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Porque los dedos tienen memoria es que…
Nota a un video de Dikesso tocando el piano.
Si salieron de los dedos, salieron de los cabos de los cuerpos/Ellos son por donde todo entra y todo sale/Son lo que el corazón no necesita para seguir latiendo, pero sí para no seguir entristeciendo/¿Nunca vieron como los brujos mueven los dedos para invocar a los espíritus joviales?/¿Nunca vieron como se mueven los dedos de Diea mientras toca Paranoid Android?/Se me hace que estas notas buscan otra memoria para los dedos/Por eso les he dado la bienvenida a casa/Pensé todo el día en la urgencia de ese cambio/Ahora aprieto Play y escucho un ensayo para esa nueva memoria/Hoy ya no me importa más la calle/Mañana será otro día en el que buscar más ensayos / El hecho que el de hoy vuelva a estar en casa mañana, retrasa la urgencia/ Espero volver a tener suerte , y sino será pasado o pasado…
Eckkneipe
Cien metros después del portal de mi casa escuche música muy alta que venia de un Eckkneipe. Esto es lo que en nuestro idioma llamamos bar de esquina. Mi barrio esta plagado de ellos. Sin exagerar, en una manzana puede llegar ha haber hasta cuatro. A causa de este tipo de distribución urbana, estos bares son como centinelas de barrios cerrados, algo asi como guardianes del orden y de la paz espiritual de la zona. La música era alemana, de provincia, lo que en este país se llama Schlager y que normalmente se relaciona directamente con el gusto y la vida proletaria. El estilo Schlager es sensiblero y popular. Salvando pequeñas diferencias, se trata de lo que para nosotros podría ser un Sandro o un Palito Ortega.
Al lado de la puerta del bar; un hombre alto, con pelo blanco y gafas de pasta, tarareaba la misma canción dedicada a Alemania y a sus bellezas que estaba sonando adentro. En el momento en el que pasaba por al lado de él, el tipo se me planto adelante y puso todo su cuerpo señalando hacia la puerta. Nunca supe exactamente lo que quería de mí porque nunca llegamos a hablar de eso cara a cara. Sin embargo, algún que otro encuentro parecido me indicaba que probablemente sólo quería tomar una birra y contarme lo mucho que había amado a quién en algún momento lo había abandonado. Entré al bar. Lo hice porque además de que era el único camino que me quedaba para no chocarme contra él, su entusiasmo porque lo acompañase me había convencido. Allí dentro había diez personas desperdigadas en un espacio de casi doscientos metros cuadrados, decorado con un billar, un televisor, jarras de cerveza y unos cinco o seis osos de peluche apelmazados por el humo. En la puerta, el cartel de un esqueleto sonriente con un cigarro encendido en la boca lo dejaba todo claro, “Bar de fumadores” .
La música estaba muy alta. La gente bebía, fumaba y entrecruzaba miradas cómplices y amistosas. Tampoco perdían ocasión en levantar los vasos para hacer algún que otro brindis corto después de algún comentario que los uniese. Ese aspecto tan jocoso se corto cuando notaron mi presencia. Fue ahí, como si de un coro al llegar al momento del estribillo se tratara, cuando todos se dieron vuelta al unisono y me miraron tímidos y agotados. Sus miradas ya no tenían la chispa de la complicidad. Ni siquiera el tipo que estaba atrás de la barra parecía muy entusiasmado por que le deje algo de mi dinero en la caja. Las preguntas de sus ojos no necesitaban ser expresadas para ser evidentes, ¿A qué venís?, ¿Qué buscas?. Dado que siempre que entro a un bar abierto al público todas estas preguntas ya tienen respuestas; supe inmediatamente que para estar allí, no bastaba con la voluntad de tomar una cerveza y tener el dinero para pagarla. Allí había que tener ya un compromiso con el lugar y con la gente que ni mi condición, ni mi aspecto parecían permitírlo. Por el contrario, yo parecía traerles la imagen social de uno de esos tipos que no tiene ni idea de lo que a ellos les preocupa y conmueve. Uno de esos tipos que se haría el amigo por un rato para poder hacer algunas preguntas tan ajenas como periodísticas.
