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Fernando

No lo vas a creer, Chicho. Ese día, ahora no me acuerdo exactamente por qué razón caminé por ahí. Pero pasé cerca del Ibero Amerikanische Institut de Berlín. Era en el año, déjame pensar, 1999, 2000, creo. O sea cuando De la Rúa era Presidente de la Republica. Y yo lo conozco. Es un amigo de la infancia, para decirlo de alguna manera. ¿Querés más vino?

La verdad, te cuento, a De la Rúa yo lo conozco de Santa Fé (¿Córdoba? Es de ahí). El tipo algo sospechoso, medio que quería engancharme. Bueno, era otra época. Pero me hizo entender que estaba interesado. Nunca pasó nada. Porque el tipo era un plomo. Un lagarto. No sé cómo explicarte. Igual yo andando por ahí, lo veo. Fernando, le grité, ya desde lejos, como si fuéramos jóvenes de vuelta. Y el tipo me reconoce. Pero había mucha gente ahí. La delegación oficial, creo que también el alcalde de Berlín (no lo conozco de cara, pero había un gordito sonreilón) y su tropa y el personal de seguridad que, ya medio asustado por mi grito de corazón, corre para adelante formando de alguna manera una especie de muro humano, un cerco alrededor de De la Rúa y – si es que era – el alcalde de Berlín.

Supongo que temían que yo fuera una loca que quería acercarse al Presi para clavarle alguna estatuita de algún monumento, letal seguro sería un modelo de la torre de televisión del Alexanderplatz. Pero, ¿cómo? Todo bien con él. Así que Fernando disuelve el operativo de seguridad y se me acerca, me abraza, me da un beso en la mejilla, muy cerca de la boca. Es un gentleman. Pero muy aburrido. Me dice que me va a llamar, que ahora no tiene tiempo porque tiene que inaugurar una estatua de San Martín. Se despide. Sigue de lejos.

El otro día me llamó, pero medio se hizo el histérico, propuso fechas para un posible encuentro para llamar de nuevo y correrlas. Nunca nos vimos. Es un gil.

Demasiadas series

Cuando ví salir de la casa de Ludmila del Río a Fantastina, supe de que estaban tramando algo gordo. Quizás todo fuese mi imaginación. O tal vez no. La cuenta regresiva estaba activada, yo estaba seguro de ello. No toda bomba es de tiempo, pero sí puede activarse sin que lo imaginemos en cualquier momento. Vivir a las sombra no garantiza invisibilidad sino que más bien nos protege de la misma forma en que un niño se tapa los ojos para no ser visto. Quise decirles algo, pero no supe ni cómo ni cuándo.

* * *

Por fin sonó el telefono. “Estoy lista”, dijo la voz. “Avancemos entonces”, contestaron.

Cada fin de semana era una mera repetición del pasado. Era evidente de que debían cambiar de ambiente. Más bien, quizás, de ciudad, de gente, ver otros rostros, confrontar otras mentalidades. El taxi al aeropuerto iba a estar esperando en menos de cinco minutos en la puerta. Acarició su rostro, apenas, con la punta de sus dedos. No hubo despedida.

* * *

- Mira aquellos bagels
- Mhhhh, se ven de maravilla

Compraron media docena y se sentaron al sol a saborearlos. Pocas veces salían juntas a la intemperie. La trama podría ser descubierta.

* * *

Qué desperdicio. La libertad debería ser uno de los bienes más preciados. Solo un buen motivo podía justificar prescindir de ella. En eso estaba pensando yo, cuando, por la ventana ingresó casi desapercibido una disparo de francotirador. El silenciador del arma me permitió desplomarme en paz y silencio. Me quedé quieto porque no entendía qué sucedía. También porque mi inteligencia cultivada en series de agentes secretos me indicó de que lo correcto era hacerse pasar por muerto. De tal forma, quizás no disparasen nuevamente.

Al despertar del desmayo, sin saber bien qué hora era, no fui hasta el teléfono a llamar a la ambulancia. Más bien me arrastré hasta la computadora y comencé a escribir.

Estrella fugaz

“Nada mejor que uno mismo para pifiarle”
Juán Remigio Pattiori (futbolista argentino)

A veces hay momentos de situaciones cotidianas que son como el paso de una estrella fugaz: Iluminan con tenaz claridad por un instante, y, para una gran mayoría de los espectadores, pasan desapercibidos, o, sino tambien, son olvidados muy rápidamente.

La noche de mi fiesta de cumpleanos, cuando Beltrán, total y absolutamente fuera de sí me amenazó con la obligación de seguir bebiendo de esos tragos cortos y venenosos, no me percaté de nada, tan solo obedecí. Han pasado unas semanas desde aquel entonces y ahora me doy cuenta de que su acusación hacia mi persona, en cuanto a que yo era un tipo demasiado “controlado”, iba dirigida pura y exclusivamente a sí mismo. Más de una persona fue testigo de la brutal transformación que sufrió este personaje aquella noche, en la que pasó el límite en todo sentido habido y por haber.

Hoy deseo decirle a mi amigo de que si fuese mas medido y equilibrado, si sus vínculos amoroso-emocionales con las mujeres fuesen algo más racionales, y, sus actividades laborales algo más pasionales, le iría mejor. La bestia que ataca directo asusta, el “pecho frío” de los proyectos genera irritación en los demás seres comprometidos.

* * *

Así como sucedió con Beltrán, viví una situación hace ya un par de anos con mi amigo Codornicio que lo dijo todo. Habíamos hecho escala en una estación de metro de Berlín. Esperábamos pacientemente al próximo tren cuando vimos una mujer de rarísimo aspecto deambulando por el andén. Su pinta se confirmó en actitudes y, nos dimos cuenta, observándola desde cierta distancia, de que era uno más de esos personajes totalmente desequilibrados que circulan por los transportes públicos de la ciudad.

Sin percatarnos siquiera, la mujer estuvo de repente a nuestro lado y se dirigió hacia nosotros de forma desafiante; en fin, así como los dementes algunas veces hablan, en voz más que alta, confusa, con tono agresivo. Yo la ignoré y ella entonces pasó de largo hacia mi amigo. Y créanme de que nunca lo había visto con semejante cara de aterrorizado. Saltó hacia un costado, bajó la mirada y se encongió, achicándose aún más de lo menudo que es naturalmente.

Lo conozco desde hace ya casi dos décadas. Y siempre me llamó la atención su actitud competitiva y bélica frente a los hombres, sacando pecho y parándose en puntas de pié para aumentar su estatura. Todo un tipo valiente. Por otro lado, esa imagen, solía contrastar con la manera en que su actitud cambiaba cuando se relaciona a una mujer, casi contraponiéndose a su postura de macho en vela. El tono meloso, la voz suave, casi temerosa, la actitudes de entrega exageradas hacia ellas lo convertían en lo que en castellano rioplatense llamamos un auténtico “pollerudo” (algo así como calificarlo de “perrito faldero”).

Hoy por hoy lo veo igual, nada ha cambiado, es un tipo constante y coherente con su pasado. Hace anos que bromeo dicendole de que le iría mejor si tratase a los hombres un poquito más como a las mujeres y viceversa. Algo más de firmeza con la hembra y algo más de suavidad con el machote le ayudarían a estabelecer vínculos más equilibrados. Pero ya no le digo nada: Quién no quiera escuchar, es porque realmente no le interesa. Y deseo respetarlo.

* * *

Esta manana me encontré conmigo mismo y no fue en el espejo. Más bien digamos de que fue casi vislumbrándose el mediodía porque suelo trabajar hasta altas horas de la noche. No, les aclaro, aún no ejerzo la prostitución, lo mío son los alfajores de maicena y las empanadas; las tarifas de luz y gas son más convenientes de noche y por eso la actividad productiva se realiza a hacia horas avanzadas del día. Por eso, aún medio abombado por el tardío despertar, quizás aún dominado por las sensaciones del último sueno, me topé con Superguacho en la cocina de casa.

