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La leyenda de Luciérnaga y Mariposa

En un patio de barrio, se conocieron Luciérnaga y Mariposa.

Como en cada anyo y desde antanyo, las flores no abrirían sus pétalos antes del quinto día del cuarto mes.
Ni las noches serían tan cálidas para así salir de caza, a brillar y revolotear hasta el cante de un gallo.
Exhausta de tanto volar, Mariposa se quedó dormida sobre una flor y despertó desconcertada con el rocío del atardecer pegado a sus alas..

Luciénaga brilla cada noche por su presencia y cada día…
Revolotea encantadora su luz y encuentra a sus pares.
Entrada una noche, un agitado voletear le hizo titilar su rabo luminoso al mismo ritmo de su corazón nervioso.
Compartiendo las mismas hojas, se encontraron pues, Luciérnaga y Mariposa en vuelo de murciélago
y así comenzaron a danzar las noches en las noches.

Las dos se caracterizan por volar en cortos pasos largas distancias.
Van de tallo a tallo, de flor en flor, inesctos volando lentamente, arbustos, hojarasca, jardines y bosques.
En una madrugada fría, un poco menos extenuadas que curiosas se acurrucaron en una tela- aranya sin duenyos ni aranya.

Sin quererlo o sin saber que lo querían, hicieron el amor.

Una nueva especie saldría de ellos, mas seguros de que la natura no crea mosntruos, se rieron sabiéndose una subespecie o una nueva generación de híbridos.
Para „normales“ serían amantes raros y secretos.
Para „raros“, lo mas normal en terreno de amantes.
Para el amor, un cuento corto.

Las noches eran agitadas. Mariposa estaba soprendida de la vida en la oscuridad.
Luciérnaga le mostraba caminos, desvíos, curvas y espacios de la noche.
Regresaban siempre a la misma tela- aranya que no era propia, mas sí abandonada o dejada por vacaciones.
Aranya partió en busca de alimento.

Mientras dormían y sin saberlo, cada noche regresaba Aranya.
Los observaba dormir en su tela que ahora era cobijo de amantes de diferentes alas.

Terminando de petrificar una abeja, envolvió su presa y partió a paso raudo antes de que el amanecer rompiera a gritos.
Mariposa comenazó a desvelarse durante el día.
Las tareas y delicias de siempre estaban al alcance de su vuelo.

Luciérnaga ama la noche. Gozaba con Mariposa de historias milenarias y de a poco ganaba carinyo por el voleteo nervioso y rítmico de las mariposas.
El abrazo de Mariposa era amplio, cobertor y liviano.
Las pequenyas alas de Luciénaga apretaban a Mariposa contra su pecho lleno de secretos.
Mecían así sus cuerpecillos dormidos y Mariposa abriéndo un ojo, buscaba cada vez más el sol que la noche.

Eatos bichitos gozaban de amor limitado. Nada sería de larga vida.
Mariposa no halla flores durante la noche.
Luciérnaga no resiste el calor ni la luz del día.

A ellos, Aranya les cantó una nana en su ultima noche.
Pocas horas mas tarde, Mariposa amaneció con el canto estridente y virtuoso del Mirlo.
Le contó éste, que eran las cinco menos cuarto…
que descanse hasta las siete, que habrán flores a esa hora y que espere al Febo de mediodía,
pues los campos serían vastos para ella y siete generaciones.

Los amantes no se encuentran aunque se vean. O porque se ven, deben apartarse.
La hamaca tela- aranya los meció muchas noches y madrugadas en empatía, calor, pasión y risas.

Aranya ha vuelto de sus andanzas, mas gorda y mas robusta.
Llena de huevas ha encontrado su lecho despeinado y removido,
con polvos colorines de alas de mariposa, con caspas – de noche luminosas- de luciérnaga.

Nada impide que se quieran excepto la noche y el día?
O será esto sólo uno de otros (tantos) pretextos?

Mariposa y Luciérnaga no se despiden, pues no han terminado de aprender sus alfabetos.
Saben que para muchos „Normales“ son un caso raro y secreto…
y que para muchos „Raros“son una historia de lo mas normal en terreno de amantes,
de esas que no superan los límites de su propia naturaleza
ó la naturaleza indómita de sus pretextos

„Quería decirte que está todo bien“ cantó Luciérnaga por ultima vez en un amanecer, antes de esconderse en su guarida.
Mariposa no pudo responder…
Pues porque (no…) está todo bien, parte a la luz del día…

Salsipuedes o las moscas

Al despertarse estaba tendida en un banco de parque.
El sol brillaba en un cielo lechoso, era tibio, amable.
No sabía muy bien donde había pasado la noche anterior, pero recordaba que se sentó en una mesa redonda que ahí estaba, en otra esquina de la cantina, el jóven Pablo Picasso.

Cerrando los ojos y oliendo el aire profundamente repasó las imagenes mas frescas: una cabeza de oso salía de la nevera en una bandeja mientras una senyora le ofrecía una rebanada de carne.
El oso aún vivía. Movía los ojos, sonreía.
Horrorizada le pegó tres gritos, No puedes al menos comprar un animal muerto?!
Hija de tu puta madre, salvage!
- muerto?? Pobre animal! Ni loca!, contestó la loca.

Así abrió nuevamente los ojos y el sonido de los árboles a su alrededor… la brisa era cálida.
Se dejaba llevar minuto por minuto.
Todo ésto le iba dando la senyal de que no estaba en casa.

Fue levantando la mirada y esparciéndola lentamente.
Los arboles se tenyían con el sol de verdes oscuros, oro vivo, rojo púrpura, rojo tinto…
Esto es Otonyo. Qué día es hoy??
En su viejo Citizen de munyeca se leía 23 de mayo de 1967”.
Salsipuedes …paraje serrano de pais en grandes pampas.

Recordó que debería “casarse” y otras cosas..
El, de familia bien y sospechosamente conservadora… ella de familia tan reservada y con cánones tipcos de epocas deplorables… todos sabían que ha de esperarse al buen par o rey mago para romperle esa su tan íntima membrana.

Así pues, lo sedujo sigilosa y sedienta una siesta en la Facultad de Ciencias Extactas.

Comenzó un relato entre dos jóvenes amantes donde se refugiaban en siestas de encuentros voraces, tiernos y llenos de carne humana. La de ellos.
El con un tic que podría entenderse como único, manoteando el aire decía siempre: “Sus tetas y sus dos hermanas…y a mi me siguen las moscas!”
Curiosa esta locura, se dijo ella.
Igual la festejaba al igual que festejaba que él la amara.

En medio de repudios públicos contra el gobierno del general Jaun Carlos Onganía, ella percibió en cierto momento que en su amado comenzaba a cobrar forma una marcada distancia..
Es cierto que la Facultad de ciencias exactas estaba en la lista de protesta.
La tensión era irremediable. La presión, la angustia y la ira tambien.
Sin embargo y sin querer dar demasiado lugar a que éstos hechos influyesen directamente en el contacto personal e íntimo, seguían escondiéndose para untarse en besos, reírse quitándose la ropa o llevándole la mano para hacerle notar que tanto amor y deseo la humedecían como un lago ya antes del tercer beso.

Pasados los meses los cambios en las siestas de amantes eran paulatinas pero evidentes.
La despertaron una buen día movimientos “extranyos” que provenían de su lado.
Tiritaban las sábanas, la respiración de su amante era agitada, “ sus tetas y sus dos hermanas!! Me siguen las moscas!”
Estaba sonyando?
Ni bien se levantaron de aquel improvisado lecho, él le hizo saber un Viernes siestero que preferiría no verse tan a menudo, ó quizás en otros momentos del día… que los encuentros con la juventud política, los panfletos, el teatro y los librettos, el cansancio..
Ella con cabeza de amante improvisó otras horas del día y del amanecer…
las luces, los aromas, los pensamientos, el cuerpo da tantos giros durante el día… quién sabe…

Nada cambió el estado de las cosas.

Se veían, seguían tiernamente distantes y unidos, juntos a escondidas.
Comían, hablaban, intercambiaban polémicas, se acariciaban, se enredaban los cuerpos en lucha de ninyos, se alentaban en un cansancio sin fatiga..

Comenzaron así siestas u horas variadas del día que derivaron en un agitado o espantoso dormir..
Ella sabe que no pudo dormir más.
Será ésto simplemente una maldita y horrorosa pesadilla?

Los movimientos a su lado se repetían de tanto en tanto y cada vez mas violentos.
Muda, tiesa, rota, desesperada asumió cómo él a su lado enloquecía en su suenyo de siesta o de más tarde o de más temprano, que las hermanas y sus tetas, las moscas.

Luego de un tiempo había perdido la confanza en ella, en él.
Estaba dividida en muchos trozos, confundida, caminaba en picado fino.
Ahullaba invisible por las esquinas oscuras de la Biblioteca Nacional y
trataba de huir sin éxito de los encuentros que se conviertieron en un delirio de hermanas, tetas y moscas; participaba insomne de la preparación de una protesta masiva para Julio del ‘66, la que se denominara mas tarde como “la noche de los Bastones Largos”.

Decidió alejarse. Alejarse de todo.

El quien sin ella no podría seguir espantando moscas, sus tetas y sus dos hermanas, emprendió una búsqueda perversa y obstinada de largos meses y nada lo detendría salvo encontrarla.
Pasado un medio anyo la encontró finalmente en un Cineclub viendo proyecciones de la juventud peronista.
Se sentó a su lado y le puso un papel delante de sus ojos.
Tomando el papiro hecho lenya salió de la sala y lo leyó en el banyo.
“ El registro civil del distrito Numero 33, blablablabla y con fecha para el enlace matrimonial
a celebrarse el día 23 de Mayo de 1967 a las 16 horas”.

Una rebanada de carne de oso ó el joven Picasso.
“Sus tetas y sus dos hermanas°°°°°
Me dijo que me amaba….hjhgzuuz
Sangró, sangró y se reía como loca!
Todo su cuerpo… ^^
y a mi me siguen las moscas!”

Susurro de árboles en oro vivo, rojo púrpura, rojo tinto.
Con aire profundo en su cuerpo de otonyo y alivio,
lejos, tan lejos de casa.

La Fraternidad de la Ficha

Erase una vez en un lejano país, lejanísimo, lo más lejos que uno se pueda imaginar, una tierra, que todo lo contrario a la armónica y feliz Tierra Mediana, era escenario y protagonista de grandes y terribles conflictos. Allí vivía y trabajaba nuestro heroe de nombre Fredu que en esos momentos todavia no podía imaginar ni por lo más remoto el destino que le esperaba.

Era un muchacho decidido, inteligente y querido por los suyos, los otros y los demás. De mediana estatura y pelo oscuro y rizado y caracter tirando a melancólico con algunos rayitos de sol. Había llegado a esa tierra queriendo tal vez encontrar su propio camino o por otros motivos que desconomenos, esa época de su existencia está bastante oscura para la narradora.