Tomaría una o dos cervezas. Y tras establecer un juicio que quizás a la semana siguiente aparecería publicado en algún periódico con el nombre de “el zoo de los Eckkneipen”, volvería a irme hasta un próximo encargo de la editorial, como si nada hubiese pasado. En ese clima hostil sólo atine a volver a mirar al hospitalario borracho que me había invitado a pasar. Él me miro con una mirada desilusionada. Hizo el mismo movimiento que había hecho con su cuerpo para invitarme a entrar, pero esta vez para salir. A pesar de su simpatía sus ojos ya no tenían el entusiasmo con el que me había invitado a pasar. Con toda su inocencia él no se había siquiera imaginado que no bastaba con tener la burocracia del dinero para poder estar allí. En el Zum Tiger (asi era como se llamaba el bar) había que estar dispuesto a compartir muchas más cosas que un papel euro para poder acceder a sus servicios. Salí del bar, y me paré en la esquina a esperar que el semáforo se pusiese verde. Todo había pasado muy rápido y en mi cabeza sólo había una falsa nube de tormenta cargada de disgusto e indignación.
* * *
Según los políticos del parlamento alemán (Reichstag) la nomenclatura que define a esta gente es “Arbeitslos” o desocupado. Para ellos sólo alguien así puede llegar a encontrar atractivos semejantes tugurios y costumbres. Al ser Arbeit -trabajo y los -sin o –fuera, podemos decir que ellos son gente sin (o fuera de) trabajo. A mi entender; y teniendo en cuenta que no todo trabajo que realiza el hombre tiene el dinero como consecuencia, esa nomenclatura estatal es totalmente ridícula .
Más bien creo que el rechazo que esos políticos experimentan contra los lugares y los disfrutes de los desocupados, da por supuesto que la única actividad dignificante del hombre en sociedad, es aquella que produce dinero. Un juicio así, sólo puede sostenerse en la creencia de que el liberalismo no sólo es el único sistema conceptual de organización de las relaciones ciudadanas; sino que también, es la organización que ha venido a nuestra vida política, como un Iceberg viene al océano, para quedarse allí y no volver a irse jamas, a pesar de que no lo veamos.
El Semáforo se puso verde y volví a retomar mi camino. Mientras cruzaba la calle miré la hora en un reloj de ciudad que estaba plantado justo en el Boulevard de la avenida. Era la una de la mañana. Pensé que más o menos a esa hora los jóvenes más emprendedores y activos de la ciudad empezaban a entrar a la disco Tecno mejor conocida como “centro panorámico”. Allí, el ambiente para respirar también es tan denso y nuboso como en el bar de esquina.
La diferencia es que en la disco el sudor se mezcla con perfumes caros y el gasto medio por persona y por noche no baja de los 80 euros (Y les aseguro que esto es muy barato si dentro de ese precio incluyo los gastos de speed y extasis, entre otros estimulantes necesarios para intensificar el disfrute de esa música). Mientras los políticos más jóvenes del Reichstag probablemente también entraban a ese templo, los politicos más viejos se sentaban junto al fuego de las chimeneas de sus chalets y justificaban sus remordimientos pensando que, mal que bien, el centro panorámico no es más que el lugar en el que la gente puede hacer efectivo su derecho a divertirse y distraerse de su trabajo.
Berlín y el Tango (Final)
“Cuando hemos comprendido la alteridad del otro
no terminamos jamás de comprenderlo”
E. L.
¿Qué otra cosa más que deshacer puede hacerse si no queremos limitarnos a consumir o a comprar los sentidos de la vida? Para evitar que esta carta se convierta en un producto compacto, maleable e instructivo que sólo se limite a predicar, mandar y ordenar; he intentado que pueda dispersarse, abrirse y romperse infinitas veces, de modo que nunca llegue a alcanzarse algo así cómo un fondo que le diga lo que ella tiene que hacer con su vida. Mi ambición es escribirle una carta que quede depositada en las estanterías de su biblioteca como si fuera un vaso de agua. Una carta que cuando empiece a leerla no la convenza de hacer algo sino que simplemente desparrame su contenido y humedezca sus manos de mí.
