de noche, y la noche no hacía más que reflejar el espíritu del viaje con ella.
Ánimos distendidos
“Ella vendrá”
Palo Pandolfo
Cuando ayer me encontré con mi amigo Superguacho a tomar un trago por la noche, me expresó de que estaba cansado, deprimido y con las baterías muy bajas. Más bien me transmitió algo así como que estaba sumergido en un ánimo melancólico y no sabía muy bien porqué. Recuerdo perfectamente que a medida que me iba describiendo su estado, yo me fui mimatizando con él y retorne a mi casa exausto, sintiendome al borde inferior de mis energías, pensando en que quizás me enfermaría y sin saber muy bien cual era el sentido de mi existencia. Terminé el día inmerso en las sábanas como un zapo depresivo que se refuigia en su pozo y prefiere la osucridad a los charcos frescos de un día de lluvia.
Hoy me desperté más cansado aún que ayer, dormí muy poco, y el cuerpo me dolía al abrir los ojos. Sin embargo, esa sensación con la que me había dormido la noche anterior, se había evaporado. De manera misteriosa me sentía bien, de ánimos distendidos. La jornada laboral se presentó cargada de tareas, pero las asumí con gusto. Me sentí emprendedor una vez más y contento con el espíritu que me invadía. Creo que hasta pude contagiar a mis colegas, irradándolo.
En medio del día apareció entonces un correo electrónico de ella. Sí, ella, de la que les he contado ultimamente varia veces, ella, la de los encuentros en mis viajes. En su email ella anunciaba que vendría de visita por una temporada a quedarse conmigo. Fue en este instante que me dí cuenta de que los viajes también pueden hacerse sin salir del sitio en que pasamos nuestra rutinaria y cotidiana vida. Quedarse, a veces, puede ser transportarse también. Y como andaba de ánimos distendidos, me alegré y se lo hice saber. Por algún motivo, no me surgía ningún planteo ni me invadía ninguna paranoia.
El día esta gris, afuera llovió, nevó, y la oficina era una caldera de nervios y acción. El deficit de horas de sueno ha aumentado. El trabajo fue furibundo. Y así y todo hoy me siento liviano, levemente alegre, despreocupado. Estar siemnpre de viaje parece ser una buena receta angosajona: Ellos lo llaman pragmatismo. Hoy más que nunca se lo que es el pragmatismo anímico como estado en la mente y el cuerpo. Sería genial poder averiguar cuales son los factores que lo provocan… Ven que ya se me esta yendo la visión positiva? Luego de sentirme bien, empiezo a precuparme por no tener la formula a mano. Los argentinos somos así, no hay vuelta que darle. “El mundo fue y será una proquería ya los sé…”
De finales, estallidos y paños que (se) enfrían
Dicen que la mala suerte viene siempre junta. Se deduce de esta lógica que lo mismo sucede con las desgracias o las despedidas. Así fue mi retorno al Viejo Continente, en escalas o, mas bien, casi como tropezando y cayendo por los escalones de un pasillo conocido. Nunca me sentí mas cercano del verdadero Cristobalito, aquel que a su vuelta al Reino de Castilla y Aragón no se sintió realmente victorioso.
La partida de mi tierra natal, allá por las Pampas Húmedas y junto al Río de la Plata, fue dificil, netamente marcada por una doble despedida: la de mi madre enferma de un cáncer terminal y la de mis abuelos ya demasiado viejitos para aguantar hasta mi próxima visita. Yo sabía – y sé – de que la siguiente vez que vaya todo será por primera vez en mi vida diferente a como fue la constelación familiar que me acompanó durante toda la existencia. Buenos Aires ya no será la misma sin ellos. Estando yo en esos ánimos convulsos y signados por el dolor, aterricé en Madrid. De ahí desvié mi rumbo hacia Barcelona para verme unos días con ella y recargar así energías antes de seguir viaje a Berlín.