Un día que amaneció como cualquier otro, a no ser por una inquietante luz que se asomaba por detrás del horizonte, le llegó una carta de Samdris, un gran amigo de la infancia del que hacia tiempo no sabia, comunicándole que había tenido un encuentro muy extraño y tenían que encontrarse en un lugar intermedio, en la ciudad de Merlín, al Nordeste o al Noroeste de la Tierra Mediana, según como se mire.

Su misiva era escueta y misteriosa:

” Hace unos dias en la plaza del mercado encontré una conocida que me dió una noticia extraña por demás. Tengo un hermano al que nunca he visto ni conozco. Esta novedad me inquietó tanto que no paré tranquilo hasta descubrir la morada de mi supuesto hermano. Estuve espiándolo y una tarde me topé de bruces con él. No nos parecemos en nada y ese hecho me inquieta todavía más. El no sabe de mi existencia. Rebuscando entre los documentos de la familia, intentando encontrar alguna pista sobre este hermano misterioso, encontré en un viejo arcón una ficha roja, con una inscripción rarísima. Desde ese día, en que encontré a mi hermano y la misteriosa ficha, no he podido conciliar el sueño. Creo que debemos encontrarnos. Algo me dice que tú tambien tienes que ver en esta historia. Es urgente. Ven lo más pronto posible. ”

Nuestro muchacho preparó el viaje, nervioso y emocionado a la vez. Este viaje sorpresivo podía significar todo o nada, habría que ver. Su vida debía tomar un nuevo rumbo de alguna forma y éste era tan buen pretexto como cualquier otro para hacerlo. Salió de la ciudad de madrugada, casi sin poder despedirse, dejando atrás amigos, compañeros, adoquines y aceras, socavones y esquinas, en fín toda su vida pasada.

Recorrió caminos y veredas y al fín cansadísimo llegó al punto acordado de encuentro, la Taberna “El Paraíso de los Trotamundos”. Allí se estaba celebrando, la misma noche en la que arribó, una fiesta que celebraba el quinto aniversario de los “Caballeros del Portal Misterioso”. Nuestro chico no conocía a estos misteriosos Caballeros pero como tenía una cita en la Taberna con su amigo no podía irse sin haberlo encontrado. Pidió posada y fonda y le acomodaron en un cuarto oscuro y frío, dónde por lo menos podía reposar sus maltrechos huesos sin sentirse molestado por la algarabía del salón de abajo, dónde corría la cerveza, las pipas humeaban y bailaba la gente hasta muy entrado el amanecer.

Entre cabezada y cabezada le sobresaltó un ruido inesperado. Alguien caminaba con paso bamboleante pero callado en la oscuridad. Una mano se posó sobre su hombro y le hizo dar un respingo. Creyendo que su amigo había llegado, se incorporó en el improvisado lecho y abrió mucho los ojos, intentando ver algo. La sombra iba encapuchada y se habia quedado parada frente a él mirándolo. Tanteó en la oscuridad buscando una antorcha para iluminar un poco la estancia. Al hacerse la luz vió que el desconocido era demasiado alto para tratarse de su amigo.

El misterioso visitante deslizó hacia atrás la capucha y sus ojos chispearon bromistas.

- Pero no me reconocés? Soy tu hermano! El Mago Fandango!

Totalmente descolocado por esta información y creyendo que seguía soñando, nuestro heroe no atinó a decir nada coherente. El no sabía que su hermano, su único y querido hermano mayor, era mago. Y eso desde cuándo?

El Señor de las Fichas

“Tres Fichas para los Reyes elfos bajo el cielo. Siete para los Señores Enanos en palacios de piedra. Nueve para los Hombres Mortales condenados a morir. Uno para el Señor Oscuro, sobre el trono oscuro” y de esta forma en palabras de Tolkien comienza nuestra historia que se la quiero dedicar con mucho cariño a una persona bastante curiosa que conozco hace poco tiempo.

Una aventura que nos llevará por territorios misteriosos y oscuros dónde nuestro protagonista y héroe tendrá que vencer diversos obstáculos, luchar contra guardias de seguridad, enfrentarse a la Tormenta Eléctrica que desencadena la Oscuridad Total y otros percances y desventuras.

Si querid@as mios la vida es mucho más fántastica que cualquier película y si no me creeis os lo demostraré y ahora que os he picado la curiosidad os dejo con el título de la primera parte de esta nuestra bella historia: La Fraternidad de la Ficha

De chaqueta y mochila

No buscó demasiado.
Un asiento doble estaba vacio.
Contando con la huelga de trenes nunca se hubiera imaginado que quedase algún asiento libre.

Fue caminando hacia la estación de trenes.
Revisando su mente, tenía todo.
Parece que en ciertas tardes o ciertos dias puede lograr una organización bastante precisa…
La ciudad fantasma.
No debería estar en día de Streick ferroviario atestada de peatones, coches, bici y motocicletas ó helicópteros para empresarios, políticos y mafiosos que aterrizan seguro y es seguro que uno nunca se entera de dónde?

Silencio.
Como decía, iba camino a la estación con paso animado.
En marcha y sin mucha cordura le aterrizó una imagen.
Era simple: una mochila y una chaqueta.
Se querría comprar una mochila? Ó una chaqueta?
Quien sabe…se dijo.
Se dió golpecitos en la mejilla diciéndose depiertate, que vas camino a tu tren!
Despierrtate, no te culgues. Des…pier…t..
La imagen fue tan clara… algo se me ocurrirá en claro en el tren, pensó.

Cuando se dió cuenta que todo iba en rieles con los horarios de trenes vió que le quedaban amplios minutos que aprovechar. Haciendo qué? Da igual. Un tiempo Sandwich o mortadela.
La estación al igual que las calles, estaba cuasi desértica.
Ya sentado en asiento doble ni siquiera notó cuándo arrancó el tren. Saboreaba el sentirse “adulto” por conseguir un orden relativo en su cotidiano renovado y armado como regalo nuevo y así lanzó mano a “La casa de los Usher”.
Sin terminar de leer una pájina notó que se acercaba una mujer muy atractiva y que tomó asiento a su derecha, del otro lado del pasillo.
Agradeció para si mismo por el paisaje acompanyante y continuó leyendo.
Levantó la mirada para ver el sol que cada tanto y a codazos se infiltraba en los cielos de otonyo nórdicogermano.
Brilla por su presencia, susurró mientras él pudo brillar por su ausencia.
Giró la cabeza.
El asiento de la bella mujer estaba vacío mas quedaron como jocker una mochila y una chaqueta.
La imagen se repitió a medio metro de distancia.. No pudo seguir leyendo.
Miró hacia atrás buscándo la senyorita. Miró incluso hacia mi dirección.
Observó a todos sus contemporáneos de viaje. Su mirada era inquieta. No esgrimaba voz ni mueca.
Iba quedando pálido, y cada vez mas inquieto.
Wow, pensé: vivir un estado de fatamorgana que no sea mío… que alivio..

Seguí respirando pero inmiscuída en dos mundos que ahora eran para mí demás perceptibles. El suyo como el mío….este ultimo y a raiz de su tan agitada presencia, mas huidizo.

-Estas paranioco.
Estas siendo lo que nunca te imaginaste ser.
En momentos de exaltación su naríz pierde. La tenía a punto del adormecimiento. La tocaba, la amasaba….abría como espastico las fosas una y otra vez…
Su naríz-traquea, lo dejó en puerto seguro: lo dejó embarcando solo, sin ella.

Era una mujer surenya… pero de dónde?
No…no… debe ser del medio oriente.
Mientras ensayaba intentos absurdos para distraerse, la paranoia iba apoderándose de él tranquila y seguramente hasta que su naríz se desapareciera del todo.

-Me voy a otro vagón. Sí. Me mudo de vagón.
Y los pasajeros?
Está claro. Si esto vuela por los aires, que me toque en otro vagón. Prefiero llegar al hospital a pasar a ser una partícula más del aire.
qué les digo a los pasajeros?
“Disculpen, Sres Pasajeros. Soy un Joven de treintaytres anyos con proyecto de convivencia con mi companyera, tengo un puesto de trabajo, he sido siempre cuerdo, nunca he colaborado con la paranoia colectiva pero les tengo que pedir que se vengan con migo.
Que mi naríz…
Que acabo de darme cuenta que soy parte de millones de paranoicos ó que creo que nos harán humo en ciertos minutos… abandonen este vagón que no se cuándo, pero quizás vuela por los aires”..
Eso le dirías a ésta gente que viaja con tigo?

La dama bella seguía sin regresar a su asiento.
La mochila y su chaqueta seguian de emblema… y él ahora estaba seguro que le dolía algo mas profundo que la cabeza.
Me pidió en voz casi esfumada que le mire sus cosas.
Claro, contesté.

Ahí iba, en busca de la bella, pensé.
Será un triste baboso sin remedio?

-Ah…ahí está, se chistó hundiéndose en su cuerpo sin naríz.
Estaba parada para entrar al banyo. Habia gente en cola. Ella ni le miró.
-Pero yo sí te veo, morena. Yo te tengo en mi mira y
Nada me moverá de aquí hasta que …
Oh, mis cosas que dejé con esa chica… tambien quizás surenya… Se conocen??
Será su cómplice?
Cómo no me preguntó cuidarle las cosas para irse al banyo? Porqué no le preguntó a la chica que yo pregunté?
Será tan confiada o es un témpano asesino? Será despistada y yo pura paranoia? Quién deja hoy en día mochila y chaqueta en un tren y a la deriva ??
Agobio, abatido. Estaba a punto de quebrarse en quince pedazos.

Corrió a su asiento. No sabía si buscar su naríz o si regresar a la asesina- mörderin o si gritarnos a los pasajeros con caras y gestos universales que pronto estaríamos como aserrín por el aire.

Me agradeció por verle las cosas. Seguí mi lectura.
Leía? Casi imposible. La electricidad de éste hombre me estaba quemando viva.
Me miró a los ojos como miró a otros que le miraban tambien a los ojos.
Que querría decirnos? Le desapareció tambien la ganrganta?
Su cara se iba destinyendo, las manos eran mas flácidas que antes.
Respiraba jadeando, la nuca la tenía erizada.
Se levantó como resorte empacando todo en un brazo y salió despedido como misil a quién sabe dónde.

Qué alivio que se fuera.

A pocos minutos de que él desapareciera llegó la bella asesina.
Voz en off: “ Próxima parada, Estación Potsdam” .
Ella se acomodó pronto y contestó un llamado en árabe ó en arameo; se puso su chaqueta y arrastró con velos su mochila.

Una vez que el tren se puso en marcha,
los asientos de ella y de el,quedaron vacíos

La cometa

Quiso entrar de simpatico y la mujer ni se dió por enterada.
Hombre se daba manya, hablaba sin parar, estaba acelerado.
Mujer, amiguisima mía conservó la calma…me miró cómplice unos segundos.
No dijimos nada.
Nos sonreimos… Que está todo bien.