Si se hubiese tratado de un cuento, hubiera pensado de que se trataba de un recurso literario fantástico. Pero no lo era, él – es decir: yo – era bien real. Quizás por esto no me sentí ni sorprendido ni incómodo con la situación. Pensé por un instante de que podría tratarse de una broma de ella, mi novia. Pero como había salido temprano a pasear a sus mascotas (perro, gato, pollito, arana pollito y al avestruz), no tuve otra alternativa que hacerme cargo de la situación.

Hablamos de cualquier cosa. Y fue ahí, por un instante, de que me dí cuenta que no estaba acostumbrado a escucharme, y, menos aún, a pensarme a mí mismo como un ser más de la constelación que me rodea, ni tampoco – lo que es aún peor – a ser permeable a los consejos que tanto me gusta pensar para los demás.

De vuelta en casa, mi novia y sus mascotas, ayudaron a reafirmar mi sensación. Ninguno de sus animalitos es conciente del tipo de ente que es y todos desean comer de la misma manera que lo hacemos nosotros, como humanos, porque ellos, a sí mismos, jamás se piensan como diferentes. Abrí la boca y me introduje un bocado de tortilla de papas mientras las fieras a mi alrededor no dejaban de observarme con envidia.

Porque los dedos tienen memoria es que…

Nota a un video de Dikesso tocando el piano.

Si salieron de los dedos, salieron de los cabos de los cuerpos/Ellos son por donde todo entra y todo sale/Son lo que el corazón no necesita para seguir latiendo, pero sí para no seguir entristeciendo/¿Nunca vieron como los brujos mueven los dedos para invocar a los espíritus joviales?/¿Nunca vieron como se mueven los dedos de Diea mientras toca Paranoid Android?/Se me hace que estas notas buscan otra memoria para los dedos/Por eso les he dado la bienvenida a casa/Pensé todo el día en la urgencia de ese cambio/Ahora aprieto Play y escucho un ensayo para esa nueva memoria/Hoy ya no me importa más la calle/Mañana será otro día en el que buscar más ensayos / El hecho que el de hoy vuelva a estar en casa mañana, retrasa la urgencia/ Espero volver a tener suerte , y sino será pasado o pasado…

Berlín y el Tango (Final)

“Cuando hemos comprendido la alteridad del otro
no terminamos jamás de comprenderlo”

E. L.

¿Qué otra cosa más que deshacer puede hacerse si no queremos limitarnos a consumir o a comprar los sentidos de la vida? Para evitar que esta carta se convierta en un producto compacto, maleable e instructivo que sólo se limite a predicar, mandar y ordenar; he intentado que pueda dispersarse, abrirse y romperse infinitas veces, de modo que nunca llegue a alcanzarse algo así cómo un fondo que le diga lo que ella tiene que hacer con su vida. Mi ambición es escribirle una carta que quede depositada en las estanterías de su biblioteca como si fuera un vaso de agua. Una carta que cuando empiece a leerla no la convenza de hacer algo sino que simplemente desparrame su contenido y  humedezca sus manos de mí.

Pero vayamos más lentos ¿Cómo se dispersa una carta?, ¿Es la dispersión una característica necesaria de la carta, existen cartas que sean productos limitados, escuetos, compactos, productos de entretenimiento, productos hechos según las reglas de entretenimiento del buen mercado? A mí me parece que la carta contiene algo que dice y algo que no dice, y también creo que hay cartas que se preocupan por eso que no dicen y otras cartas que simplemente no lo hacen, a las que les importa un pito y prefieren no librarnos a ese campo abierto, no liberarnos a la existencia en su máxima responsabilidad. Dicho de otro modo hay cartas que quieren protegernos del peligro inevitable de no saber nada del otro, mientras otras abren la puerta a esa inminencia de lo desconocido a la que inevitablemente será hora de responder sin ordenar. La existencia de este último tipo de cartas ayudan a que la lectura siempre se convierta en escritura.

Es decir, a que el lector sea instigado a escribir lo que no se dice, o con lo que ha quedado responsabilizado. Por eso digo que hay cartas que hacen que la lectura sea un vaso de agua que se rompe, y otras, que simplemente se quedan conservando el frasco. Es importante empezar a perderle respeto a la carta, empezar a hacer uso de la carta, a romperla o comérsela si hace falta (Recuerdo que en una novela de Bernhard había un personaje que se iba comiendo de a poco “El mundo como voluntad y representación” de Schopenhauer y que encima no engordaba ni un poco) para que después nos veamos instigados a responder, a crear, a proponer. El comer a cagar, el humedecer a artesanasear…

Hace poco fue Navidad y otra vez vi a los niños abriendo salvajemente el papel de regalo con la misma intima fuerza con la que luego probablemente abrirían y romperían el juguete para ver su interior. Hay una misma secreta fuerza que comunica ambos actos, una mezcla de curiosidad y ansiedad, pero ante todo, una energía, un instinto creativo, una fuerte experiencia de que no hay fondo y de que nada esta dado o definitivamente terminado, de que no todo se ha acabado. Porque cuando el niño ya tenga el fondo, abandonara ese juguete para buscar ya en otro, otra vez lo que hay adentro. ¿Cómo seria regalar una carta?, ¿No es una carta el lugar sin fin, sin último interior? ¿Puede una carta abrirse y cerrarse infinitamente encontrando un nuevo fondo sin fondo y cerrando así, por fin, el circulo de la repetición para concentrar la fuerza de la que se desgasta la vida en la ansiedad eterna?

Querido amor:

A tu hijo que ya no será mi hijo, o que quizá si lo sea, aunque no biológico, le regalaré una carta. ¿Cuánta importancia puede haber en quién es el padre biológico?. No importa tanto el padre como el mismo hijo. Pero, por favor, te lo pido como un favor, busca siempre al hijo, sigue buscándolo incluso cuando ya lo tengas y ya estés buscando al padre. El padre puede ser también el hijo, así que permanece siempre en el hijo ¡qué lastima que no todos los hijos sean huérfanos de padre! pues qué mejor que hacer saber que el hijo no tiene padre sino que tiene hijo o que el padre es también antes de ser padre hijo. Como te decía, a tu hijo le regalaré una carta. Esa carta que le regalaré será la carta que concentre las fuerzas de la ansiedad eterna.

Yo la amo por eso y siempre la seguiré amando por eso. Pero está bien claro que quienes tienen el problema de ver los gestos, los sucesos y las representaciones de otra manera que las que son, o mejor dicho, quienes los interpretan inclinándose por la paciencia de que el otro encuentre su manera, no puede seguir viviendo con quien así ya no lo ve, con quien quiere asegurarse la vida junto a alguien que sea así como le gustaría que sea.

No hay rencor, lo que hay es nostalgia, nostalgia y miedo de no haber llegado a mostrarte todo lo que yo veía cuando vos me contabas y me decías tu opinión de todo lo que veías, o cuando vos te sumabas a todo lo que te sumabas sin preguntarte nada acerca del por qué. Y quiero ser aún más preciso sabes, quiero ser todo lo preciso posible, y así lo quiero, porque quiero que sepas distinguirme, que sepas que yo soy yo y que aquel es aquel.