Déjenme aclarar que la comunicación con ella durante mi estadía en Argentina había sido bastante fluída, regular, de tono muy ameno, cálido y, hasta me atrevería a decir, muy contenedora por su parte. Algo había cambiado. Y de eso me terminé de dar cuenta cuando desembarqué medio averiado por la ciudad mediterranea. Dicen que la intensidad genera miedos, y en medio de un ataque de pánico de ella quizás, todo pareció derrumbarse la última noche. Aquel “día siguiente para reconciliaciones físicas” esta vez no existía porque yo partí mirando el suelo de la ciudad hasta subirme al avión de Easyjet.
Berlín estaba oscura, nublada, fría, como de costumbre en invierno. Las horas de sueno que me faltaban se sentían y una vez más percibí correr por dentro aquel filo que nos atraviesa luego de cada separación. No podía entender cómo es que de un vínculo que apenas había durado algo más que 3 meses, había logrado alcanzard tal nivel de angustia equiparable al del final que experimenté con mi ultima pareja, aquella con la que estuvimos 7 anos. Evidentemente el problema estaba arraigado en mis propias carencias. Fue así como apodé para mis adentros a aquel período como “El Viaje de los Finales”. Era hora de tomar al toro por su cuernos. Y luego qué?
Conforme el tejido anímico se fue regenerando en mí, me fui sintiendo mejor. Recuerdo que llamé a mi amigo Superguacho, con el que entablamos largas charlas y por fin pudimos alcanzar un nivel de intimidad que se asemaja a una amistad. Si bien yo empezaba a sentirme mejor, había dos factores que me tenían acorralado: El no perdonarme de haberme equivocado de nuevo y una montana de cuentas sin pagar que se ocuparon de indicarme que me había desbocado economicamente una vez más en mi vida. Este último asunto no hacía otra cosa que reafirmar más aún el primero. Cristobal, una vez más tu peor enemigo habías sido vos mismo.
Quien sabe qué paso, pero tomé fuerzas de no se dónde, no se si fue de los amigos o de la bronca, o de haber dormido un poco, o de haberme enfrentado a mí mismo y haber aclarado ciertos términos, pero pude volver a retomar el contacto con ella. Todo fue diferente, claro. Los meses anteriores habían sido una inmersión en un sueno en donde uno no maneja las circunstancias. Ahora yo notaba de que me había despabilado. Y ví todo mucho más claro. Hablar con ella y contestar a su llamado me permitió cerrar la herida, en parte porque creo que yo no esaba listo para acabar aún, en parte porque necesitaba que mi orgullo se reoxigenase luego de que ella me buscase para disculparse.
Hablamos mucho, le dije todo lo que sin haberme dado cuenta antes me había callado. Por primera vez aceptó mis críticas y hasta noté, con el correr de los días, de que ella empezó a cambiar sus actitudes, no solo conmigo sino que en su propia vida cotidiana. Me sentí entonces bien, en paz. Y lejano, cada vez más distanciado. No me preocupa tanto. Sé que el enamoramiento se acabó. Mi amigo Superguacho dice que está bien aprender a no se excesivo y desnivelado. Yo siento de que algo se rompió. Mi forma de amar es extrema, mis tiempos vertiginosos. Es hora de aprender a ser diferente? Realmente quiero cambiar?
Observémonos por un segundo: Ya no pierdo la respiración con sus emails. Algunos pasajes de las conversaciones por sykpe me aburren. Antes hablabamos por telefono o por celualr por no aguantarse las ganas de conversar. No me sale ser piropero ni demasiado carinoso con ella como antes. Es estar así como estoy eso que dicen que vale la pena? What the fuck, que garrón. Habrá que acostumbrarse a que mi mamá ya no estará más, ni mis abuelos y como que sigamos así, enamorarse será un trámite. O es cuestión de encontrar la contraparte adecuada? Ella no era? No, yo se que ella no era, ella no es, lo supe desde el principio como con cada una de las chicas que luego fueron mis companeras por largo rato. Pero como dice mi amigo Superguacho, citando a su vez a su amigo Chichornik, (casi todos) siempre tenemos la habilidad de encontrar a la persona exactamente inadecuada para estar con nosotoros.