La entendía perfectamente.
Lo que le llamó la atención fue aquello que a mí tambien me sorprendió.
Habían pasado, hasta ese minuto, dos semanas de sus vaticinyos.
Yo…ya …. es que siempre….. es así…. no se puede hacer nada.

No sentí que la traicionaba ni mucho ni un poco a ésta mi amiga cometa.
Al verla tan tranquila, me quedé yo serena en mis pies cubiertos de botas Vaqueras y seguí siendo parte del dialogo de a tres, muy ameno por cierto.

A veces creo que se hace muchas peliculas… mas tarde tropiezo confirmando que no las eran, sino que esta amiga percibe con antenas de vaya uno a saber de qué están hechas, con las que ella capta cosas que a mí y a muchos nos escapa a nuestras posibilidades.

Cosa es que pasados unos días la encontré nuevamente.
Seguía bien, encandilaba con sus suspiros, nos pasamos el brazo por la cintura, nos reimos con ganas camino a mi bar preferido y así comenzó una tarde vaya que buena..

Durante nuestros vinorros, ella iba cantándome palabras al viento que al mismo tiempo aclaraba “y no nos sorprendamos que a demás suceda y en pocos días”..

Yo ya tiemblo… esta mi amiga semi pitonisa y con terrible sentido del olfato me ha dejado muchas veces de una sola pieza con sus “pronósticos”.
Si, los larga así como pedir un medio kilo de Mondongo ó un cuarto de bizcochos..
Lo terrible es que ella ni pronostica.
Larga ya órdenes unltrainperceptibles, habla ya en ese su modo único y al parecer por ésto o por lo que sea,
lo q sale de sus labios cautivantes conviértese en lapidarias predicciones que encontrarán la manera de hacerse realidad…

Nos ibamos preparando para el Chau final luego de cuatro horitas preciosas.
Sin decidir, lo condecoramos con abrazos calidos inpregnados de unos vinos semidigeridos
y dejamos la U picando en el aire… hasta la proxima.

Allá se iba mi amiga, otra vez desapareciendo lentamente por el aire y
dejando una coleta de humo de cometa pequenyito…

Iba a pasar. Iba a suceder.
Siempre que se evapora se cumple su presagio mas joven y comprendí una vez más
pero sorprendida como la primera vez ,
que me puso de cortina para realizar sus suenyos.

Eco y Darío: Amor a segunda vista

Eco era la cantante de un grupo punky de mucho éxito. Actuaban todos los fines de semana en varios locales cutres de Madrid. Era una de las reinas de la noche madrileña pero como era una tía legal ni se lo tenía creído, ni habia dejado de tratar a nadie por haberse convertido en una famosilla. Tenía muchos amigos que recorrían junto a ella las vampiras noches de la ciudad y en ocasiones veía a alguno de ellos dejarse llevar por las múltiples tentaciones que la urbe ofrecía a sus acólitos. Ella no decía ni una palabra pero de vez en cuando escribía una canción. Era la más discreta, la mejor confidente. Era viernes y esa noche tocaban por fín en el Siroco. Después del concierto salió del camerino a tomarse unas copas con un buen amigo. Mientras estaba en la barra del bar tomando un ron vió a un conocido enzarzado con una morenaza de aupa. Desvió la vista pues ese conocido era el marido de otra amiga de una amiga. No quería líos. Ella siguió a lo suyo y termino la noche como solía hacer, volviendo a casa dando un paseito por la Gran Vía, disfrutando del gris amanecer de la ciudad, mirando las caras de todos los espectros que igual que ella, volvían a casa, en más o menos buen estado.

Ese domingo fué como siempre al Rastro a comprarse unos comics, a hacer fotos y tomarse unas cañitas con los amigos. Estaba en animada charla con otra de las chicas del grupo cuando entró en el bar la mujer del tipo que había visto en sudorosa lidia con la morenaza. Ella se hizo la sueca pero la mujer vino directa hacia ella y tirándole el martini a la cara, le espetó

- Eres una puta, tú estabas ahí, lo vistes todo, lo se, que me lo han dicho. Podías haber dicho algo no? Zorra, más que zorra. Te vas a enterar, te voy a joder la vida, puta!

Eco se limpió con una servilleta, muy discreta ella y siguió comiéndose la unica croqueta que todavia quedeba seca en el plato. Cuando se hicieron las cuatro, decidió irse a casa, echarse una siestecita y seguir escribiendo una canción que la noche anterior habia comenzado.

Cuando iba de camino a casa pasó por la puerta del Retiro y le dieron ganas de entrar, hacia una tarde tan buena y le apetecía tomar un poco de aire fresco y tal vez pillar algo de maría. Entró en el parque y fué dando un paseo hasta el estanque. Recordó cuando de pequeña venia todos los domingos con sus abuelos a remar en las barquitas. Vió un vendedor de barquillos, se compró uno y se sentó en las escaleras del estanque a mirar a las parejitas que remaban en las aguas sucísimas del laguito.

Darío está aburrido, estado muy común en él. Trabaja mucho durante la semana en una agencia publicitaria. El se encarga de crear los textos para los anuncios que es lo suyo. Textos mordaces, divertidos, irónicos, pegajosos, lo que le pidan o lo que le pida el cuerpo. Tiene exito en su trabajo y le gusta. Es buscado por sus compañeros que le envidian por sus reflejos mentales, admirado por sus compañeras y apreciado por los directivos de la empresa.

Los domingos le apabullan, no se decide por nada, cualquier idea que se le ocurre, le resulta o demasiado burguesa o poco original. Se pone gel en el pelo, se calza sus nuevas zapatillas y una cazadora estrechita que marque su espalda y resalte sus biceps. Salé de casa inquieto, ansioso. Como no sabe dónde ir se deja llevar y aparece en la puerta del Retiro. Decide mirar a las chicas que solas o en grupitos se dirigen hacia el Estanque. Se le ocurre que podría ir él tambien y dejarse echar las cartas por alguna de las innumerables pitonisas que los domingos montan su puestecillo en la avenida del estanque y se ganan unos euros con sus dotes adivinatorias. Eso puede ser divertido, piensa. Y se alegra el semblante. Camina con paso incierto, bamboleandose un poco, no por que haya fumado algo sino que es su manera de caminar.

Eco mordisquea su barquillo con deleite. Tiene la mirada perdida sobre las aguas del lago y disfruta del sol de septiembre que le calienta la piel y el alma. Por el rabillo del ojo capta un movimiento inusuado, un caminar raro. Vuelve la vista hacia la avenida y ve que solo es un chico que con cara sonriente se dirige derechito hacia una de las echadoras de cartas. Le da otro mordisco al barquillo y contempla las barquitas y los árboles que rodean el lago.

Darío se sienta en el improvisado tenderete de la adivinadora y con su sonrisa más encantadora la invita a leerle el destino. Ella impávida y muy profesional va echando las cartas sobre la mesita bamboleante. Darío mueve nervioso una pierna, impaciente como él es. La echadora de cartas fué escueta

- Lo único que veo es que tendrás una muy larga y satisfactoria vida – hizo una pausa dramática y continuó – pero, hay un pequeño inconveniente, este destino sólo se cumplira si te comportas adecuadamente, es decir, si se diera el caso de que te contemplases solo a tí mismo, tu destino será horrible.

Darío lanza una carcajada.
- Qué chorradas! piensa – Cómo si me contemplo a mí mismo? Vieja chocha.

Dándole las gracias, tiró tres euros sobre de la mesa. Se levantó muy satisfecho consigo mismo y siguió su paseo hasta una terracita cercana dónde sabía se reunian las muchachas de risa fácil y deseosas de compañía masculina.

Eco bajó las escaleras y como tenía sed fué hacía una terraza del parque a la que solía ir con sus compañeras de grupo y a veces, como hoy, sola. Los camareros la conocían y siempre le reservaban la mejor mesa, una un poco escondida tras unos árbolillos, desde dónde podía observar a la gente sin ser vista, y dónde más de una vez había escrito alguna de sus mejores canciones. Se sentó en su mesa y saludo al camarero con un gesto. Él le trajo lo que siempre tomaba, un café con hielo, y se retiró discreto.

Darío había pedido un martini pues necesitaba un poco de combustible para animarse. En la mesa de al lado se sentaban unas muchachitas que prometian mucho, no paraban de reir y acariciarse el cabello. El sonrió seguro de sus encantos. Dejemóslas un ratito, que esperen.

Eco sacó uno de sus incontables cuadernos y se puso a escribir. Estaba ensimismada y solo levantaba de vez en cuando la cabeza para echar una mirada alrededor y contemplar a los concurrentes. En una de esas miradas vió de nuevo al chico bamboleante. Se le veía contento. Dió un sorbo al café y los hielos chocaron haciendo un sonido como de risa. Unos retazos de la conversación de las chicas más cercanas le llegaba de vez en cuando, en ráfagas. Con ellos se mezcló la voz del chico bamboleante que había acercado su silla a la mesa de las chicas.

- Hola, chicas me siento solo. Me ofrecen su compañia?

Las risas de ellas llegaron mezcladas con el alboroto de los niños que jugaban en el parque. Sin saber porqué Eco quisó decir algo y solo pudo articular – solo, solo

Se quedó extrañada, tomo un trago del café para aclararse la garganta.

- Les apetece ir luego a algún sitio, o ya tiene otros planes? – decía el chico
es que me gustaría mucho acompañarlas un ratito más.

- un ratito más – se oyo Eco decir a sí misma

El chico debió haberla oido pues miró en su dirección, por suerte el arbolillo la ocultaba y ella avergonzada de lo que le estaba sucediendo, se escondió más aún.

- Qué raro! – le oyo decir, dirigiéndose a las chicas – no escucharon una voz que salía de aquel rincón? Una voz que era casi un susurro.

- No, no hemos oido nada, debe ser que has tomado muchos martinis, tio! Tú lo flipas.

El y ellas continuaron charlando en voz baja y después de un rato las chicas se despidieron. Se iban a casa pues trabajaban de noche en un bar de la zona. Darío les prometió pasarse más tarde por ahí. Les plantó un beso de martini a cada una y le dió un pellizco en el culo a la que estaba más buena. Ya sólo, se puso cómodo y echo un vistazo por la terraza que se iba quedando desierta. Sólo quedaban unos abueletes tomando una cerveza y picando unas patatas lentamente.

Cómo estaba de buen humor pensando en la noche que le esperaba y deleitandose de antemano en las tetas de la chica que más le habia gustado se puso a cantar en voz alta.

- sencillamente, lo que más te guste, lo que más te guste – cantaba

- lo que más te guste – contestó una voz

Darío paró de cantar y escucho. No se oia nada y no veia a nadie aparte de los abueletes que estaban medio dormidos sobre el platito de patatas.