Hoy voy a hablar del tango, otra de tus herencias. Es gracioso que a pesar de que yo soy de buenos aires hayas sido tú quien me lo ha regalado. Es por eso que esta carta es para ti y no para mis antepasados tangueros. Es por eso que acabo de escribir por lo que estoy obligado a pensar en lo que es una herencia. Empecemos por decir que en realidad nuestra tradición por sí misma nos da poco o nada de herencias si no hay alguien que nos involucre en algo. No importa quien sea ni de donde venga, no importa si es alguien lejano a mi lugar de nacimiento, sólo alguien nos hace herederos. Fíjate que de hecho has sido tú de quien he heredado este tema para pensar o esta música para bailar. Claro que muchos me han hablado del tango, pero tú me has conducido a ello, invitado a ello, hecho una propuesta seria, poniéndome un día y una hora, acogiéndome,  ayudándome a dar los primeros pasos y recibiéndome en el baile. Pero toda hospitalidad amor mío tiene un riesgo. Su riesgo es el de ofrecerse pidiendo a cambio que la devolución sea bajo el estilo de quien hospeda, que lo que se devuelva sea lo que tu quieres recibir, esperando eso sin abrir los brazos a quien trae algo distinto para decir, a quien quiere decir algo distinto. Porque si ahora me dices que “In meinem Haus darf man manche Gedanken nicht ausdrücken” me dejas a cuadros, porque si significa que si decidiera quedarme ya no podría ofrecerte nada mío y que solo tendría derecho a estar callado. El hospedado, querido amor y querido Emmanuel, no es hospedado por vos sino por la casa y el dueño de la casa es también un hospedado, pues la casa lo sobrevivirá, y al ser esto así, sólo puede ser la casa misma, antes de vos y antes de mí, la que merezca el nombre de dueño de casa. Y ahora que digo esto mi amor ¿Cuánto le falta a las fronteras externas de Europa para entenderlo, cuánto para asimilarlo? ¡Cuánto miedo al peligro! Pero justo cuando todo esta en peligro, cuando te pones en peligro, cuando algo de ti se pone en peligro y entiendes que por él o por ella eres responsable es cuando aparece la hospitalidad. Es así como muchas veces me hiciste sentir, es así como muchas veces no me hiciste sentir. Pero no sé porque te lo digo si en el fondo tú lo sabes, todo lo que te digo lo sabes. Lo único que ocurre es que si es así como siempre actuases habría demasiadas cosas que perder.

El paso decidido a perder todo lo que no ayude a seguir cultivando esta hospitalidad es el paso a ganar todo lo que aún no sabemos y a también quizás poder empezar a decir que no todo esta dicho y que aún nada sabemos de lo desconocido, que nada sabemos de aprender a permanecer en lo desconocido. No son las personas las que perderás. No perderás los amigos y menos aún los padres. Los padres no dejan de estar. El padre siempre se adapta al hijo. Si cambiamos al padre ganaremos al hijo que con un poco de suerte puede ir ganando espacio hasta la desaparición del padre.

Me invitaste con una fuerza muy concreta que me indicaba lugar y fecha, que me ofrecía una pareja y que me indicaba cada pasó. Yo lo jugué. Yo jugué con vos y quería seguir jugando cuando te invite al juego de pensar el contexto del tango. Es decir, cuando te invite a un juego desde ese juego pero para vos no había tiempo que perder.

¿Y eso qué se hace sin pensar?, ¿Qué es lo que hay allí? ¿Qué se esconde detrás de ese sentimiento consolador del servilismo del acto que no dice lo que piensa? Sin consuelo, nazcamos del dolor de sacar a la luz todo lo que tengamos que ocultarnos: “sácame esta cara infame, julio, déjame gritar al fin mi verdadero nombre”

La herencia debemos pensarla  como nos salga del orto. Y quizás aquí volvamos a pelearnos, pero no importa, bien vale el intento de volver a desatar una vez más otra guerra contigo porque es así como nuestra relación es posible. La última relación posible es la del roce sin fin y sin cansancio, la única pareja posible es la que ve en el roce y en la chispa el único motor para continuar juntos. No hay paz hay guerra continua y la creencia en la paz es lo que probablemente produzca la extremada guerra política que culmina con la matanza de gente. No todos pueden convivir con el roce, el roce requiere tanta energía viva que siempre terminamos optando por lo muerto, por la paz burguesa, por el pan nuestro de cada día danos de hoy, por el niño sin cartas, por entrar y ponernos los zapatos de casa. Y allí volvemos a la hospitalidad, porque ahora resulta que como queremos la paz y el olvido de nosotros mismos, luego llegara la hora de proteger ese olvido, esa paz  y ahí es cuando aparecen las preguntas que respetan a los ejercitos: ¿Quienes son esos? ¿Qué te parece esta pistola? ¿y si disparamos esta bomba? El hombre occidental tiene el culo demasiado gordo, demasiado pesado para poder vivir en tensión ¿no te parece mi amor?.

Si alguien lee esta carta quiero que sepa que no por amarla dejo de amar a mis otros amores. Estoy seguro de que existe cierto riesgo absoluto, la posibilidad de la estancia ante el abismo constante, la individualidad absoluta que hace que tú seas todo para mi, todo y también totalmente otro. Es en ese otro totalmente otro donde nace el amor. El amor por ti es el amor a lo desconocido, el amor a lo completamente desconocido de nuestros conocidos, a lo desconocido de nosotros mismos. Si compartimos ese lugar nos compartiremos también cuando no hablamos y cuando perdemos el tiempo juntos.

Aquí no hablo del tango a medias, de su ilusión, de su entretenimiento. Aquí lo veo como un escape, algo que ella también intuyo en el vacío que se le quedaba después de la milonga, cuando volvía a casa y se acostaba a preguntarse para qué había ido. Por eso hablo sobre todo del afuera del tango, del afuera de sus pasos y de sus reglas y me centro en su necesidad, la necesidad de una carencia que posiblemente este en muchas otras actividades, pero yo, aquí, hablaré del tango y luego que sea el lector el que juzgue en que otras actividades esa necesidad es posible. Hablaré allí donde el tango se vuelve realmente triste, realmente también la señal de un vacío que no por eso no puede seguir bailándose.

Y ahora que ya sabes lo que te digo cuando en la milonga te digo ¿Queres bailar bombón?, ¿seguís queriendo bailar?

Berlin y el tango (primera parte)

“Cuando hemos comprendido la alteridad del
otro no terminamos jamás de comprenderlo”

E. Lévinas

Cada lunes desde que empezó el invierno voy a bailar tango. Empecé a hacerlo con una antigua novia que quizás aún no sepa el modo en el que yo he interpretado todo lo que ella me ha dado al invitarme a entretener mi vida con esa danza. Justamente para darle a conocer todas esas interpretaciones es por lo que ahora le escribo esta carta. Tanto si inmediatamente después de leerla la olvida, como si, por el contrario, por alguna misteriosa razón luminosa, se le impregna a la piel hasta llegar a convencerla de que nada malo pasa si nos permitimos tomarnos el tiempo necesario para aprender a digerir todos los sucesos y encuentros cotidianos que se nos atragantan, lo consideraría perfectamente respetable.

Pues al fin y al cabo, sin que esto sirva de excusa, yo no sólo escribo para ella, sino también para mí, o más claramente, para seguir viviendo en un lugar en el que el habito de pensar los entretenimientos hasta el punto de hacer de ese pensar un hecho que también pueda ser compartido se va volviendo cada vez un poco más complicado. Si yo le preguntase a ella ¿por qué? seguramente ella respondería porque no hay tiempo, o porque la vida se va y las respuestas deben ser directas y automáticas, o porque (aunque más rebuscado no por eso menos sigilosamente controvertido), porque el hecho de haber tomado la decisión por una determinada propuesta de diversión te obliga también a aceptar todas las valoraciones, actitudes y representaciones que ya vengan adheridas a ese acto sin siquiera poderse permitir un breve comentario critico. En realidad yo no pedía mucho, me conformaba con una nota a pie de pagina que nadie lee, o con un breve susurro en la oreja entre los dos, de esos que nadie aparte de los dos escucha, de esos que sólo se escuchan en lo que en lo intimo hay de público.