Pero vayamos más lentos ¿Cómo se dispersa una carta?, ¿Es la dispersión una característica necesaria de la carta, existen cartas que sean productos limitados, escuetos, compactos, productos de entretenimiento, productos hechos según las reglas de entretenimiento del buen mercado? A mí me parece que la carta contiene algo que dice y algo que no dice, y también creo que hay cartas que se preocupan por eso que no dicen y otras cartas que simplemente no lo hacen, a las que les importa un pito y prefieren no librarnos a ese campo abierto, no liberarnos a la existencia en su máxima responsabilidad. Dicho de otro modo hay cartas que quieren protegernos del peligro inevitable de no saber nada del otro, mientras otras abren la puerta a esa inminencia de lo desconocido a la que inevitablemente será hora de responder sin ordenar. La existencia de este último tipo de cartas ayudan a que la lectura siempre se convierta en escritura.
Es decir, a que el lector sea instigado a escribir lo que no se dice, o con lo que ha quedado responsabilizado. Por eso digo que hay cartas que hacen que la lectura sea un vaso de agua que se rompe, y otras, que simplemente se quedan conservando el frasco. Es importante empezar a perderle respeto a la carta, empezar a hacer uso de la carta, a romperla o comérsela si hace falta (Recuerdo que en una novela de Bernhard había un personaje que se iba comiendo de a poco “El mundo como voluntad y representación” de Schopenhauer y que encima no engordaba ni un poco) para que después nos veamos instigados a responder, a crear, a proponer. El comer a cagar, el humedecer a artesanasear…
Hace poco fue Navidad y otra vez vi a los niños abriendo salvajemente el papel de regalo con la misma intima fuerza con la que luego probablemente abrirían y romperían el juguete para ver su interior. Hay una misma secreta fuerza que comunica ambos actos, una mezcla de curiosidad y ansiedad, pero ante todo, una energía, un instinto creativo, una fuerte experiencia de que no hay fondo y de que nada esta dado o definitivamente terminado, de que no todo se ha acabado. Porque cuando el niño ya tenga el fondo, abandonara ese juguete para buscar ya en otro, otra vez lo que hay adentro. ¿Cómo seria regalar una carta?, ¿No es una carta el lugar sin fin, sin último interior? ¿Puede una carta abrirse y cerrarse infinitamente encontrando un nuevo fondo sin fondo y cerrando así, por fin, el circulo de la repetición para concentrar la fuerza de la que se desgasta la vida en la ansiedad eterna?
Querido amor:
A tu hijo que ya no será mi hijo, o que quizá si lo sea, aunque no biológico, le regalaré una carta. ¿Cuánta importancia puede haber en quién es el padre biológico?. No importa tanto el padre como el mismo hijo. Pero, por favor, te lo pido como un favor, busca siempre al hijo, sigue buscándolo incluso cuando ya lo tengas y ya estés buscando al padre. El padre puede ser también el hijo, así que permanece siempre en el hijo ¡qué lastima que no todos los hijos sean huérfanos de padre! pues qué mejor que hacer saber que el hijo no tiene padre sino que tiene hijo o que el padre es también antes de ser padre hijo. Como te decía, a tu hijo le regalaré una carta. Esa carta que le regalaré será la carta que concentre las fuerzas de la ansiedad eterna.
Yo la amo por eso y siempre la seguiré amando por eso. Pero está bien claro que quienes tienen el problema de ver los gestos, los sucesos y las representaciones de otra manera que las que son, o mejor dicho, quienes los interpretan inclinándose por la paciencia de que el otro encuentre su manera, no puede seguir viviendo con quien así ya no lo ve, con quien quiere asegurarse la vida junto a alguien que sea así como le gustaría que sea.
No hay rencor, lo que hay es nostalgia, nostalgia y miedo de no haber llegado a mostrarte todo lo que yo veía cuando vos me contabas y me decías tu opinión de todo lo que veías, o cuando vos te sumabas a todo lo que te sumabas sin preguntarte nada acerca del por qué. Y quiero ser aún más preciso sabes, quiero ser todo lo preciso posible, y así lo quiero, porque quiero que sepas distinguirme, que sepas que yo soy yo y que aquel es aquel.