- por eso dame, sencillamente, lo que mas te guste, dame solamente, lo que mas te guste y nada mas – siguió entonando

- nada más – repitieron suavemente

Se puso de pié dispuesto a pillar desprevenida a la portadora de una voz tan linda. Dió unos pasos decididos hacia los arbolitos en el rincón de la terraza. El seguro de su atractivo y encantado no temía nada y estaba dispuesto a averiguar quién era la que se escondía detrás de la espesura. Eco le vió venir y se apresuró a dejar el importe de su café sobre la mesa y salir corriendo, olvidándose las zapatillas que se habia quitado al sentarse.

Descalza se escondió detrás de una estatua y observo al chico bamboleante que ya habia llegado a su mesa y sorprendido miraba hacia todos lados. Eco se rió bajito. Darío se agachó y cogió una zapatilla, le dió la vuelta para mirar el tamaño, 38. Un poco desilusionado por haber perdido a la dueña, recogió la segunda zapatilla y con las dos bajo el brazo volvió a su mesa.

- Muy lejos no se va a llegar descalza – pensó.

Pagó sus martinis y recogiendo sus cosas tomo el camino hacia la salida principal del parque.
Eco le seguía escondiendose entre los árboles. Ese chico tenía algo simpático, caminaba raro y le gustaba como sonreía. El camino hacia la salida discurría a través de toda la avenida de Alfonso XII, era un paseo largo y la tarde iba cayendo. Darío caminando delante y Eco detrás de él, se cruzaron con familias que volvian a sus hogares, elegantes señores con bastón paseando a su perro, maduras viudas muy emperifolladas, brazo en brazo, parejitas acaremeladas, besuqueándose. Eco no le perdía de vista pues no quería perder sus zapatillas queridas que ese mismo día habia encontrado en el Rastro y la habian enamorado.

Llegando a la Rosaleda, Eco ya se había enamorado locamente, sin saber cómo ni porqué, de Darío. Eso le ocurría más o menos tres veces al año, ya estaba acostumbrada y no le dió mucha importancia. Pero como no quería perderle de vista y menos aún perder sus zapatillas, le llamó.

- eh! – pero no le salia la voz

Justo en ese momento Darío se paró delante de un kiosko de chucherías y pidió caramelos de nata.

- nata – repitió Eco

Darío se dió rapidamente la vuelta y alcanzó a ver un pié que se ocultaba en los arbustos.

- Te pillé – gritó él y se lanzó detrás del arbusto.

Eco corrió para esconderse.

- Vuelve aquí! Parate. Quedate quieta. Solo quiero saber quien eres.

- quíen eres, quién eres – contestó ella con su voz más dulce y siguió corriendo como alma que lleva el diablo.

Darío empeñado en alcanzar a esta chica costara lo que costase no se dió por vencido, tiró todo lo que llevaba consigo al suelo y se preparó para un sprint. La agarró de la cazadora y la tiró al suelo.

- Te tengo! Ya no te puedes escapar. Pero chica qué te pasa? Me tienes miedo o que?

- Miedo – susurró Eco con los ojos muy abiertos.

Eco no podía creer lo que le estaba ocurriendo. Aunque intentaba hablar y en su mente formaba las frases, su voz no le respondía. El chico estaba encima de ella mirándola con cara curiosa y divertida. Si no fuese porque estaba quedándose sin respiración le hubiese besado, asi tal como estaba, tenia unas irresistibles ganas de besarle. Intento encontrar su voz de nuevo y decirle algo bonito o por lo menos decirle que la estaba ahogando, que se apartase un poco, que no podía respirar.

- Tienes una voz muy bonita lo sabías? – dijo él soltándola un poco pero sin apartarse

Eco le miró y quiso decirle que se habia enamorado de él. Lo unico que pudo decir fué

- bonita

Darío irritado se separó de ella. Todas las tías son iguales, pensó. Se quedan embobadas y ya no saben qué decir. Es que las vuelvo locas. Bueno esta tía está como una cabra, mejor le devuelvo sus zapatillas y me largo que esta noche me esperan unas tetas de película. Se levantó y la miró con desprecio.

- Bueno tía me voy. No se si estás fumada, bebida o lo tuyo es de nacimiento pero me da igual. Tengo cosas mejores que hacer. Ciao.

- Ciao, ciao – contestó Eco. Las lagrimas le rodaban por la cara. La impotencia de no poder hablar la invadió. Se quedó sentada apoyando la espalda en un árbol grande. Por el aire llegaron sus zapatillas volando. Las cogió al vuelo y se las calzó. Fué recogiendo las hojas desperdigadas del cuaderno con sus canciones y las lágrimas seguían cayendo sin que pudiese hacer algo para detenerlas.

Darío estaba de mal humor, esta chica le habia amargado la tarde. Esa voz le habia hecho perder unas horas preciosas de su caro tiempo y al final, para nada, una tonta más. Además no era tan bonita como él esperaba. Tenía muchos defectos y él por el contrario era joven y bello, o eso le decían las chicas. Podía escoger entre un sinfín de candidatas. Pensando esto se fué animando y sin darse cuenta deshizo el camino andado y apareció otra vez en el lago.

Se sentó en un banquito de piedra y miró el agua. Vió la imagen de un hombre atractivo, con caracter, sus labios fruncidos en una sonrisa. Unos ojos se reflejaban en los suyos. Se acercó un poco más, pues era corto de vista. La imagen le miraba enamorada. Qué belleza, que interesante. Poco a poco y como atraido por un imán irresistible, la imagen le llamaba.

Era tan guapo, sus brazos tan fuertes, su pecho tan acogedor, sus labios tan invitadores. Darío se fué deslizando hacia el agua y sin sentir el frio del atardecer se metió en ella en un intento de atrapar la imagen que le llamaba con un apremio irresistible.

Mientras él iba hundiéndose en las aguas frías y turbias del estanque del Retiro, Eco intentaba entonar la canción que había escrito esa tarde pero no su voz le fallaba, ya no podia cantar!

No sabemos a ciencia cierta si Eco pudo volver a cantar o su carrera punk con Las Ninfas se arruinó. Tampoco sabemos si Darío despertó de su hechizo o se hundió para siempre en las sucias aguas del Estanque. Esta historia no tiene un final cierto sino muchos posibles.

Minerva y el viento pampero

Una respiración llena de pelos se acercó a besarla.
Acomodó en suenyos su cara para el beso.
Una lágrima cayó en redondo.
8 de la manyana de 1968.

Se enconcontraban por enécima vez.

La intención era pulir las esquinas corroidas que ya no sirven para nada.
Era casi una consigna de la época… hay que salir a gritar, hay que salir a pedir en pos de una armonía, de un equilibrio.

Ya lo saben.
Los comienzos de las charlas son siempre similares.
Los rencuentros luego de un tiempo, expresan evidente nostalgia, necesidad contenida y mucho afecto, tambien contenido..
Sin embargo sí se acercan por las reglas que plantaron cada cual como una semilla yerma de una planta de Girasol.
Tambien ciertos déficits de la época…

Las márgenes del libretto rezan personajes, roles definidos.
En el interior de la historia, se disputan los personajes por motivos de supuesta injusticia o culpa.
El destino común que supone este guión se perdió en medio de tanto conflicto absurdo, y ésto llevó a graves ofensas, descepciones inmedibles, quiebres casi sin reparo.

El guionista se tomó el buque
Quien lo escrbió?
según ella, él, a escondidas y bajo seudónimo.
Según él, el viento pampero, el mismo q se comió al guionista.

Es preferible estar bien, piensan ambos.
La tarea de emprender algo requiere por lo menos postura.

Los mundos se quieren. Si y al parecer, profundamente .. y dicen que por este motivo se repelen.
Se aman, repiten y no pueden.
“Vaya…” suena a lo lejos..
“vaya par de idiotas”, se escucha esfumándose la voz del guionista, quien por esa misma razón se lo tragó el triángulo de las bermudas..

Ella se da esfuerzos para no perder los estribos.
Aquellas tardes de aire cálido la tranformaban en una balsa de melancolía. Ahora ya lo lleva mejor.
El estaba en tardes como esas, rebosante de alegría, libertad y movimiento.
Ahora se las arregla como puede.

Mientras los puntos de aclaración derivan en pronósticos deportivos, ella se quedó colgada de si misma y pensó:
“Con el tiempo eres capáz de reaprender a dar vuelta tu propia tortilla.”

Ella aprende lo ya aprendido, solo que luego de un tiempo de internación en la Clinica “Machaque” departamento “Triste mamaracho Psicoemocional” es necesrio una suerte de nueva sozialización, o plan de alfabetización con uno mismo.

Pero, miremos la escena… ellos se encontraban por xwuifhenmil vez.

Ella se sentía segura y tranquila. En realidad, casi siempre es así.
Así y todo se soprende de si misma.. que al tercer desmadre verbal (por supuesto, sin ninguuuna intención) se vuelvea como tambien puede ser: eruptiva, sanguínea, Minerva.
El adoraba que ella sea así, y en cada encuentro se le dibujaba una sonrisa de verdad, el alma le reía meneando el rabo y justamente con eso, no pudo ni puede vivir.

Ella se acarició las sienes contra muros de aire comprimido.
Así se iba dando cuenta poco a poco de que muchas veces, aquello que al principio es la fuente mas rica de tentaciones y de inspiración, un buen día comienza a tomar el rumbo exactamente contrario.

El encuentro numero 17.000 lleva su verlauf característicamente indefinido.
Casi como siempre, pero sin llegar a ser monótono.
Las charlas son amenas, de cierta variedad, de cierto vacío, de clara ambivalencia y por consecuencia, de forzada liviandad.
Pasada la media hora queda en claro o suponemos que cada cual empieza a darse de cruces preguntándose, qué conyo significa todo ese circo número 17.000!

Asi ella percibe lentamente como esos jugos incandescentes empiezan a moverse en el interior de sus organos.
En definitiva, a ésta chica lo que la convierte en la misma Minerva son las palabras que fluyen como flema, los escupitajos- escusas verbales que inundan la atmosfera para llenar un espacio que, por decreto y ley debe ser llenado con puente directo, objeto directo, manos a la masa, punto sobre la i ó cortar con H muda.

Siguen la charla de no decir mucho y lo importante trata de ser evitado.
Cada cual gime una esperanza que vuelve a resurgir en casi cada encuentro, sabiendo que no va a pasar nada.
Que nada volverá a transformar ese rechazo en la antigua atracción.

Ella estaba terminándose la media botella de vino, sola.
El no quiso…no vaya ser …
Prefirió un té. A ella y a pesar de todo, le gusta recordarlo en vivo con su amor por el té.
Sin embargo, no comparten la copa de vino.

El decidió rememorar y llenar el lugar con recuerdos mutuos plagados de risa, inquietud, sensualidad, vida.
Ella se niega.
Minerva tiene ya su cabeza llena se serpientes que cobran vida. Minerva está a punto de convertirlo en piedra, pariente cercano.
Le pide en cierta contención que hablen mejor del libreto, que de tanta verdura light ya no sabe para qué se han vuelto a encontrar.
El adora que ella ponga los ruleros sobre el peluquín.
Lo espanta y la ama por su rajatabla, por su vafanculo con corte de manga.