Hoy por hoy, en la terrible situación de enmudecimiento y ensordecimiento en la que ella y yo nos encontramos, mi mayor ambición con estas frases no es otra que la de proponerle bailar no sólo el tango, sino también lo que al bailar el tango se baila, es decir, su ideología o sus implicaciones exteriores. Luego, quizás ya más (in)formados, espero que ella y yo podamos elegir juntos el seguir bailando o simplemente dejar de hacerlo sin frustraciones ni remordimientos. Pero hay una cosa que esta clara, que ella siga bailando la creencia de que yo soy el hombre que la baila y yo la de que ella es la dama que bailo, sin siquiera haberlo llegado a poder convertir en un juego real entre dos, por ni siquiera haber querido empezar a hacer el esfuerzo de exponerlo o de ponerlo delante de nosotros o de haberlo querido hacer real con la expresión es algo ya tan absurdo como inaceptable.

Todo esto pasaba porque estábamos entregados de tal modo y con tanta seriedad a nuestras sensaciones que ya no era más nuestro juego (nu-es-tro) sino el comercio y el negocio de otros. “Vamos a Dinamarca, me decía ella, sólo es un fin de semana, el viaje es baratisimo, es una gran oportunidad, son bailarines profesionales, directamente importados del río de la plata, tipos cancheros, nos lo ofrece la escuela a un veinte porciento de descuento, lo queres desaprovechar, mira que lo que se aprende en estos fines de semana”. Y dale que va. Porque para ella había que darlo todo por el tango, porque todo era parte del tango y estaba contenido en el tango, apasionado tango. (Pero por favor amiga, salgamos a la pista ya, sin zapatos, sin poyas, sin viajes, sin nada. ¿Siempre hay algo que comprar antes de hacer lo que tenes que hacer?) Y en mi turno para hablar le preguntaba, ¿Qué pasa con lo que al bailar se compra y no se piensa? Cosa a la que ella me respondía; “pero qué me estas diciendo, acaso no entiendes el amor que siento por esta sensación liberadora, ¿por qué no simplemente te dejas llevar de una vez?”. Y así, tratando de convencerme que hay pocas sensaciones mejores que las de mantener el ritmo o hacer la escoba, la cajita, la barrida, la mordida se nos pasaron las tardes de la última semana hasta que ayer ella me echo de su casa.

* * *

Esta carta no es más que un regalo para ella. La respuesta a un viejo compromiso que tengo con ella por haberme ofrecido tantos muchos otros regalos. Si muchos de sus regalos fueron producto, casi siempre vinieron acompañados por mi plena libertad para dispersarlos, para romperlos en mil pedazos, para buscar saber por qué llegaron hasta mí y lo que los mantiene vivos entre los divertimentos de la sociedad. Pero todo esto venía así de bien hasta que de repente llego el tango y ella perdió la cabeza.  Me dijo, “con el tango no te metas. Aquí, querido sutileza, el pensamiento cede al sentir. Hasta ahí llegaste y hasta aquí llegamos. Hasta ahí los pensamientos que podemos co(n)partir y hasta aquí nuestra relación. Y ahora por favor, raja de acá”.

La verdad es que no estoy pre-ocupado por ella en eso de que quizás se sienta sola o mal acompañada. Hoy por hoy y ayer por ayer el consumidor ocupa una imagen refinada e inteligente dentro de la sociedad y eso lo mantienesiempre ocupado y olvidadizo de si mismo. A lo que voy es a que en realidad, mientras ella siga trabajando, viajando, bailando y no necesite saber por qué esta haciendo lo que hace, le estará yendo bien. Esta carta que escribo para ella es por si alguna vez se hace esas preguntas.

Placer inconcluso

Ventanal

Roberto se despierta primero que ella. Mira a su alrededor y se tranquiliza. Todo ha sido una pesadilla. Se despereza en su cama y se observa en el reflejo del ventanal. Desde que se han puesto de moda las viviendas dentro de los Shopping Centers, él ha alquilado una y disfruta de nuevas sensaciones haciendo pública su vida privada.

Silvia yace a su lado, aún no ha abierto los ojos. Algunos pasantes van paseando y alternan entre ver vidrieras con ropa de moda y gente en su esfera íntima. Roberto lo sabe, lo disfruta, y despeinado, se levanta en calzoncillos para dirigirse al cuarto de bano a mear.

Silvia, sola en la cama, ahora ha abierto un ojo. Mira y observa a su alrededor, agazapada, sin moverse. Casi parecería como que si ella mantiene los ojos cerrados, eso sirviese para pasar desapercibida. No termina de acostumbrarse a la nueva vivienda. Sabe cómo lidiar con su actual realidad hogarena, pero sus capacidades no pasan de  una actitud defensiva.

Sin contacto

Víctor, al igual que Safiro, ha elegido una mujer que no lo satisface realmente porque ella vive de espaldas al placer. Safiro se pregunta si la mujer de Victor quizás a sido violada de pequena. Al mismo tiempo Safiro no reconoce de que Alicia, su propia mujer, es casi igual a la esposa de Victor, su madre.

Safiro cree que tiene visión de pez, panorámica, que posée un lente carísimo, pero no se da cuenta de que apenas le funciona en modo zoom. Solo cuando se emborracha se abren las compuertas de la autopercepción sincera. La irritación que produce este momento, las hace cerrarse pronto. Gozar es poder hacer un balance general, piensa, y sabe, perfectamente, de que se está enganando, pero de que aquella es su elección.

Viaje

El auto se frena en mitad de la carretera y se abre una puerta. Romina sale disparada. Bolito aprieta el acelerador a fondo. Romina permanece contemplativa en cuclillas sobre la banquina. Abre su mochila y extrae un bocadillo de jamón de bellota y queso parmesano. De paso por Espana e Italia ha ido recolectando manjares portátiles para alimentarse. Nada le importa ni preocupa cuando come.

Bolito pega la vuelta a los 500 metros. Cuando llega al lugar en que había depositado a Romina, la vé comiendo. Se le ha pasado la bronca. Estaciona a un lado de la carretera cerca de Romina y se queda adherido a su asiento. No abre la puerta ni para salir ni para invitar a Romina a subirse de nuevo. Se siente indeciso, pero no solo ahora, siempre. Tansita los días de explosión en explosión, disculpa en promesas, y sin saber porqué.

Segundas primaveras

Estás sentado mirando por la ventana desde tu escritorio. Un instante es lo que dura aquella inmersión dentro de un pensamiento pasajero. Luego de unos segundos ya ni te acordás qué era lo que pasó por tu cabeza. No estás ni deprimido por el invierno, ni sufrís por la falta de luz que azota estas latitudes nórdicas, ni te afecta el frío helado, ni te cuesta despertarte por la manana, ni te sentís identificado con algún personaje que se esconde detrás de varias capas de ropa y una gorra de lana.

Mientras muchos de tus amigos dan signos de invernar como los osos, vos te sentís en primavera, en tu microclima. ¿Porqué me estará pasando esto a mí? – pensás, contemplativo, nuevamente. Tanto tiempo quise alcanzar un estado de paz interior y, justo cuando no me lo propongo y estoy listo para meterme de cabeza en la introspección de la estación, esto llega, acá está, y no se de dónde ni cómo vino.

Es hora de contagiar. A todos, a mis amigos, a mi familia, al que llame por equivocación o de una compania de telemarketing, al que me mire en el transporte público.