Hoy voy a hablar del tango, otra de tus herencias. Es gracioso que a pesar de que yo soy de buenos aires hayas sido tú quien me lo ha regalado. Es por eso que esta carta es para ti y no para mis antepasados tangueros. Es por eso que acabo de escribir por lo que estoy obligado a pensar en lo que es una herencia. Empecemos por decir que en realidad nuestra tradición por sí misma nos da poco o nada de herencias si no hay alguien que nos involucre en algo. No importa quien sea ni de donde venga, no importa si es alguien lejano a mi lugar de nacimiento, sólo alguien nos hace herederos. Fíjate que de hecho has sido tú de quien he heredado este tema para pensar o esta música para bailar. Claro que muchos me han hablado del tango, pero tú me has conducido a ello, invitado a ello, hecho una propuesta seria, poniéndome un día y una hora, acogiéndome, ayudándome a dar los primeros pasos y recibiéndome en el baile. Pero toda hospitalidad amor mío tiene un riesgo. Su riesgo es el de ofrecerse pidiendo a cambio que la devolución sea bajo el estilo de quien hospeda, que lo que se devuelva sea lo que tu quieres recibir, esperando eso sin abrir los brazos a quien trae algo distinto para decir, a quien quiere decir algo distinto. Porque si ahora me dices que “In meinem Haus darf man manche Gedanken nicht ausdrücken” me dejas a cuadros, porque si significa que si decidiera quedarme ya no podría ofrecerte nada mío y que solo tendría derecho a estar callado. El hospedado, querido amor y querido Emmanuel, no es hospedado por vos sino por la casa y el dueño de la casa es también un hospedado, pues la casa lo sobrevivirá, y al ser esto así, sólo puede ser la casa misma, antes de vos y antes de mí, la que merezca el nombre de dueño de casa. Y ahora que digo esto mi amor ¿Cuánto le falta a las fronteras externas de Europa para entenderlo, cuánto para asimilarlo? ¡Cuánto miedo al peligro! Pero justo cuando todo esta en peligro, cuando te pones en peligro, cuando algo de ti se pone en peligro y entiendes que por él o por ella eres responsable es cuando aparece la hospitalidad. Es así como muchas veces me hiciste sentir, es así como muchas veces no me hiciste sentir. Pero no sé porque te lo digo si en el fondo tú lo sabes, todo lo que te digo lo sabes. Lo único que ocurre es que si es así como siempre actuases habría demasiadas cosas que perder.
El paso decidido a perder todo lo que no ayude a seguir cultivando esta hospitalidad es el paso a ganar todo lo que aún no sabemos y a también quizás poder empezar a decir que no todo esta dicho y que aún nada sabemos de lo desconocido, que nada sabemos de aprender a permanecer en lo desconocido. No son las personas las que perderás. No perderás los amigos y menos aún los padres. Los padres no dejan de estar. El padre siempre se adapta al hijo. Si cambiamos al padre ganaremos al hijo que con un poco de suerte puede ir ganando espacio hasta la desaparición del padre.
Me invitaste con una fuerza muy concreta que me indicaba lugar y fecha, que me ofrecía una pareja y que me indicaba cada pasó. Yo lo jugué. Yo jugué con vos y quería seguir jugando cuando te invite al juego de pensar el contexto del tango. Es decir, cuando te invite a un juego desde ese juego pero para vos no había tiempo que perder.