El se acerca cada vez mas, tambien de forma indefinida pero evidente.
Ella no entiende…
Se pregunta, porqué no me tocas? Porqué te acercas rogando con toda tu mole, que te abrace?
y el libreto?

Ellos se quieren, se necesitan.
Ya no se gustan ni se desean. Mucho peor, se siguen amando sin ningún sentido.

El viento pampero siempre los abraza y los dispersa.
Ella, sabiendo que es buena, sabe que no lo es para él.
El sabiendo que es bueno, entrega corona de laureles y se jura,
nunca mas conocer una como ella, y secándole la lagrima ya seca, dice contenidamente

porque ella le es (casi) todo..

La Vida es Sueño

La noche que me visitaron los Djinns tuve por primera vez un sueño en blanco y negro, no por eso menos real. En los sueños las palabras sobran, pero debo reconocer que nunca había disfrutado tanto como con el hombre de este sueño.

“¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción;
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.”

n.a: Dijo alguna vez alguien que tenía una Barca.

Los Djinns

Al día siguiente tenía que salir de viaje, había puesto el despertador a las 6 y tenía lista la bolsa con cuatro cosas que era lo único que iba a necesitar para los pocos días que me había podido coger libres. Estaba expectante como siempre que voy a viajar y no era capaz de conciliar el sueño así que encendí el portátil, mi fiel compañero y estuve un par de horas viajando por los hipercaminos que pocas veces me llevan a alguna parte y sin embargo me dan la sensación de salir a algún sitio.

Algo más me tenía bastante inquieta, el año pasado y por primera vez en todo el tiempo que llevo fuera, quise celebrar mi cumpleaños con mi familia. La madrugada del mismo cuando estaba en plena fiesta, celebrando con mis hermanos, nos llamó mi padre para decirnos que mi cuñado se había muerto. Mientras viajabamos todos juntos de vuelta a casa, durante el largo trayecto uno de mis hermanos me recordó, que también en una madrugada de mi cumpleaños, en el que yo cumplía quince, la hermana que me sigue se intentó suicidar.

Todo esto son cosas que a cualquiera le ocurren, forman parte de la vida y de las mejores familias, pero de todas formas yo estaba nerviosa y seguía sin poder dormir. A las tres de la madrugada creo que por fín me dormí y no recuerdo haber soñado nada especial, ni bonito ni feo. El sonido de un teléfono móvil me despertó sobresaltada, estaba muy oscuro y mi móvil, era el único en la habitación, no estaba sonando. Lo habré soñado pensé, y me acurruqué en la cama otra vez. Un flash de luz iluminó la calle y mi habitación, sobresaltada me senté en la cama y miré por la ventana, no podía oir nada. Al minuto más o menos escuché un trueno tremendo, al darme cuenta que una tormenta bastante poderosa se aproximaba, me tranquilizé.

A pesar de eso no conseguía volver a dormirme, asi que me levanté a buscar un libro de los muchos que tengo empezados, al pie de la cama. Ya había dado por perdida la ilusión de descansar esta noche. Al volver a la cama creí ver una sombra sentada en el sillón junto a la ventana, me asusté muchísimo, soy muy miedosa. La sombra no se movió pero dijo con voz baja y tranquilizadora

- Valentina, soy yo, Aman, no te asustes por favor – susurró.

Petición que me pareció un poco extraña en esa situación pero que me hizo también algo de gracia. Me acerqué un poco más y entonces pude ver que si, en efecto era Amán.

- Pero qué haces aquí? Cómo has entrado? Y para qué? Vaya susto que me has dado – dije

- Tranquilizate por favor, he notado que me llamabas y simplemente he venido. Somos amigas no? – contestó ella

- Yo no te he llamado. Además no se cómo podría hacerlo, no tengo ninguna forma de contactarte y cuando fuí a buscarte no te encontré – contesté, un poco enfadada por esta visita tan inprevista.

- Bueno, vale. Tu no quieres entenderlo todavia y yo no te lo puedo explicar, o no puedo hacerlo como tu esperas. Dentro de un par de horas sales de viaje, no? Queremos acompañarte, mi padre y yo. Creemos que nos necesitas. Solamente tenemos que aclarar algo contigo antes de poder hacerlo y nos tienes que decir la verdad.

- Qué alucine, por dios! La verdad de qué? Qué tenemos que aclarar? Y porqué me tenéis que acompañar?

Cada vez me estaba intranquilizando más y esta conversación absurda en una noche todavía más absurda si cabe me estaba cansando.

- Los dátiles, te acuerdas de ellos no? Te ayudaron. Me hiciste caso y volviste de nuevo buscándome, eso es porque necesitabas algo más de mí. Ese día encontraste a mi padre, el señor Ling, y también él te entregó algo que te sirvió de ayuda por un tiempo, recuerdas? -

- Sí, si, pero y qué tiene todo esto qué ver con mi viaje? Yo estoy bien, me encuentro mucho mejor, más tranquila, mas segura de lo que tengo que hacer … – objeté

- Cuando llegue el momento lo entenderás, ahora limitate a confiar en mí como lo hiciste la primera vez sin conocerme de nada. El segundo mensaje contenía también una especie de prueba, creo que eso lo comprendiste. Hemos visto que día a día has sido capaz de superarla hasta el pasado fin de semana que te perdimos de vista, tienes que perdonarnos fué un pequeño fallo de comunicación entre el señor Ling y yo, los Djinns también cometen deslices a veces, y no podemos estar seguros de que superaste la prueba. Por eso he tenido que venir yo primero para aclarar la situación y decidir si mereces que te acompañemos en tu viaje o no. -

Yo estaba tan atónita que decidí seguirle la corriente.

- Ayer, pero qué dia era ayer, ya no me acuerdo ni lo que hice, últimamente estoy de un lado para otro, veo a mucha gente y tengo muchas cosas que me preocupan.

- Ayer fué domingo. Intenta recordar, es importante – me insistió Amán

Me esforzé por hacer memoria de todo lo que había hecho el domingo, pero los días se entremezclaban un poco. Se me ocurrió que tal vez mirando en el blog podría poner claridad en el asunto.

- Amán lo mejor es que miremos en el blog e intentemos reconstruir el fin de semana, te parece? Creo recordar que escribí el sábado y el domingo, así saldremos de dudas. Pero en realidad, qué es lo que estamos buscando? Algo en concreto? – dije, arrepentiéndome de haberle contado a Amán lo del blog.

- Buena idea, vamos allá – se animó ella y nos metimos las dos en la cama pues con la tormenta, que ya estaba encima de la casa descargando toda su furia y litros de agua, había refrescado bastante. Encendí de nuevo el portátil y me lo coloqué encima de las rodillas. Amán estaba muerta de curiosidad, lo que me hacia bastante gracias, esta amiga mía era bastante rara.

Me metí en la página del blog y le dí el portátil para que pudiese leer los dos artículos sobre el pasado fin de semana. Ella se tomó su tiempo, de vez en cuando veía que una sonrisa se le pintaba en la cara, pero ella seguía en silencio. Tras haber leído lo que la interesaba me miró, intentando parecer seria pero sus ojos, a la luz del ordenador más irreales si cabía, la traicionaban.

- Valentina, me gusta mucho lo que has escrito. Ahora me tienes que explicar un poco más qué significa todo esto -

- Qué quieres que te explique? Yo no veo que haya mucho que explicar, ahi está todo lo que hice o casi todo. Te puedo contar algo más, si es que me acuerdo – contesté

- Lo primero que me ha extrañado un poco es la historia del gato. Por qué has escogido esa forma de contarla si tú también estabas allí?

- No te puedo contestar a eso porque ni yo misma lo sé. Me imagino que es una forma de contar un cuento, alguién tenía que hacer de narrador y quedarse un poco fuera, no?

- Sí eso ya lo se, yo tambien he escrito algunas historias en mi vida. La cuestión es que tú no estabas “fuera” mientras ocurría eso. Pero bueno vamos a dejarlo, ya veo que el sábado hiciste bien los deberes. Me sorprendes la verdad.

- Te sorprendo, qué hay de sorprendente en mi comportamiento? – pregunté, curiosa.

- Qué seas capaz de estar pasandolo tan mal pasar y no te des un respiro, no te permitas un placer, que rechazes las ofertas de compañia. No estoy segura de si esto es bueno para tí, te conozco bastante aunque tu todavia no lo sepas. No eres tan fuerte como tú crees. No le tienes que demostrar nada a nadie.

- En qué quedamos? Primero tanta historia con las malditas pruebas y ahora qué si esto, qué si lo otro. Y si me lo tengo que demostrar a mí misma, qué? En eso no habias pensado no? -

- Si me permites decirte algo más, te diré que lo que te querías demostrarte, ya lo has hecho suficientemente. Tal vez estarías menos triste si el pasado fin de semana no te hubieses empeñado tanto en ir contra tus verdaderos deseos.

Yo me quedé callada, estaba de mal humor y Amán me estaba empezando a sacar de quicio con sus pruebas y sus comentarios. Pero ella no había terminado.

- La historia del domingo me complace más – continuó con una sonrisa – ahi te veo más sincera. El único fallo es que no me la acabo de creer. Eso es bueno por una parte porque significa que pasaste la prueba, por otra parte yo te hubiese aconsejado que hicieses lo que te apetecía en ese momento, pero bueno tú eres la que única que puedes contar lo qué hiciste y porqué.

- Cómo que no te lo crees? El qué no te crees? Mis historias no son una fotocopia de la realidad, eso ya te lo he dicho. No te entiendo.

- Querida Valentina estás un poco lentita hoy no? La historia de los hielitos y todo lo que siguió, a eso me refiero. No hace falta que me cuentes todo, solo necesitamos saber si pasó algo con ese chico o no. Aunque ya te he dicho antes que yo tengo mis dudas. -

- Vaya preguntas! Amán te pareces a mi amigo Curucusí que cada vez que nos encontramos quiere saber si estuve con uno o con el otro y no se lo cree cuando le digo que no. Qué más da, si me fuí con él o no? Ya estoy harta de las pruebas, para qué sirven además? A mí no me está sirviendo de nada, aparte de pasar otra noche sola en mi camita. Bastante me costó el sábado por la noche, con los chicos qué había y lo simpáticos que eran algunos. Tú no lo entiendes pero tuve que controlarme mucho para no irme con alguno de ellos, hubiera sido guai, yo estaba bien, contenta y relajada y al final para qué, para pasar otra noche sintiéndome sola, sin nadie a quíen acercarse, en la cama tan fría. Encima no era mi cama! Así que no me pidas demasiado.