* * *

Ramiro decidió de que regresaría a su país. Hizo las maletas, se deshizo del 98% de sus cosas, sacó dos pasajes e invitó a su mujer a salir para tomar algo. De camino al aeropuerto, ella empezó a extranarse porque su marido le pidió de que no se bajara del metro y se dejase sorprender: Iban a un lugar que ella ni se imaginaba. Ella pensó en el cine, hacía casi 3 anos de que no iban. Luego se le ocurrio que podría ser una obra de teatro. Solo una vez en 14 anos él la había invitado a asisitir a la premiere de una compania que venía del país de él. Eso había sido ni bien él había llegado a Berlín. Luego ya nunca más nada lo motivó a hacerlo.

Hicieron transbordo y subieron a un bus. Ella ahora intuyó más férreamente de que no irían ni al cine ni al teatro. Subidos en el avión de Iberia rumbo a Madrid, él le empezó a explicar de que esperarían tres horas en la capital castellana para luego subirse a otro avión que los llevaría lejos, a su país.

* * *

Cuando te despedís de Ramiro esa noche en el bar, tempranito y sin estar ebrios, sabés de que pasará mucho tiempo hasta que lo vuelvas a ver. Quizás eso nunca suceda. Pero podés percibir su felicidad y aquello supera la tristeza de perder un amigo. Sin darte cuenta, encendiste la mecha en él. Te lo hizo fácil. Los amigos de verdad somos cómplices.

* * *

El niño en brazos de él tiene una sonrisa impagable. Lo agarra con sus manos gruesas y sus brazos firmes. Domina la situación. Ella, a su lado, se nota que se deja llevar y lo disfruta. Su rostro delata relajamiento. Es la primera vez, desde que la conociste, que la descubrís así, con esa expresión invadiendo su cara por completo. El sol lo ilumina todo, el cielo es bien azul, profundo y, por algún lugar, se cuela una nube blanca. El Río de la Plata brilla e incandila con su reflejo.

La foto que te acaba de llegar por email, es la más linda de los últimos tiempos.

La sequía

- El mes de la sequía es en el que comienzan las lluvias.

No era un simple recurso literio lo que Parpadicio le decía a Rotitalba. Ambos habitaban Berlín. Ano tras ano, en noviembre, como hamsters en ruedita, debían comprobar de que la misma sensación los absorvía. Gris, lluvia, frío. La humedad que se metía por todas partes. La gente que desaparecía y, con ella, el motivo de crítica, único y absoluto. Viento.

Ambos eran desocupados con una gran variedad de hobbies. Los acumulaban con alma de coleccionista. La actividad central, más allá de todas las demás que les servían para distraerse, era la de sentarse en cafés a observar a la gente y desmenuzarlos con opiniones que se reservaban para ellos dos.

La ambivalencia del invierno los ponía a prueba. Si bien las personas dejaban de transitar sitios que implicaban relacionarse con el aire libre, minimizando los recorridos urbanos y limitándolos a lo imprescindible, el espíritu depresivo de esta época era de lo más suculento. Nada como el comienzo del sufrimiento en la gente para sentirlo jóven y fresco, indomable. Nubes y falta de sol.

Los días se acortaban, oscurecía a eso de las cuatro de la tarde, convirtiendo la merienda en cena y la noche en un estado ad eternum. Fue uno de esos días en que apereció y se les plantó en la mesa.

- Ustedes dos son unos hijos de puta, lo supe desde que los ví.
- ¿Nos conocemos? – atisbó a decir con naturalidad Parpadicio.
- No, pero sí, pero en realidad no.
- Ah, muy bueno lo tuyo… – aprovechó para deslizar el pelado Rotitalba.
- Yo antes era un pobre pelotudo como ustedes, un tarado, un idiota resentido que se creía más importante que los demás – continuó el sorpresivo personaje.
- ¿Y ahora qué sos? ¿Budista? ¿O trabajás en una ONG y ayudas a los sintecho?
- Esos son los peores – contraatacó el visitante – pero no tanto como ustedes.
- ¿Y quién carajo te invitó a venir a hablar con nosotros? – soltó Rotitalba.
- Vos y tu amigo, pero ya me aburrieron, chau.

Llovía nuevamente de a gotas gordas y bien heladas. Los cafés empezaban a llenarse y daban refugio a los pocos pasantes que venían de sus trabajos o escapando de sus agobiantes hogares. El aburrimiento como deporte urbano hacía estragos. Quizás por eso, o por sentirse demasiado observados, los dos amigos pagaron y se fueron a otro tipo de lugar. Era hora de conocer chicas. ¿Pero y eso cómo se hacía? Cuando la idea de empezar de nuevo algo aburre, y seguir haciendo siempre lo mismo también, es porque los extranos tienen derecho a acercarse, a opinar.

- ¿Che, ese tipo que vino hoy hasta la mesa, es amigo tuyo?
- ¡Estas chiflado… no, cómo se te ocurre!
- Qué se yo, digo, no sé, como vos te juntás a veces con cada uno…

Por fin empezaron a hablar, por primera vez, de ellos mismos entre sí.

Vacile indio, vacile…

Creo que no es merecido buscar un tema porque no tengo tema que buscar…
Tema composición se decía en la escuela.
Hoy no me acuerdo de cómo se empieza un tema, porque todos estan abiertos,
porque casi todos nos tocan de cerca o de lejos.

Me han cantau una canción de cuna que no recuerdo haya sido linda.

Era mía, eso sí, y mi padre la hacía para mí todos los días.

El osito Pedro era a veces el oso Pedro, caminaba con ritmo y profundidad sobre el corazón de mi viejo.
Me contaba todos los días, antes de caer en el suenio de la siesta, el mismo cuento pero variando las versiones y sabía que yo esperaba ansiosa el acompaniamiento sonoro de su relato: se goplpeaba el pecho imitando los pasos de aquel animal feróz y bueno.
Para mí, el Oso Pedro circundaba el torzo de mit tata como si fuese la superficie interminable de las mismas pampas.

Qué nana le cantaré a mi ninio?
Qué le contaré yo a mi hijo?!

Quién es el Inodoro Pereyra, el Gaucho renegau de las pampas atlántidas, y cómo le explicaré que me río con merecido conocimiento gauchesco y no por vejez gaga-lúcida?

Preguntas de Juan y el preguntón.
Brota una mar de recuerdos de pampa húmeda; mi gurí no sabrá nada de eso y
hablará el idioma materno de su madre y ancestros con acento extrangero, los acentos que en los comics de mi país, eran para reirse e imitarlos.

Ando sin madera pal lenio, ni enies en ordenador, ni yuyo pal amor.
Quien no entienda éstas cosas, éste lexicum mapuche quizá quilmero,
pues apeche Indio, que no importa la estirpe de mis palabras, mas sí solo tengo ganas de no darle sentido a nada que valga de serlo.

Quizá me he puesto así una vez visto y escuchado los últimos alaridos inodorianos de Don Diego Maradona. „Que la chupen y (por las dudas), que la sigan chupando“.

Confieso ser amante de éste indio pueril y virtuoso. Qué político, qué economista, músico, escultor, pintor, tenista, futbolista o plomero no admira un virtuoso de tal calibre??

Pelusa Maradona no es Dios ni es un genio, pero era genial ni bien un balón rozaba su persona.

Como mi caso, habrán millones: gracias a éste demonio sin sacerdotiza, logramos admirar un juego de pelota que hasta ese entonces, no era otra cosa que un peloteo para pelotas masculinas, alguno que valía la pena y salvaba los mundiales de futbol… pero gracias a Don Diego, la atención y admiración por éste deporte, cambió el rumbo de muchos hombres, muchas mujeres, ninios, políticos y drogones.

Empezamos con el grito de taquilla: los medios avalanzan sobre las palabras últimas de Diego.