No me pregunten porqué, pero en el fondo me siento liberado, liviano, libre. Sé qué es lo que creo buscar y se que hallarlo es un desafio que en gran parte está en mí mismo. Adios vieja, adios abuelos, adios ella, la que fuiste, los que fueron. Hoy sí me pude despedir sin llorar.
Triste
Adivinen a donde me ha llevado el destino ahora? A mi tierra natal, al hemisferio en el que viven casi todos mis parientes, al sitio que es mi marco de referencia cada dia cuando me despierto: Buenos Aires. Si, aca estoy hace casi 3 semanas. Luego de haber conversado con mi amigo Superguacho, con quien finalmente luego de tantos encuentros casuales logramos entablar algo asi como una amistad en Berlin, me decidi a tomar un avion y venir.
Hoy solo les puedo contar una historia triste. Ayer estuve con mi vieja hablando largo y tendido. Luego, hoy, hable con la medica oncologa de ella, la que le trata el cancer: A mi vieja le queda entre 1 a 2 meses a maximo 4 meses de vida, quizas apenas una semana, ella aun vive porque estaba esperandome para hablar, dijo la medica. Por supuesto que estoy muy triste. Por otro lado, viendole cierto “lado positivo”, por suerte pude estar aca, pudimos hablar de todo, mejor que nunca antes en la vida y nos estamos despidiendo en paz absoluta. Yo me volvere a Berlin porque ella me dijo de que quiere que yo siga mi vida sin alterarla. Ella esta bien cuidada por su marido y su hermana: y por su autonegano tambien, ella niega su estado aunque lo conoce perfectamente y creo que por eso pudo sincerarse de la manera que lo hizo. Todavia no se si vuelva a Buenos Aires en unos meses a su entierro o lo haga luego mas tarde para visitarla en el cementerio.
Tambien ayude en estos dias a mi abuelo a cerrar el inventario de su empresa, la que manejo toda su vida y estan disolviendola a fin de mes. El ya no iba a trabajar pero iba todos los dias a sentarse, hablar y tomar cafe. La ilusion es a veces casi tan poderosa como la realidad. Como ven, fue y es importante estar en Buenos Aires ahora.
Al terminar la labor del inventario final estuvimos los dos sentados, uno al lado del otro, un rato largo, sin decirnos nada. El se quedo mirando las paredes y de repente me dijo: que lindo negocio que tuve, lo voy a extranar. Luego me dijo, y a vos tambien, seguro que esta es la ultima vez que nos vamos a ver y yo estare lucido o vivo. No pude pude llorar. Mi abuelo jamas dice estas cosas… es raro porque es todo muy triste pero a la vez es una suerte poder estar viendose para despedirse, con tiempo para decirse todo lo que uno quiere aun decirse. Eso me tiene de alguna manera tranquilo. Que tranquilidad de mierda, de mierda!
No pude evitar esta noche salir, primero solo, a recorrer la ciudad con taxi de arriba abajo, sin rumbo alguno, dejandome guiar por recuerdos y sentimientos. Luego vi a mis amigos, a ese circulo de gente tan lindo que se formo en este viaje. A ellos les debo, en parte, que hayan convertido este viaje introspectivo en una fiesta, en un ida y vuelta, en un espacio de reflexion general tan necesario.
A tres dias del regreso a las Europas, via escala de unos dias en Barcelona, me encuentro en pleno modo de “cuenta regresiva”. Entre ayer y hoy me despedi adelantadamente de mis amigos. Y ahora me di cuenta de que me queda despedirme de mi familia, en especial de mi vieja, dolente del cancer terminal, para siempre, y de mis abuelos, quizas de alguno de los dos – mi abuelo? – tambien para siempre.