- No me has contestado todavia. Qué pasó el domingo Valentina? – insistió la pesada

- Si me lo pides así, tendré que confesarte que por ser idiota no pasó nada. A qué soy idiota? Dímelo tú, porque yo ya me lo he dicho varias veces. El chico estaba buenísimo, todo de él me gustaba, era divertido, inteligente y tenía una boca que me volvia loca, pero no me decidí. Lo de los hielos es todo verdad, pero cuando le tomé la mano y él se acercó para besarme, algo me frenó. No era que no tuviese ganas, me moría de ganas, no consigo explicarme porqué me paré. Maldita sea, por qué me tiene que estar pasando esto a mí? No me lo merezco!

Amán se acercó a mí y me cogió la mano.

- Claro que no, Valentina, no te lo mereces, pero no has pensado que tal vez eso está ocurriendo por algo. Cuánto tiempo hacía que no te ocurrían esas cosas? Qué tengas tantos hombres correteándote detrás?

- No sé, la verdad es que siempre había alguno por ahí, detrás mio, pero yo no les hacia mucho caso. Y ahora que quiero, de verdad quiero hacerles caso y pasármelo bien, no me decido por uno. Ultimamente estoy odiando ser una mujer.

- Si te sirve de algo, yo creo saber porqué te está pasando esto, pero todavia no te lo puedo decir.

- Si tú lo sabes explícamelo, estoy harta. No se qué estoy haciendo mal, nunca me había pasado esto, nunca he tenido ningún reparo en disfrutar cuando he tenido la ocasión y menos estando sola como estoy. Va a durar mucho esto? Por lo menos contéstame a eso, yo nací con muchos dones pero el de la paciencia precisamente no.

- Valentina ya te he dicho que ahora no puedo explicártelo es algo que puede ocurrir o no, pero no está en mi mano. Yo, lo único que puedo hacer es ayudarte y hacerte compañia cuando me necesites. En cuanto a lo otro, por lo que cuentas, parece que has pasado la última prueba, el señor Ling se va a alegrar pues le hacía mucha ilusión que hiciésemos este viaje juntos. Así que quedate tranquila, lo estás haciendo todo bien, intenta dormir un rato que yo me quedo aqui contigo esperando al señor Ling y así no te sientes sola.

Me deslizé de nuevo entre las sábanas rogando porque todo esto fuera un sueño y a la vez sintiéndome más tranquila. A los pocos minutos estaba dormida. Soñé que miraba en el diccionario el significado del nombre que habia mencionado como de pasada Amán.

Djinns: espíritus libres e invisibles con poderes sobrenaturales. Algunas veces por accidente o a propósito se dejan ver o entran en contacto con los humanos. Los Djinns pueden tomar forma humana cuando así lo desean.

Los Dátiles de la Fortuna

Tres semanas necesité para acomodarme en mi nuevo apartamento y tres días para curarme de la gripe que me había atacado por sorpresa y de costado. Durante ese tiempo me había alimentado sólo de los dátiles que aquella mujer, Amán, tan gentilmente me regaló y de agua. Aunque toda esa experiencia me parecía todavia un sueño, los dátiles, o lo que quedaba de ellos, aún estaban en algún rincón de mi despensa. Con tanto que hacer y tantas citas como había tenido en las pasadas semanas me habia olvidado de ellos.

Hoy que habia llegado el fin de semana y quería disfrutar por fín de un poco de paz y soledad en mi nuevo reino había planeado hacerme algo rico para comer, leer un libro que habia comprado el dia anterior y aislarme de todo y de todos.

Entré en la cocina y saque los utensilios para la comida que me apetecia preparar, Osso Bucco. Por la mañana en la carnicería que había descubierto cerca de casa pudé conseguir una buena carne y en el mercado compré los restantes ingredientes. Mientras iba lavando la verdura y cortando cebolla tatareaba bajito la melodia de Ayer, mi tema preferido de un cd que me habían pasado hace poco. Me sentía bien, todavia un poco débil pero con la perspectiva de dos dias para mí sola, en paz con el mundo exterior y los demas humanos.

Saqué la carne de la nevera, y al hacerlo eché un vistazo rápido por la ventana, no por nada en especial sino por costumbre. El día era gris y caía una lluvia fina e invisible. Una silueta cruzó la calle hacia la acera de enfrente, algo en su tamaño o su forma de moverse debió de llamar mi atención pues con la carne todavía en la mano, me acerqué a la ventana e intenté ver algo más. La silueta desaparecía ya por la esquina y sólo alcancé a ver un trozito de la tela como de terciopelo del abrigo con el que se cubría.

- Qué raro! – pensé – A quién se le ocurre ponerse un abrigo de terciopelo en un dia lluvioso. Se le va a estropear -

Sin nada más que llamase mi interés, volví a mis guisos y una hora más tarde me sentaba a disfrutar del Osso Bucco. Me preparé un café, recogí los platos, apagué el móvil y conecté el contestador automático. Con el libro de Paul Auster y el café me tiré en el sofá. No puede resistir la tentación de oler las páginas del nuevo libro, desde que era una enana hacía eso con el papel, las revistas, los periódicos, los libros del colegio. Hay veces que el papel huele raro pero normalmente me encanta olerlo. Este no olía especialmente exótico. Volví la primera página y me tumbé un poco más en el sofa, apoyando la cabeza en el respaldo.

Eran tan cautivadoras las historias de Auster que cuando quise darme cuenta se habia hecho de noche, por lo menos estaba oscuro, miré el reloj, las 6 de la tarde. Me entraron ganas de salir a pasear un poco, ya no llovía y la calle estaba bastante solitaria, seguramente estaban ya todos en casa o preparándose para una noche de marcha en la gran ciudad. Me desperecé y echándome una chaqueta por encima, me calzé las zapatillas de exploradora y me lanzé a la calle.

No tenía un rumbo fijo así que me deje guiar por mis pies que suelen hasta el dia de hoy siempre me han hecho buen servicio. Doblé la esquina y seguí derechito hacia abajo. En el siguiente cruce, torcí a la izquierda y sin saber cómo, me encontré delante de la tetería dónde semanas atrás había conocido a Amán. Ella no estaba, por lo menos fuera, pero la tetería hoy si estaba abierta. Salía un olor a té, mezclado con chocolate y un vaporcillo caliente de la puerta del local. Decidida a averiguar cómo era por dentro y guiada por mi insaciable curiosidad, empujé la puerta y entré.

El local estaba en penumbras, sólo se veian puntitos de luz que correspondían a las mesitas ocupadas. No había mucha gente, apenas dos o tres lucecitas estaban prendidas. Me encaminé a la mesa, situada en una esquina junto a un ventanal que daba al jardín dónde Amán habia escondido sus dátiles, y me senté. Antes de poder acostumbrar la vista a la luz de la vela, ya había aparecido junto a mí una silueta que acercándo la cara a la luz y mirándome amablemente me preguntó qué deseaba tomar.

La cara que me miraba era decididamente asiática, con unas cejas muy finas y negras y una nariz afilada y corta. Los ojos eran muy negros y rasgados y con muchas arrugitas, eran ojos amables y divertidos a la vez. Como me había pillado de sorpresa, dije que solo me apetecía un té verde. El hombre hizo una pequeña inclinación de cabeza y se volvió hacia la barra. En ese momento pude ver que llevaba un abrigo de terciopelo azul oscuro sobre sus ropas. La tela era lujosa y brillaba, al moverse entre las lucecitas de las mesas.

A los pocos minutos volvió con una tetera muy bonita y una taza haciendo juego. Mientras él colocaba la porcelana sobre la mesita, me atreví a preguntarle si conocía a Amán y si habia visto a la vendedora de dátiles. El no me contestó al principio por lo que pensé que no me habia oido, cuando iba a repetir mi pregunta, levantó su cabeza y dijo

- Ahora ya puede disfrutar de su té y de este trozo de pastel que me he permitido traerle para acompañar. Lo ha hecho mi hija – continuó – espero que le guste tanto como sus dátiles -

Yo me quede boquiabierta. El se retiró elegantemente hacia las sombras sonriendo complacido. Probe el té todavia intrigada por lo que acababa de suceder. Cómo podía Amán, que era magrebí, ser la hija de este honorable señor? Ella me había contado que sus padres eran de Ketama y que ellos aún vivian allí cultivando Quif. Mi curiosidad cada vez estaba más excitada y la excitación siempre me da apetito así que cogí el pastel que tenía ante mí y me dispuse a darle un bocado. Mis dedos tocaron un papel al tomar el bizcocho, pero como estaba tan oscuro no alcanzaba a ver bien si era una envoltura u otra cosa. Acerqué la vela al platillo, levanté el pastel y ví que era una pequeña hoja de papel tranparente, como el papel cebolla que usabamos en el colegio para copiar mapas. Lo cogí entre los dedos, estaba un poco grasiento pues el pastel había dejado sus huellas en él. Me lo acerqué un poco más a los ojos y ví que habia algo escrito en él. Eran cuatro líneas en total, las dos primeras parecían escritas en árabe y las dos últimas en algo que me pareció chino.

Esperé impaciente a ver aparecer al hombre para hacerle señas de que se acercase a la mesa. Tomé otro sorbo de mi taza para tranquilizarme y mis pies comenzaron a golpear suavemtente el piso alfombrado impacientes. Al levantar los ojos de la taza vi que a mi lado había aparecido el hombre del abrigo y esperaba paciente con la cabeza un poco inclinada hacia la derecha y una sonrisa en los labios.

- Por favor, he encontrado este papel bajo el pastel, no se si estaba aquí por equivocación pero me gustaría mucho saber qué está escrito en él – le rogue

- Ah! El mensaje, ha encontrado el mensaje, o él le ha encontrado a usted, quién sabe – respondió aumentando el misterio.

- Sí, vale pero me puede traducir lo que pone? Por favor! – insistí

- Por supuesto, pero tranquilízese por favor, no hay prisa. O usted tiene prisa? – dijo

- Pues no, en realidad, no – contesté un poco asombrada de que alguién en esta ciudad no tuviera prisa

- Creo que deberíamos presentarnos. Mi nombre es Líng y soy el padre de Amán como ya le dije -

- Yo soy Valentina, hace poco que me mudé a vivir a este barrio y he estado enferma unos días así que no he salido mucho de casa – continué yo

- Valentina, curioso y bonito nombre. Qué significa en su idioma, porque usted no es de aquí, no?

- No, soy española. Nunca habia pensado en el significado de mi nombre, creo que tendrá algo que ver con valentía, pero no lo sé -

- Encantado de que nos haya visitado Valentina. Ahora si quiere le ayudaré a descifrar lo que está escrito en ese papel aunque no estoy seguro de poder ayudarla hasta el final, Amán utiliza a veces su propio idioma en los mensajes y no siempre soy capaz de traducirlos – me explicó

Le tendí el papelillo y él se acercó más a la vela. Tras unos segundos de reflexión me dijo

- La segunda parte del mensaje puedo descifrarla, está en chino y dice “Has superado la primera prueba: Los Amazigh se han puesto en camino” – leyó con una fina ceja delicadamente alzada y una sonrisa en los labios.