Luego seguí hasta profundo en la noche, investigando sobre el fenómeno del balón , quien merece decir, ha estado en la cima de los colmos y cómo no entender a éstas alturas que nos mande a casi todos a „seguir chupándola“.

Le encontraron la forma de bajarle la cania, recuerdo que no tengo eniens, y para momentos de álgido caracter gauchesco, no tener einies para un hispanohablante es como no tener dientes pa masticar salvaje y ciegamente, un kilo de carne vacuna.

Al Diego Maradona merece seguirle las huellas. Es un caso de investigación..

Inspira meterse a urgarle la vida..
Su Villa Fiorito denuncia él, luego de decenas de anios, que los políticos no han hecho nada, que no ha cambiado nada. La oscuridad que él conoció, el peligro, la violencia y los miedos, no han cambiado en mas de treinta anios.

Esa es la argentina, es más, eso es Buenos Aires… valga decir, „eso TAMBIEN es la argentina… y sólo es el antipasto. Si quieren recorrer el país, muy grande será la sorpresa: pues del mentado suenio blanco y europeo darán con que no es otra cosa que latinoamérica, pura y dura.

Diego querido, has sido el emabajador de los pobres y desleídos, te besas y codeas con Fidel y con Huguito Chávez, ponle empenio a la cosa, levanta Villa Fiorito y asfáltala, ponle luz y casas, dales napas nuevas y un par de esquinas, pa ’que la gurisada vaya de rondas a buscar presa y no para que sean presa, toda su puta de vida, de la misma eterna y conocida miseria.

„ Don Inodoro!, Queremos un libro e´ quejas. Nosotros el Malón de indios!

-Alguno de ustedes sabe escrebir?

-No y esa es otra queja! Porqué no hay libros pa analfabetos?“
* (una estrellita para Fontanarrosa) J

De igual manera, no se entiende a éstas alturas que Pelusa sea Director Técnico del equipo nacional sin que lo domen a tiempo.
Como sea, en el idioma que sea. Igual, éste indio virtuoso ha domado de taquito el italiano, el cubano, el venezolano y el apolinario Mamerto..

Danos paz en ésta tierra… que lo que Dios da por la derecha, lo quita por la izquierda… o viceversa…

Si los rencores de Don Pelusa son muchos y no (tan) en vano, hay a pechar; vacile, indio: o los olvida o se toma un Lexotanil antes de decir barbaridades de orden casi racista y /o dudoso nacionalismo. ( „a los argenitnos, y solo a los argentinos les debemos ésto… a todos, todos los demás, que la chupen“)

Simón Pelayo??

Un Simón llevo dentro, patea, se menea, rema y nada dentro mío.
Simon querido, es la primera vez que digo tu nombre en público… y algún día, sin que entiendas el idioma madre de tu madre, verás estampado tu nombre que salió de mi punio- teclado Mac… y no entederás que me preocupe la idiocincaracia de allí cerca de donde vengo y no estoy ni sé si llego…

Tampoco serás Simon Bolivar ni Simon Peres… Serás mi Simon Pelau hasta que te crezcan las crenias, los rulos, los rizos, cabello de ángel.

Sin más que agregar a pájina y media de sinsentido temporal,

me despido pensando que será bueno visitar un taller de holganza o tricot o cuánto mejor, de escritura…

El tiempo lo define uno

y la tontería….

Casi que tambien.

Un día de locos

Clase de crítica del cine dictada por una maestra de escuela el día de los 25 años de la muerte de John Lennon:

Tenemos por un lado la triste noticia de los 25 años de la muerte de John.

Pero lo triste no es que John se haya muerto, pues eso para nosotros sólo es una muerte, algo de todos los días. La muerte de John es triste porque la publicidad no puede hacer nada sin querer siempre intentar involucrar en ello nuestras más personales emociones. Al dar una información, las emociones que de ella puedan surgir, deben ser explotadas al máximo, pues ellas siempre logran mantener al público cerca de los televisores y periódicos, y sobre todo, y lo más importante, ellas siempre logran acercar esa información a cada uno de nuestros casos particulares consiguiendo personalizar lo general. Poner a flor de pantalla las emociones ayuda a asociar cada caso televisivo con las relaciones que cada uno tiene con su perro, con sus padres o amigos. Pero lo cierto es que ahora mismo esta muriendo gente de hambre en Afganistán y en breve nos estaremos tomando un avión a Grecia, o nos iremos a tomar un café.Pobre John, pobrecito. A John lo Mato un Fan que estaba loco de tristeza de tanto escuchar la publicidad de John.

Por otro lado, otro nuevo asesinato. En el periódico dice que podría haber sido una película de Hollywood.

Un tipo se bajo en Miami en el aeropuerto y les dijo a los disciplinantes que andaban por ahí: “ey Gente! tengo una bomba en mi mochila” Y luego se lanzo a correr. La mujer del ciudadano norteamericano grito: “Es mi esposo. Es bipolar y no ha tomado su medicina”. Los disciplinantes, en este caso y como siempre, carecieron del sentido del humor y de la creatividad que a él (el bipolar) le sobraba y lo mataron. El periódico dijo que parecía una película de hollywood. Entonces podemos decir que mientras el bipolar representaba la figura artística generadora de terror en un mundo Hollywood, la policía, por su parte, represento la figura del orden en ese mismo mundo. Si las imagenes Hollywood se vuelven reales eso puede significar que la realidad, nuestra realidad es una imagen Hollywood. ¿Las imágenes de nuestra realidad son las imágenes de hollywood? Queriéndolo o no, esta pregunta la genero el bipolar. Vierón chicos, hay imágenes que cierran mundos e imágenes que los rompen. Esta imagen, por ser real, realiza las dos funciones. Cierra y rompe Hollywood.

Ay! Debo confesarles que cuando escuché que habían matado a un norteamericano que tenía serios problemas mentales me ilusione, pensé que habían matado a algún cazador de inmigrantes mexicanos, pero lo que habían matado era sólo a un artista haciendo la más completa de las performance.

Pipas

Mi amigo sentado sobre la cama, con las piernas cruzadas, una manta sobre los hombros, la espalda contra la pared, medita. Qué familiar me resulta todo esto. Totalmente ajeno y aislado del mundo. Conozco muy bien su cara pero hoy percibo sus rasgos como los mismos de siempre y a la vez parecen extraños. Esto me ocurre a menudo con personas que conozco. Los elementos de la cara tomados por separado me causan desasosiego. Ni se da cuenta de que estoy aquí y yo sigo observando su cara, descomponiendo sus rasgos y descomponiendo estos rasgos en partes más pequeñas hasta que su cara parece el plano explosionado de un motor.

* * *

Conocí a una chica pelirroja, que linda, que bella, que bien olía. Cieguita ella. ¿Sabes? Bailamos agarrados porque creí que si me separaba se iba a perder. Con las ciegas no se puede bailar separados, creí yo, parecería raro a no ser que estés constantemente chasqueando los dedos o la lengua para que no te pierda el rumbo. Bua, como me excita pensar en ella, mi ciega. Bailamos y baliamos y yo sin quererme despegar, más por lo bien que olía y por lo que me excitaba que para que no se me extraviara. Hablamos y hablamos y bailamos y nos besamos y que descarada y yo, claro, cortado porque es cieguita. Me agarra de la mano y me lleva para afuera. “Anda ricitos, vamos a follar de una vez”.

* * *

Hoy soñé con dos carreras de galgos, una hacia la otra.