¿Y eso qué se hace sin pensar?, ¿Qué es lo que hay allí? ¿Qué se esconde detrás de ese sentimiento consolador del servilismo del acto que no dice lo que piensa? Sin consuelo, nazcamos del dolor de sacar a la luz todo lo que tengamos que ocultarnos: “sácame esta cara infame, julio, déjame gritar al fin mi verdadero nombre”
La herencia debemos pensarla como nos salga del orto. Y quizás aquí volvamos a pelearnos, pero no importa, bien vale el intento de volver a desatar una vez más otra guerra contigo porque es así como nuestra relación es posible. La última relación posible es la del roce sin fin y sin cansancio, la única pareja posible es la que ve en el roce y en la chispa el único motor para continuar juntos. No hay paz hay guerra continua y la creencia en la paz es lo que probablemente produzca la extremada guerra política que culmina con la matanza de gente. No todos pueden convivir con el roce, el roce requiere tanta energía viva que siempre terminamos optando por lo muerto, por la paz burguesa, por el pan nuestro de cada día danos de hoy, por el niño sin cartas, por entrar y ponernos los zapatos de casa. Y allí volvemos a la hospitalidad, porque ahora resulta que como queremos la paz y el olvido de nosotros mismos, luego llegara la hora de proteger ese olvido, esa paz y ahí es cuando aparecen las preguntas que respetan a los ejercitos: ¿Quienes son esos? ¿Qué te parece esta pistola? ¿y si disparamos esta bomba? El hombre occidental tiene el culo demasiado gordo, demasiado pesado para poder vivir en tensión ¿no te parece mi amor?.
Si alguien lee esta carta quiero que sepa que no por amarla dejo de amar a mis otros amores. Estoy seguro de que existe cierto riesgo absoluto, la posibilidad de la estancia ante el abismo constante, la individualidad absoluta que hace que tú seas todo para mi, todo y también totalmente otro. Es en ese otro totalmente otro donde nace el amor. El amor por ti es el amor a lo desconocido, el amor a lo completamente desconocido de nuestros conocidos, a lo desconocido de nosotros mismos. Si compartimos ese lugar nos compartiremos también cuando no hablamos y cuando perdemos el tiempo juntos.
Aquí no hablo del tango a medias, de su ilusión, de su entretenimiento. Aquí lo veo como un escape, algo que ella también intuyo en el vacío que se le quedaba después de la milonga, cuando volvía a casa y se acostaba a preguntarse para qué había ido. Por eso hablo sobre todo del afuera del tango, del afuera de sus pasos y de sus reglas y me centro en su necesidad, la necesidad de una carencia que posiblemente este en muchas otras actividades, pero yo, aquí, hablaré del tango y luego que sea el lector el que juzgue en que otras actividades esa necesidad es posible. Hablaré allí donde el tango se vuelve realmente triste, realmente también la señal de un vacío que no por eso no puede seguir bailándose.
Y ahora que ya sabes lo que te digo cuando en la milonga te digo ¿Queres bailar bombón?, ¿seguís queriendo bailar?
Berlin y el tango (primera parte)
“Cuando hemos comprendido la alteridad del
otro no terminamos jamás de comprenderlo”
E. Lévinas
Cada lunes desde que empezó el invierno voy a bailar tango. Empecé a hacerlo con una antigua novia que quizás aún no sepa el modo en el que yo he interpretado todo lo que ella me ha dado al invitarme a entretener mi vida con esa danza. Justamente para darle a conocer todas esas interpretaciones es por lo que ahora le escribo esta carta. Tanto si inmediatamente después de leerla la olvida, como si, por el contrario, por alguna misteriosa razón luminosa, se le impregna a la piel hasta llegar a convencerla de que nada malo pasa si nos permitimos tomarnos el tiempo necesario para aprender a digerir todos los sucesos y encuentros cotidianos que se nos atragantan, lo consideraría perfectamente respetable.
Pues al fin y al cabo, sin que esto sirva de excusa, yo no sólo escribo para ella, sino también para mí, o más claramente, para seguir viviendo en un lugar en el que el habito de pensar los entretenimientos hasta el punto de hacer de ese pensar un hecho que también pueda ser compartido se va volviendo cada vez un poco más complicado. Si yo le preguntase a ella ¿por qué? seguramente ella respondería porque no hay tiempo, o porque la vida se va y las respuestas deben ser directas y automáticas, o porque (aunque más rebuscado no por eso menos sigilosamente controvertido), porque el hecho de haber tomado la decisión por una determinada propuesta de diversión te obliga también a aceptar todas las valoraciones, actitudes y representaciones que ya vengan adheridas a ese acto sin siquiera poderse permitir un breve comentario critico. En realidad yo no pedía mucho, me conformaba con una nota a pie de pagina que nadie lee, o con un breve susurro en la oreja entre los dos, de esos que nadie aparte de los dos escucha, de esos que sólo se escuchan en lo que en lo intimo hay de público.