- Pero qué significa eso? Es un proverbio chino o qué es? – pregunté impaciente.

El señor Ling me miró como si le hubiese insultado. Me sonrojé en la oscuridad y quisé morderme la lengua.

- Lo siento dije, gracias por haberme traducido el mensaje, a veces soy un poco impetuosa, lo se -

El señor Ling aceptando mis disculpas y sin decir nada más se dispuso a retirar la tetera y la taza de mi mesita. Yo no quería que se fuese, quería saber más, además faltaba la otra parte del mensaje. Antes de retirarse con la porcelana se volvió de nuevo hacia mi y me dijo

- Vuelve otro dia, tal vez encuentres a Amán y ella te puede ayudar. Qué tengas una noche apacible – se despidió y desapareció sin que yo pudiera reaccionar.

Me quedé todavia unos minutos sentada a la mesita, contemplando el papel y pensativa. Me puse la chaqueta y me disponia a salir cuando me di cuenta de que no había pagado. Me acerqué a la barra pues no veia al señor Ling por ningún lado. La barra estaba vacia pero había una pizarra iluminada con dos velas dónde se podia leer

“Hoy té verde con pastel de dátiles gratis”
y en la siguiente línea
“Quien lo conoce se calla, y quien habla no lo ha conocido”

Sintiendome como una ignorante me dirigí hacia la puerta y salí de la teteria. El camino de vuelta a casa lo hice desilusionada, no podia dejar de pensar en el papelito y en el señor Ling, tenía la sensación de que lo habia defraudado, pero no acababa de entender porqué ni porque era tan importante para mí. Dentro de mi apartamento fuí derecha a la cocina a beber agua, me senté a la mesa y saqué el papelillo para leerlo otra vez. La dos primeras líneas estaban escritas con una caligrafía muy bonita, el árabe siempre me ha gustado, esos dibujos que parecen dunas con puntitos que tal vez son personas o caballos, el perfil de la luna, granitos de arena. Acordándome de Amán, me levanté y rebusqué en la despensa hasta encontrar una de las bolsas donde todavia quedaban algunos de los dátiles que me regaló. La abrí y eché los últimos en un recipiente de cristal, al hacerlo, cayó una cinta al suelo. Era azul oscuro, de raso, de unos veinte centímetros.

Parecía una de esas cintas que se utilizan para envolver un regalo caro, de esos que van en papel de arroz envueltos y con un lazo. Al darle vuelta a la cinta entre los dedos ví que en un borde había escrito algo. Salí de la despensa y volví a la mesa dónde habia más luz. Al mirar detenidamente la escritura me di cuenta que eran las mismas dos líneas que en el papelillo. Coloqué la cinta y el papel juntos y comprobé que era cierto, la única diferencia era que en la cinta el mensaje estaba en árabe y en español. Estaba tan nerviosa que tiré el vaso de agua encima de la mesa. La cinta se mojó, pero por suerte pude retirar rápidamente el papelillo a tiempo. Puse la cinta a secar encima del radiador sin haber podido leer el mensaje entero.

Tenía que tranquilizarme y pensar en otra cosa, me dije. Así que puse agua paraun té a calentar y me dispusé a hacer un flan para entretenerme mientras la cinta se secaba lentamente en el radiador. Encendí la radio para escuchar alguna voz que me distrajese de mis pensamientos que no cesaban de dar vueltas alrededor de la cinta de raso. El moderador me distrajo con su charla superficial y mientras batía los huevos para el flán, me fuí relajando y mi mente comenzó a ocuparse con otros temas. Cuando todo estaba listo metí el flán en el horno y pusé el reloj para que sonara en 40 minutos. Mientras esperaba a que el flán estuviese listo se me ocurrió buscar en Internet el significado de Ling, pues aunque el señor chino me había preguntado por el significado de mi nombre, no me había dicho cuál era el significado del suyo, si es que tenía alguno. Encontré rápidamente un diccionario chino-españos online e introduje en la casilla: Ling. Unos segundos más tarde apareció en la pantalla: Espíritu, duende. Con este nuevo descubrimiento que me dejó intrigada y pensativa casi habia logrado olvidarme de la cinta azul. Al levantarme para abrir la puerta del horno mis ojos giraron sin querer hacia el radiador, desde allí la tira azul oscuro y brilló como haciéndome un guiño. Me acerque a cogerla y ahora sí podía ver perfectamente lo que estaba escrito en ella:

“Ya has encontrado tu camino ahora solo tienes que seguirlo. Mucha suerte. Amán”

La vendedora de dátiles

El pasado fin de semana me mudé por fín de apartamento. Tanta energía me costó que me enfermé. En vista de eso hoy tuve que encerrarme en mi nuevo hogar, rodeada de cajas y con una fiebre que a ratos me haciá hundirme en una profunda modorra y a ratos me daba por ponerme a trabajar como loca. Al despertarme de uno de esos intervalos de sueño profundísimo he visto que en mi nuevo apartamento no tenía alimentos ni medicinas, ni siquiera una mala aspirina o una bolsita de té, así que me he dicho, mejor ahora que cuando estés peor, me he calzado las deportivas de siete leguas y agarrando el bolso en bandolera, me he lanzado a descubrir mi nuevo barrio.

Al salir del portal me ha abofeteado una ráfaga de aire helado que me ha devuelto temblando otra vez al rellano de la escalera. Yo, que no estaba dispuesta a dejarme arredrar tan facilmente, armándome de valor, lo intento de nuevo y ahí si, lo consigo y salgo al exterior para enfrentarme a un 30 de julio raro, frío, desapacible. Por lo menos a la farmacia y al super! – pienso para mí – hay que proveerse pues una no sabe cuánto le va a durar esta gripe. La farmacia esta cerquita así que rapidamente compró lo que necesito y sigo rumbo al super. Voy a piñón fijo, sin dejarme distraer ni seducir por nada ni nadie, pues mi supervivencia en los próximos días depende de ello. Ya reunidas todos los comestibles y bebestibles necesarios, pago a la cajera y salgo de nuevo a la calle fría y todavia una extraña para mí.

Este acto de valentía por mi parte me ha dado nuevas fuerzas así que decido tomarme un té en un recogido local que he vislumbrado por el rabillo del ojo al entrar al super y retrasar así un poco la vuelta a mi reclusión involuntaria. Al acercarme a la entrada veo a una mujer joven sentada en un banquito junto a la puerta del local. La puerta es de madera maciza pintada de azul profundo y luce un cartelito muy blanco y limpio anunciando que la tetería está cerrada por motivos familiares.

Totalmente desilusionada por no ver mi deseo cumplido, se me caen los hombros y miró resignada hacia el asfalto. Intentando sacar fuerzas de flaqueza, agarró las bolsas con la compra, cuyo peso ha aumentado con la desilusión, cuando oigo una voz femenina. La mujer del banco se está dirigiendo a mí y me hace señas con una elegante mano decorada con hennah. Me acercó a ella y me quedo parada sin saber qué esperar. La mujer me hace sitio en el banquito y me pide que me siente. De repente me doy cuenta que ha hablado en castellano, muy sorprendida se lo hago notar, ella con una sonrisa misteriosa, me explica que puede hablarlo perfectamente y que haga el favor de sentarme, que parezco muy cansada y necesito una pausa.

Más animada por la amable invitación, cosa infrecuente por estos lares berlineses, deposito mis bolsas en el suelo y me acomodo al lado de la desconocida.

- Me llamo Aman – dice ella alargando la mano fina y cuidada

- Yo Valentina – respondo, estrechándole la mano entre las mías heladas – soy española – añado, sin saber muy bien por qué.

Ella sonrió y comenzó a hablar

- Nací en Al-Mamlaka al-Maghribiya en la región montañosa conocida por El Rif, si eres de España seguramente has oido hablar de esa zona, no? Crecí rodeada de olorosas plantaciones de Quif cerca de Ketama. Seguro que eso también te suena, allí llegan montones de españoles a comprar chocolate. Cuando tenía catorce años me escapé de la casa de mis padres que querian casarme con un hombre que yo no había visto nunca. Estuve viajando mucho, ocultándome, disfrazándome con otras identidades. Me ayudó mucho el haber aprendido francés y español en la escuela. Finalmente llegué a España y de ahí me fué fácil pasar a Francia donde estudié varios años. Pasado un tiempo me cansé de ese país y decidí probar suerte aquí. Y aquí nos hemos encontrado, qué casualidad, una española y una magrebí tan lejos de sus tierras.

Mientras ella hablaba su voz me iba tranquilizando y el cansancio iba lentamente despidiendose. Tenía un ritmo pausado pero vivo al hablar y una voz cantarina pero no estridente. Mi mente empezó a volar hacia sus montañas del Rif cubiertas de miles de hojas de cannabis, secándose al sol, despidiendo ese olor tan penetrante y ácido.

- Bueno y qué haces aquí, Aman? – le pregunté viendo que ella hacia una pausa en su relato

- Lo mejor que se hacer, escuchar a la gente y vender dátiles de la fortuna – contesta, complacida de poder seguir hablando de ella

- Dátiles de la fortuna? Nunca he oido eso. Cómo las galletas de la fortuna chinas?

- Algo así. Sábes? Los dátiles son un fruto maravilloso, en mi país hay gente que se alimenta sólo de dátiles y de agua cuando no tienen otra cosa que comer. Por cierto, mi gente se hace llamar Amazigh que significa Hombres Libres. Y los hombres libres tienen que conformarse a veces con comer sólo dátiles. Y sabes lo que creo? Qué a tí también te vendría bien una dieta de dátiles, son muy nutritivos y estando enferma como estás, te harían mucho bien – me suelta

- Bueno, vale, si tu lo dices, te creo. Pero cuéntame más la parte de la fortuna. Porque de eso creo que también necesito bastante. Estaría bien matar dos pájaros de un tiro – respondo, todavia un poco incrédula pues aunque me encantan los dátiles no estaba yo muy convencida de aguantar esta gripe a base de dátiles y agua.

Aman se levantó y fué hacia un rincón del patio dónde estábamos sentadas y regresó con un frasco de cristal grande lleno hasta los bordes de jugosos dátiles.

- Mira, dáme una de las bolsas esas del super, que te voy a echar unos cuantos dátiles. Con esto vas a tener suficiente para los días que necesitas para ponerte buena otra vez – continuó, llenando una de las bolsas de plástico.

- Y ahora qué hago con todo esto – protesté yo, señalando los yogures con bífidus activo, las bebidas de diseño, el queso desnatado, y mil otras nimiedades que me habían seducido en el supermecado.