* * *

Estas lámparas para la frente con LEDs, cojonudas, muy cojonudas. Voy a mear porque no me tengo, vaya pedo. Vaya pedete y con el vino y los flais, mirando las estrellas fugaces, esperando a que pasen por delante de mi campo de visión, cada vez más turbio y más estrecho. Voy a mear un rato. Vamos a poner el toldo hijoputa, antes de que te duermas sobre la arena. A tomar por el culo los clavos. Has visto el pedazo de Vía Láctea? Dónde están los putos clavos? Pon el cortaviento hacia allá. Y si cambia el viento? Y si llueve? Pues nos jodemos. No estoy para hacer previsiones meteorológicas. Tira un poco más. Tienes un palo? Toma. Clávalo y luego lo tensas, joder. A la mierda, me voy a mear, luego plantamos el toldo. Dame la bota, voy a darle otro trago, a ver si me despejo. Media hora de descojono. Pongamos el toldo, que luego va a ser peor. El olor del mar es fantástico. Cojonudo estar aquí y cojonudo dormir todas estas noches medio pedo bajo las estrellas. Vale poeta, pero pongamos el toldo porque si no, toca dormir al relente. Ya está, cada día queda mejor, creo que hemos batido el record. Echa el plástico por debajo, ahora las colchonetas. Me meto en el saco vestido. Hey, saquemos la cabeza del toldo para ver las estrellas fugaces. Una idea cojonuda. Hacemos otro flai? Ni se pregunta. Después de tantos días, ni siento claustrofobia al meterme en el saco. Cuéntame otra vez la historia de Noemí, cómo es eso de que su ex es el mejor amigo de mi ex? Hay que joderse lo pequeño que es el mundo, verdad? Sí.

* * *

Tomo decisiones, a veces con el corazón, otras veces con las tripas y otras con la cabeza. Cuando veo los resultados, no sé muy bién con qué tomé la decisión. Doy un paso atrás de un par de miles de kilómetros para ver mejor la escena y, si hay sangre, fue con el corazón, si hay vísceras por todas partes, fue con las tripas, si hay sesos desparramados, fue con la cabeza. No hay más que analizar la velocidad y el ángulo del impacto, como en los accidentes.

* * *

Posesión infernal

Viniste para quedarte a tus anchas dentro de mi cabeza. Si tuviera que definirte como algo físco, diría que eres un tejido que se ha colado por los pliegues de todo mi cerebro, un alien que se me ha metido por la oreja o por la nariz una noche, mientras dormía, y que ahora no puedo echar. Pero no eres tangible, es solo esa sensación. La prueba más evidente de que existes y quieres quedarte es que no sé cuántas de mis decisiones, de mis opiniones y mis gustos son realmente míos. ¿Como esto porque me gusta a mí o porque te gusta a ti? ¿Esta chica que vemos me gusta a mí o a ti? Si me decido a hablar con ella, ¿seré yo o tú quien esté intentando ligar? ¿Se llevará una impresión tuya o mía? Si hablo de música, libros, películas, ¿son mis gustos o los tuyos? Si fuera a grabar una cinta, ¿cuántas de las canciones serían mis favoritas y cuántas tuyas? Una verdadera jodienda, aquí no hay sitio para los dos y la vida ya es suficientemente corta como para ser uno mismo solo la mitad del tiempo.
Lo reconozco, he dejado que entraras, me moldearas y te hicieras con los mandos porque en muchas ocasiones tus trucos me han salvado el día. No todo es malo. Reconozco que tu don de gentes, extroversión y gusto a la hora de vestir son especiales y que me he aprovechado de ellos. Pero ahora quiero que te largues y te voy a hacer un exorcismo hasta hacerte trocitos y cagarte como a una lombriz solitaria. Quizás te estés muriendo de risa pensando en que no podré echarte del todo porque me quedará el recuerdo y eso no hay quien lo borre. Me quedo entonces con el recuerdo, incluso pienso aprovecharlo, pero a ti te habré echado. Son muchos años de llevarte a la chepa. Lárgate ya.

Nunca digas nunca jamás (versión a lo guacha)

“Nunca te mudes con un amigo y menos aún si es petiso”
Juan José Nonpalidece

La otra noche iba paseando a última hora con mi bella y vaga perra por las calles veraniegas del barrio cuando de pronto me encuentro con una vieja amiga. Lo que más me sorprendió es verla a ella también con un perro a su lado. Nos miramos sin decirnos nada por un instante y antes de saludarnos. Luego nos reímos. Finalmente, nos saludamos. Lo hicimos lo más rapido posible, ya que ambos teníamos unas ganas impacientes por abordar un tema obvio: el can ajeno, es decir, la novedosa realidad de habernos descubierto portadoresde un perro.

El pequeno perrito de ella me recibió ladrando como un loco desquiciado hasta que ella lo hizo callar. El primero en desenfundar  cuestionario fui naturalmente yo.

- Es nuevo? – le pregunté.
- No, no… – me contesto.
- Pero nunca te lo había visto antes – respondí.
- No, no – dijo ella –  no es mío, me lo prestaron, es de amigos y lo cuido de vez en cuando, me lo llevo una semanita a casa.
- Ahhhhh – le dije.

El minúsculo canino de ella empezó a ladrar de forma desaforada nuevamente. Ella lo hizo callar, con cierto esfuerzo, pero por fin lo logró. Intentó justificarse.

- Es que los perros chiquititos son así – me dijo – tienen que hacer mucho ruido para defenderse, para que no los pasen por encima.

Mi perra, sentada al lado, contemplaba en pleno silencio y calma la situacion. Nada parecía alterarla. Giré mi cabeza para observarla y ella también lo hizo, enfocando sus ojos negrotes hacia mi. Nos miramos y casi diría de que pude ver una sonrisa burlona y de complicidad dibujada en su hocico. El perrito comenzó nuevamente a ladrar pero esta vez mi amiga no pudo acallarlo, lo que forzó a dar por terminada la charla. Entre ladridos enfurecidos nos despedimos y la ví alejarse a medida de que el sonido perruno iba bajando de volumen conforme la distancia crecía.

* * *

Codornicio entró al departamento pegando un portazo, luego de haber tocado el timbre de forma desesperada reiteradas veces. Como nadie respondió al llamado, tuvo que utilizar sus llaves para abrirse camino. Por fin adentro, arrastró sus pesadas y enormes valijas y, haciendo un estruendoso concierto improvisado, cruzó por casi todas las habitaciones del departamento, abriendo las puertas a patadas, hasta llegar a su habitación. Uso la ruta interna más larga. No le dió demasiada importancia al hecho de  que había gente durmiendo en las diferentes piezas. Ella me despertó para avisarme de que mi amigo ya había llegado. Me quité los tapones para el ruido, puse mi mejor sonrisa sincera y fui a su encuentro.

Parece que todo empezó mal porque casi se negó a saludarme. Si bien ella había acordado con él de que ese día habría visitas en casa, a él aparentemente todo esto se le había olvidado. Su enojo se vió volcado hacia mí. No tuve más remedio que invitarlo a tomar un café fuera de casa para que se tranquilizase y, para que, además, tuviesen tiempo los amigos para recuperasen del traumático sobresalto.

Al ofrecerme a pagar el café, el rostro de Codornicio esbozó una primera mejoría. Cuando se incorporó para irnos pude observar una vez más su escasa estatura y tuve, por un instante milimétrico, un flashback hacia la noche en que me había topado con mi amiga y su perrito.

* * *

Los días pasaron pero algo se mantuvo constante: La actitud de Codornicio. Lo recuerdo contando sus monedas para pagar de a centavitos su  shawarma.”Poneme la diferencia” me dijo, casi ordenándome. Él siempre rendodeaba para abajo y además te hacía pagar las propinas a vos. Yo le había contado de que era fin de mes y estaba corto de guita. Por lo menos dijo gracias cuando lo invite nuevamente a un café. “Paga vos que yo voy la próxima”. No hubo próxima porque despues de un par de  días me limité a evitarlo. Su egoísmo me tenía saturado. Ya no podía conversar con él sobre nada de nada.