Hoy por hoy, en la terrible situación de enmudecimiento y ensordecimiento en la que ella y yo nos encontramos, mi mayor ambición con estas frases no es otra que la de proponerle bailar no sólo el tango, sino también lo que al bailar el tango se baila, es decir, su ideología o sus implicaciones exteriores. Luego, quizás ya más (in)formados, espero que ella y yo podamos elegir juntos el seguir bailando o simplemente dejar de hacerlo sin frustraciones ni remordimientos. Pero hay una cosa que esta clara, que ella siga bailando la creencia de que yo soy el hombre que la baila y yo la de que ella es la dama que bailo, sin siquiera haberlo llegado a poder convertir en un juego real entre dos, por ni siquiera haber querido empezar a hacer el esfuerzo de exponerlo o de ponerlo delante de nosotros o de haberlo querido hacer real con la expresión es algo ya tan absurdo como inaceptable.
Todo esto pasaba porque estábamos entregados de tal modo y con tanta seriedad a nuestras sensaciones que ya no era más nuestro juego (nu-es-tro) sino el comercio y el negocio de otros. “Vamos a Dinamarca, me decía ella, sólo es un fin de semana, el viaje es baratisimo, es una gran oportunidad, son bailarines profesionales, directamente importados del río de la plata, tipos cancheros, nos lo ofrece la escuela a un veinte porciento de descuento, lo queres desaprovechar, mira que lo que se aprende en estos fines de semana”. Y dale que va. Porque para ella había que darlo todo por el tango, porque todo era parte del tango y estaba contenido en el tango, apasionado tango. (Pero por favor amiga, salgamos a la pista ya, sin zapatos, sin poyas, sin viajes, sin nada. ¿Siempre hay algo que comprar antes de hacer lo que tenes que hacer?) Y en mi turno para hablar le preguntaba, ¿Qué pasa con lo que al bailar se compra y no se piensa? Cosa a la que ella me respondía; “pero qué me estas diciendo, acaso no entiendes el amor que siento por esta sensación liberadora, ¿por qué no simplemente te dejas llevar de una vez?”. Y así, tratando de convencerme que hay pocas sensaciones mejores que las de mantener el ritmo o hacer la escoba, la cajita, la barrida, la mordida se nos pasaron las tardes de la última semana hasta que ayer ella me echo de su casa.
* * *
Esta carta no es más que un regalo para ella. La respuesta a un viejo compromiso que tengo con ella por haberme ofrecido tantos muchos otros regalos. Si muchos de sus regalos fueron producto, casi siempre vinieron acompañados por mi plena libertad para dispersarlos, para romperlos en mil pedazos, para buscar saber por qué llegaron hasta mí y lo que los mantiene vivos entre los divertimentos de la sociedad. Pero todo esto venía así de bien hasta que de repente llego el tango y ella perdió la cabeza. Me dijo, “con el tango no te metas. Aquí, querido sutileza, el pensamiento cede al sentir. Hasta ahí llegaste y hasta aquí llegamos. Hasta ahí los pensamientos que podemos co(n)partir y hasta aquí nuestra relación. Y ahora por favor, raja de acá”.
La verdad es que no estoy pre-ocupado por ella en eso de que quizás se sienta sola o mal acompañada. Hoy por hoy y ayer por ayer el consumidor ocupa una imagen refinada e inteligente dentro de la sociedad y eso lo mantienesiempre ocupado y olvidadizo de si mismo. A lo que voy es a que en realidad, mientras ella siga trabajando, viajando, bailando y no necesite saber por qué esta haciendo lo que hace, le estará yendo bien. Esta carta que escribo para ella es por si alguna vez se hace esas preguntas.
Un día de locos
Clase de crítica del cine dictada por una maestra de escuela el día de los 25 años de la muerte de John Lennon:
Tenemos por un lado la triste noticia de los 25 años de la muerte de John.