Uno nunca consigue hablar y decirse todo lo que siente y quiso decirse alguna vez. Tengo la sensacion de que me quedan miles de temas abiertos con ellos. Y siento que tres noches antes de la partida a Europa, me acuesto en la cama, y ya se me caen las lagrimas como un tonto lloron (yo sino nunca lloro, nunca), el nudo en la garganta aprieta y no puedo parar de llorar. Hoy es de esas noches en las que no comprendo que hago viviendo tan lejos de aca, que hago, que hago que no lo entiendo.
Ella y la almohada
Hace dos noches que duermo abrazado a una almohada porque no pude dormir con vos. Hasta la he besado y no se si lo he hecho despierto o entre suenyos, pero he conversado con ella como si fueses vos. Dialogamos, hablamos, mucho tiempo, de todo, de mil temas, como suele ser con vos. Me he despertado feliz por sentir de que habíamos estado juntos. Porque tan solo pensar en estar cerca tuyo me invade de alegria. El enamoramiento es algo tan simple y tan placentero, tan embobado, tan real y autentico, tan exagerado, tan extremista, un momento tan puro, tan Ella – vos -, tan hermosa que me la comeria a besos y estaria dispuesto por ello a salir en los periodicos por haber cometido un delito de canibalismo (y pasar luego el resto de mi vida encerrado entre rejas).
Me voy a domir la tercer noche sin vos. Miro la almohada y aun es un objeto, aun es almohada. La observo y no se me ocurre como puedo hacerle algo de noche. La veo tan blanca y sin rostro. No es vos. Yo te quiero a vos. Con tu manera tan despreocupada y fresca de decir las cosas, con tu gesto omnipresente de pícara, de payasa a la que tan solo le falta la nariz colorada para serlo del todo, mutando de repente hacia la mujer más hermosa que conozco y que me hace creer de que soy un privilegiado – el mayor beneficiado del mundo – por poder gozar de sus besos y por poder verla indefinidamente cuando estamos juntos, cuando paseamos, cuando hacemos el amor, cuando ella duerme y yo todavía no porque me quedo observandola hasta desvanecerme.
Me encanta compartir con vos pensamientos, musica, bares, el humor, las tonteras, el silencio, el baile (aunque sea Raggaton, pero solo estando yo muy borracho, ojo!). Quiero hablar todo y de todo y todo a la vez con vos. Siento que me tropiezo de curiosidad y de las ansias de irte descubriendo porque con cada nueva faceta me gustás más aún que antes.
Me pierdo del todo cuando pienso en rozarte los pechos, tomartelos uno con cada mano, tocarte los pezones y sentir que se ponen erguidos, arrugaditos y sobresalen. Siento tus tetas duras y me encanta baboseartelas, jugar con la lengua a hacer dibujos en ellas y morderte de a poquito los pezones que son ya como dos balas calibre 38 sobresaliendo. Bajar hacia tu entrepierna es un viaje al mas allá. Besar de a poquito tu sexo es mi delirio. Sentirte mojada e ir jugando con tus pliegues, dejar que la lengua se desenvuelva sola porque ya no la controlo, que mis dedos se sumen a la intervención y que gimas como soles hacerlo me erizan los pelos de la nuca. Me encanta sentirte excitada y cuanto más lo estás, más deseoso me ponés a mi.
Entro en vos y sentir tu temperatura interna, tu piel contra la mía, tu textura, tu mirada, tus ojos, tus labios y unos dientitos que los muerden como intentando evitarlo, moverme dentro tuyo, sentirte a vos que jadeas, meter la mano por debajo para acompanyar el movimiento y sentirte llegar, quizás llegando yo tambien, quizás no, es más que un orgasmo en un sentido amplio, real o figurado, de la palabra. Es ser feliz.