Cuando ella, mi acompanante de vida, vino un día casi al borde de un ataque de nervios en el mejor estilo Alomodovar para hablarme de Codornicio, tan solo la abracé y le dije que era así. Los dos nos miramos y pensamos en que más que  bronca nos daba lástima. Ella había ido tambien acumulando sinsabores desconocidos. Codornicio daba por descontado de que se le lavase la ropa, ordenase, limpiase, se le cocinase y jamás se le había ocurrido traer ni un litro de leche a la casa.

Cerrando la semana llamó Beltrán y me desahogué con él. “Tratá de separar la convivencia de la amistad”, me recomendó. “No puedo”, le dije, “es imposible hacerlo cuando convivis con un amigo, y más aún si tal persona es tan particularmente  avara, egoista y codiciosa”. Me cuesta horrores cuando alguien no sabe brindarse ni un centímetro hacia el prójimo porque siente de que está perdiendo algo. Y lo peor de todo es que uno mismo entra su juego de la contaduría si desea poner el tema sobre la mesa.

Cuando Codornicio se despidió, lo saludé ya estando yo a gran distancia de él. No pienso de que las amistades no sean recuperables. Pero de a momento, por prudencia, evitaré toparme con él en todas sus visitas. Quizás pase un ano o dos sin vernos. Luego se sabrá si es posible volver a ser amigos cuando se ha chocado frontalmente contra una pared que son los límites de un vínculo. Aunque por lo general suelo desestimar los consejos de mi padre, hoy debo darle plenamente la razón. Porque las inumerables charlas que tuvimos durante sus últimas estadías con Codornicio no sirvieron para nada, más que para confirmar el fracaso del diálogo cuando la sordera de una de las partes es voluntaria. La derota estaba preanunciada desde el vamos y no supe escuchar a mi progenitor.

Sal marina

Vuelvo del mar de espuma olor extenso azul turquesa, arena, pedacitos de conchas, algas, blanco y verde y otra vez blanco.

Viento azul y dorado.

Rocas en las plantas de los pies.

Limpio los pescados en la playa. Sol en los hombros y estrellas fugaces que se enredan en el pelo medio adormecido con el vino.

Costa de la Muerte.

Noche y día. Arena en las uñas y sal

Álter ego first

Bajó de la bicicleta y entró a su casa. Antes pasó por un sistema de escaleras y ascensor muy sencillo. Las escaleras subían girando en forma de caracol hasta un sexto piso, y el ascensor viajaba a velocidad lenta por el hueco del medio. Sólo había un ascensor y unas escaleras. Pero a pesar de una tan simple arquitectura de pasillo allí se desató una sospechosa intriga.

Marcos se bajo de la bicicleta. Ya le había pasado demasiadas veces que la llave se le partiera al medio quedándose adentro de la cerradura. Por eso metió muy lentamente la llave en la ranura y abrió suavemente el candado para luego, ya por fin, poder desenroscarlo rápidamente del asiento en el que lo llevaba. Paseó su mirada por su alrededor para ver si alguien se acercaba u observaba su candado. No había moscas en el aire o moros en la costa. Nada sospechoso. Nadie iba a percatarse de que el cierre de ese candado no fuese el más seguro para su más que respetable bicicleta.

La ató justo entre dos árboles. Lo más oculto posible de las miradas de posibles ladrones. Así consiguió que desde el único punto de vista desde el que se pudiese observar su bicicleta, el candado se viese lo suficientemente seguro y firme. Sólo eso le dio la tranquilidad de pensar que cualquier caco que pasase por ahí y viese la bicicleta, seguiría su camino, considerando que ella estaba tan bien atada y segura, que ni siquiera valía la pena intentar robarla. Pero lo cierto es que si alguien se acercaba a un metro de la bici, y veía ese candado, mañana ya no tendría más medio de transporte.

Abrió el portal de la casa. Inmediatamente escuchó reír y brindar a una pareja de vecinos que vivían en la planta de abajo. Ella le decía: “Alles gute mein Schatz”. Eran las cero horas en punto. La mujer había decidido no esperar hasta el día siguiente para felicitar a su marido por su cumpleaños. En alguno de los pisos de arriba se escucho ruido de puertas que se cerraban. El ascensor estaba libre y lo llamó. Después de pasar unos segundos en la oscuridad, mientras esperaba la llegada del ascensor a la planta baja, encendió la luz de las escaleras. La luz brindo seguridad a una visible oscuridad que había empezado a aterrar por sus sombras.

En las oscuridades visibles (o con sombras) suelen asaltar breves pensamientos paranoicos con apariencia de realidad. Pero sólo es en esos propios pensamientos dónde radica lo que nos aterroriza. Lo verdaderamente cierto es que tanto con luz como sin ella las cosas no dejan de suceder. De hecho la luz no pudo evitar lo que pasó en estas escaleras y pasillos.

Subió al ascensor y presionó el botón del piso sexto en el tablero de control. El ascensor subió sin interrupciones. Pero en lugar de parar en el número indicado, lo hizo en el piso quinto. Marcos no le dio demasiada importancia a ese hecho. Se lo tomo con naturalidad. Problemas técnicos de ese tipo ocurrían a menudo en el universo de la ciudad y ya habíamos aprendido a aceptarlos sin atribuirles mitologías. Todo lo contrario pasaba con las sombras, a las que aún no nos habíamos acostumbrado. Algo mucho más grave hubiese significado por ejemplo, que la luz de las escaleras hubiese estado estropeada.

Bajo en el quinto. Cuando comenzó a subir las escaleras hacia la última planta, vio como el ascensor volvió a encenderse y a seguir su marcha hacia el sexto. Al ver el ascensor moverse hacia arriba en lugar de hacerlo hacia abajo, se paralizo un momento. Dado que el sexto era el último piso, era mucho más probable que éste fuese llamado de los cinco que restaban por debajo que del único que quedaba por arriba. El ascensor llegó antes que él al sexto. Pero otra posibilidad era que el ascensor tuviese memoria y hubiese grabado sobre ella una llamada anterior a la suya. Una llamada de la que algún vecino se hubiese arrepentido para volver a su apartamento a buscar algo que había olvidado.

“Claro, se dijo marcos. Las llamadas se sobrepusieron y por eso fue que el ascensor se paro en el quinto y luego continuó hacia donde yo le había pedido”.

Cuando llegó al sexto, el ascensor ya estaba allí. Miro tanto a su alrededor como hacia dentro de él. Pero tal como estaba previsto en su argumento, no había nada ni nadie. Se relajó. Quito las llaves de su bolsillo he intento sin éxito abrir la puerta de su apartamento. La llave no cabía en la cerradura. La cerradura parecía estar bloqueada. Marcos dio un paso hacia atrás esquivando la sombra que su cabeza hacia sobre la puerta. Quería saber si se había equivocado de llaves. Se alejo de la puerta para acercarse al punto de la planta donde la luz fuese más clara y con menos sombras. Al elevar las llaves y fijar su mirada en ellas, notó sorprendido que Marcos ya abría las puertas de su casa, y que ya entraba, y que ya cerraba la puerta otra vez dejando a Marcos afuera. Cuando Marcos ya estaba en la cocina disponiéndose a hacerse un café para así poder trabajar toda la noche, escucho que alguien golpeaba la puerta de su casa. Durante un segundo se detuvo a pensar quién podría ser a estas horas de la noche. Abrió la puerta y antes de poder pronunciar alguna palabra, marcos ya le estaba preguntando si sería tan amable de invitarlo a tomar un café. Tenía frío, estaba cansado y tenían mucho de que hablar.

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