- Pues tirarlas, claro, qué vas a hacer? Vaya pregunta! – exclama ella

Decido hacerla caso, pues soy de la opinión, que las cosas se hacen enteras y con convicción o mejor no hacerlas. Tiro todos los recien adquiridos alimentos y ya más aliviada me voy a sentar, deseosa que Aman continue su relato, cuando veo que ha desaparecido. Miro a un lado y a otro, busco en el rincón de dónde había sacado los dátiles, pero nada, no aparece.

Espero todavía un rato sentadita en el banco, esta empezando a oscurecer y tengo frio, decido volver a casa, con las bolsas llenas ahora de dátiles de la fortuna, y volver al dia siguiente. Llego al apartamento rendida de cansancio, me tiro en la cama y me duermo, profundamente, en el mismo instante en que toco la almohada.


Notas de la autora:
Amazigh es el término correcto con el se denomina a los pueblos Berber y significa Hombres Libres. El término Berber fué acuñado por los romanos y proviene del latín barbarus con los que se designaba a los pueblos que rehusaban integrarse a la civilización grecoromana.
Al-Mamlaka al-Maghribiya es el nombre árabe de Marruecos y significa El Imperio Occidental

Primer desenlace

JAVIER Y ADA

Javier se quedó quieto, temblando.

- Tienes frío? – le susurró una voz

Javier no estaba seguro si la pregunta provenía de Ada que seguía apoyada en su espalda o de las profundides del lago que se había quedado muy quieto. Por eso no contestó, se limitó a inclinarse muy despacio hacia dónde yacía la camisa, de la que Ada le había despojado hacía pocos minutos y, apartándose del cuerpo de ella comenzó a abotonarsela con gestos lentos y precisos, sin dirigirle la mirada a su amiga.

Ada paró sus orejitas e inclinó la cabeza hacia un lado, como intentando escuchar una voz sólo audible para ella. Este gesto le recordó a su perrito Milú, pensó Javier, deseando que Ella hubiera llegado a tiempo a casa para darle de comer y acompañarle en su salida nocturna.

Todo se había quedado silencioso, hasta el rumor de las hojas y el chapoteo del agua en la orilla se habían desvanecido. Ada seguía en el mismo lugar, donde él la había dejado y miraba el agua del lago que parecía muy tranquila. Se arrodilló cogiendo un puñadito de arena entre las manos, para poder sentir algo. El montoncito se sentía frío y húmedo en las palmas de sus manos. Con la mirada vuelta al agua, dejó que los granitos fueran escurriéndosele entre los dedos, hasta que sólo se quedó con una fina capita de polvo pegada a la piel.

Javier había terminado de recoger todas sus cosas y estaba esperándola. Ada echó una última mirada hacia el lago y creyó divisar entre las sombras una silueta que emergía por unos instantes sobre la superficie para, tan rápido como había aparecido, volver a sumergirse y desaparecer. No queriendo impacientar a Javier buscó nerviosa en la hierba hasta encontrar sus pantalones y se los pusó apresuradamente. Caminó hacia la salida, siguiendo a Javier, mirando distraída las siluetas de los árboles en sombras, deseando que ellas le dieran una pista.

Salieron por fín del parque a la calle Ferraz y continuaron hasta Moncloa.

- Bueno Javier, yo voy a coger un taxi, estoy cansada y todavía tengo algo de trabajo esperándome en casa – dijo Ada a modo de despedida, señalando la parada de taxis.

- Cuándo nos vemos? – preguntó él, ocultando los ojos bajo la visera de una gorra que se le había posado como por arte de magia sobre la cabeza.

- Ya veremos, no? – contestó Ada, insegura de si la pregunta era una fórmula de cortesía. Se había quedado quieta sin atreverse a cruzar la distancia de pocos pasos que les separaba para despedirse.

Javier como siempre muy bien educado, se acercó y le depositó un beso en cada mejilla

- Qué tengas un dia guai, tía, nos vemos – añadió como despedida.

Segundo desenlace

JAVIER – Ariel! cómo lo llevas? Perdona que no te he llamado esta semana pero es que he tenido unos días horribles de trabajo. Estoy hecho polvo. Cuenta, qué tal llevas tu problemilla. Ese que me contaste, el de las tetas y las caras.

ARIEL – La verdad es que desde la última vez que nos vimos no he vuelto a pensar en ello. La otra noche me cité con Marta, te acuerdas que ya te hablé de ella alguna vez?

Javier – Si, si pero nunca llegué a conocerla. La tenías bien escondidita, eh? Sólo pa tí, hay que compartir más, macho, que los amigos tambien están para eso!

Ariel – Pero qué va! Nunca la he tenido escondida, es que dió la casualidad que no coincidimos en ningún lugar. Además ella no suele bajar mucho al centro asi que no surgió. Pues sí, la otra noche fuimos a cenar y después a mi casa y nos despedimos.

Javier – Cómo que os despedistéis? Es que se marcha?

Ariel – De viaje no sé si tiene planeado irse, pero me refería a que nos despedimos de nuestra historia, rollo o cómo quieras llamarlo. No lo teníamos planeado pero creo que los dos llegamos a la misma conclusión, en el mismo momento.

Javier – Y? Qué pasa ahora? Ya no os váis a ver más, me parece difícil no?

Ariel – Qué va! Claro que nos vamos a ver! Ahora lo llevamos mucho mejor.

Javier – Y Marta? Cómo lo lleva?

Ariel – Creo que mejor todavía que yo, ella no tenía intención de poner otra vez un pié en mi casa, creo que tenía bastante miedo de lo que podía volver a pasar.

Javier – Y…

Ariel – Pues de puta madre! Cambiando de tema, Marta me comentó si conocía algún terapeuta pues ella conoce a uno pero es amigo y no quiere andar contándole esas historias. Yo le hablé de tí y me pidió tu tarjeta para llamarte. Pero no sé si lo hará… Sólo quería avisarte por si se decide a llamarte, yo no le comenté que eramos amigos de hace tiempo, simplemente le dije que eramos conocidos y utilizé tu segundo nombre Alejandro.

Javier – Vale, entonces parece que el final fué féliz, me alegro de verdad. Tú lo pasaste un poquito mal con esa historia de Marta no?

Ariel no contestó y alegando que tenía un poco de prisa, se despidió de su amigo y colgó.

La Jardinera del Fondo del Mar I

Umi había sido concebida una fría noche de invierno en una pequeña casita a las afueras de una gran ciudad. Durante su gestación y viendo sus jóvenes papás que su humilde hogar no era lo más apropiado para sus planes de formar una gran familia, decidieron probar suerte y empaquetando en una maletita de tela sus escasas pertenencias se metieron en el 600 y pusieron rumbo hacia la costa.

Apretaditos y calentitos en el pequeño coche, llegaron a recorrer unos cuatrocientos kilómetros antes de que el autito exclamara – Hasta aquí llegué! Creyendo que ese sitio era tan bueno como cualquier otro, lo importante era haber llegado por fín a la costa y respirar aire puro, decidieron entregarse a los designios del destino y buscaron un hotel para pasar la primera noche.

A los pocos días el papá de Umi que era un incansable trabajador y amantísimo esposo, deseoso de darle todos los caprichos a su esposa y su futuro retoño, había encontrado ya dos trabajos uno por las tardes y otro por las noches. A pesar de eso, no les llegaba el dinero a fín de mes, aunque las vecinas y comadres del barrio, viéndoles tan jóvenes y tan buenas personas y sabiendo que había un bebe de camino, les ayudaban en todo lo que podían.

Pasaban los meses y la mamá de Umi seguía engordando. El papá estaba muy ilusionado por verle ya la carita al bebé y ansioso por darles todo lo mejor se puso a meditar sobre el problema. Esa noche al volver del trabajo, cansado pero alegre pues había encontrado la solución a sus problemas, despertó a su mujer y le relató su idea. Cómo todavía le quedaban un par de horas libres entre trabajo y trabajo iría todos los días a las cinco de la mañana a la playa a pescar coquinas. Con la pesca diaria la mamá de Umi iría al mercado del pueblo y con el resultado de la venta podrían permitirse algún lujo de vez en cuando. La mamá de Umi se quedó encantada con la ocurrente idea de su esposo, eso significaría que alguna tarde podrían ir, como todas las otras jóvenes parejas que tanta envidia le daban, a pasear de la mano por el bulevar y sentarse a una terraza a tomar una horchata con fartons o una leche merengada. Con estas nuevas perspectivas se durmieron los dos felices, no sin antes poner el despertador para las cinco de la mañana siguiente.

El papá de Umi sacó de la maletita de tela su traje de inmersión, féliz de poder volver a dedicarse a uno de sus hobbys y encima sacarle provecho. El papá de Umi era muy pragmático. Así enfundado en el estrecho traje plástico, que le protegería del frío, se dirigió al dormitorio dónde creía todavia dormida a su mujer. Cuál fué su sorpresa al encontrarse a su esposa con un traje veraniego de florecitas amarillas y una pañoleta azul recogiéndole los cabellos largos y negros. Qué guapa es! – pensó y le entraron ganas de volver a meterse en la cama con ella, olvidarse de las malditas coquinas y hacerle el amor hasta el atardecer.

Yo te acompaño, amor mío! – dijo muy alegre la mamá de Umi – ya sabes que me da muchísimo miedo cuando te metes en el mar y quiero estar en la orilla por si pasa algo poder pedir ayuda – añadió, no tan alegre ya. La pobre mamá de Umi tenía miedo a muchísimas cosas: al mar, a las tormentas, a las alturas y a las profundidades, a quedarse sola.

Cómo quieras, así me haces compañía – contestó el papá de Umi

Y de esa guisa, el papá enfundado en su traje de buzo y la mamá con traje de florecillas y canasto de paja, cogiditos de la mano salieron rumbo al mar y a la playa. Hacía fresco pues a esas tempranas horas, aún tratándose de la Costa del Azahar, la brisa era cortante. Ellos iban tan contentos que no sentían el vientecillo marinero, el uno, todavía pensando en el frustrado amorío mañanero y la otra, haciendo cuentas de todas las horchatas que iban a poder degustar con el dinero de las coquinas, cosa natural en su estado de buena esperanza. Buscaron un lugar apartado y recogido y la mamá de Umi, divisando una roca bastante chata y suficiente grande como para sentarse cómodamente sin temor a resbalar y caer, le hizo una seña a su esposo para que la ayudase a subir y allí se quedó, sentadita, con la mirada fija en la nuca de su marido que iba desapareciendo poco a poco entre las aguas brumosas. Como mujer prevenida y temerosa que era, había llevado un silbato con ella, con él que a la menor señal de que su amado esposo corría algún peligro, pensaba despertar a todo el vecindario.

Mientras estos acontecimientos se desarrollaban en el exterior, Umi se estaba empezando a revolver dentro de la tripita de su mamá pues todo este ajetreo a tan tempranas horas, no le gustaba para nada. Ella era muy tranquilita y amaba la armonía, escuchar los ruiditos que venían ahogados del exterior, dejarse mecer por las aguas que la rodeaban, y en fín, dormir y soñar.

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