Te abrazo desde atrás para que te duermas entre mis brazos, pegados el uno al otro. Beso tu tatuaje en la espalda, una y varias veces, acaricio tu pelo hacia el costado y siento como te vas relajando hasta no moverte más que para respirar. A veces también roncás. Mi almohada no lo hace pero no es vos, porque yo te quiero a vos, te quiero y te deseo, te amo, un poquito, mucho, todo lo que se puede, así a la distancia.
Segundo tiempo en Barcelona
Con el pasar del tiempo me fui dando cuenta de que mis esfuerzos donjuanescos por satisfacer sexualmente a las mujeres se relacionaban a que yo tenia certeza, de manera inconciente, claro, de que aquella era la única manera de reternerlas. Mi amigo Superguacho, siempre de un enfoque tan psicoanalitico en estos avatares, hubiese aquí hecho incapie en que yo más bien queria recuperar a mi madre ausente, aquella que nunca tuve de verdad y para la cual el rótulo de “madre” nunca paso de ser una cuestión nominal. Terminé de darme cuenta de este asunto luego de que mi amiga Martha me recomendase por celular y casi de urgencia no olvidar de hacer sentir feliz y llena a mi sopresiva amiga de Londres, aquella que había estado esperando supuestamente a Superguacho en la habitación del hotel cuando en vez de él viajé yo.
Llamé a Martha a Berlín en un momento en que la misteriosa muchacha se durmió. Salí al pasillo del hotel y le conté lo que me había sucedido. Lo único que Martha me dijo fue que las mujeres solo reconocen en su profunda sinceridad dos colores: Ser satisfechas realemente o no. Me recomendo ponerme la camiseta de la primera escuadra. Y yo le hice caso. Así es como hoy escribo en el blog desde Barcelona, porque ella, la chica de Londres, me llevó al aeropuerto de esta ciudad y volamos juntos a la bella metropolis mediterranea.
Tengamos en cuenta de que de todas maneras los acontecimientos no se dieron de manera simple. Ella ya se había ido de Londres, yo la había alcanzado hasta la estacion de tren que iba directo al aeropuerto. Cuando estaba con mis amigos londinenses y algunas de sus sensuales y tan directas amigas atorrantonas británicas tomando unas cervezas para despedir al domingo en soledad pero con un montón de chicas toquetonas, suena mi celular. Ella había perdido el vuelo. Yo podía recriminarle ahora de que le había insistido en cortar el juego sexual a tiempo esa tarde y de que ella estaba empenada en seguirlo, en que yo siguiese haciendo con y de ella lo que quisiece. Como yo opté por seguirle la corriente, supuse de que era cómplice y no tenía derecho a recordarle nada. Fue por ello que fui a buscarla a la estación de tren y nos internamos una noche más en una habitación de hotel muy hippie y snob a la vez en pleno Notting Hill.
Al día siguiente fuimos ambos juntos hasta el aeropuerto. Ella debía volver a su ciudad catalana, yo a Berlín. Pero por esas cosas del destino y de caballerosidad hicimos el check-in de ella primero y cuando nos preguntaron si ambos eramos pasajeros, alguno de los dos dijo que sí y el otro no lo negó. Pagué mi pasaje y acá estoy en Barcelona para jugar el segundo tiempo.
La idea de Superguacho me persigue, la de Martha también. Creo que cambiar de casaca y empezar a desempenarse deficientemente no sería una buena solución porque este juego me ha atrapado a mi también, mucho, demasiado. Por ello me dejo fluir, observo la cara de enamorada de ella, mi rostor de tortolito que me ensena el espejo y me convenzo de que el amor es el sexo. El amor no es mucho mejor, ni cojer es mejor que el amor, como dice Bersuit, son las dos caras de la mismisima moneda. Aunque no lo querramos reconocer. Algunos. Muchos. Todos. Madre hay una sola, y con ella nunca nos iremos a la cama.