Pero lo triste no es que John se haya muerto, pues eso para nosotros sólo es una muerte, algo de todos los días. La muerte de John es triste porque la publicidad no puede hacer nada sin querer siempre intentar involucrar en ello nuestras más personales emociones. Al dar una información, las emociones que de ella puedan surgir, deben ser explotadas al máximo, pues ellas siempre logran mantener al público cerca de los televisores y periódicos, y sobre todo, y lo más importante, ellas siempre logran acercar esa información a cada uno de nuestros casos particulares consiguiendo personalizar lo general. Poner a flor de pantalla las emociones ayuda a asociar cada caso televisivo con las relaciones que cada uno tiene con su perro, con sus padres o amigos. Pero lo cierto es que ahora mismo esta muriendo gente de hambre en Afganistán y en breve nos estaremos tomando un avión a Grecia, o nos iremos a tomar un café.Pobre John, pobrecito. A John lo Mato un Fan que estaba loco de tristeza de tanto escuchar la publicidad de John.
Por otro lado, otro nuevo asesinato. En el periódico dice que podría haber sido una película de Hollywood.
Un tipo se bajo en Miami en el aeropuerto y les dijo a los disciplinantes que andaban por ahí: “ey Gente! tengo una bomba en mi mochila” Y luego se lanzo a correr. La mujer del ciudadano norteamericano grito: “Es mi esposo. Es bipolar y no ha tomado su medicina”. Los disciplinantes, en este caso y como siempre, carecieron del sentido del humor y de la creatividad que a él (el bipolar) le sobraba y lo mataron. El periódico dijo que parecía una película de hollywood. Entonces podemos decir que mientras el bipolar representaba la figura artística generadora de terror en un mundo Hollywood, la policía, por su parte, represento la figura del orden en ese mismo mundo. Si las imagenes Hollywood se vuelven reales eso puede significar que la realidad, nuestra realidad es una imagen Hollywood. ¿Las imágenes de nuestra realidad son las imágenes de hollywood? Queriéndolo o no, esta pregunta la genero el bipolar. Vierón chicos, hay imágenes que cierran mundos e imágenes que los rompen. Esta imagen, por ser real, realiza las dos funciones. Cierra y rompe Hollywood.
Ay! Debo confesarles que cuando escuché que habían matado a un norteamericano que tenía serios problemas mentales me ilusione, pensé que habían matado a algún cazador de inmigrantes mexicanos, pero lo que habían matado era sólo a un artista haciendo la más completa de las performance.
Álter ego first
Bajó de la bicicleta y entró a su casa. Antes pasó por un sistema de escaleras y ascensor muy sencillo. Las escaleras subían girando en forma de caracol hasta un sexto piso, y el ascensor viajaba a velocidad lenta por el hueco del medio. Sólo había un ascensor y unas escaleras. Pero a pesar de una tan simple arquitectura de pasillo allí se desató una sospechosa intriga.
Marcos se bajo de la bicicleta. Ya le había pasado demasiadas veces que la llave se le partiera al medio quedándose adentro de la cerradura. Por eso metió muy lentamente la llave en la ranura y abrió suavemente el candado para luego, ya por fin, poder desenroscarlo rápidamente del asiento en el que lo llevaba. Paseó su mirada por su alrededor para ver si alguien se acercaba u observaba su candado. No había moscas en el aire o moros en la costa. Nada sospechoso. Nadie iba a percatarse de que el cierre de ese candado no fuese el más seguro para su más que respetable bicicleta.
La ató justo entre dos árboles. Lo más oculto posible de las miradas de posibles ladrones. Así consiguió que desde el único punto de vista desde el que se pudiese observar su bicicleta, el candado se viese lo suficientemente seguro y firme. Sólo eso le dio la tranquilidad de pensar que cualquier caco que pasase por ahí y viese la bicicleta, seguiría su camino, considerando que ella estaba tan bien atada y segura, que ni siquiera valía la pena intentar robarla. Pero lo cierto es que si alguien se acercaba a un metro de la bici, y veía ese candado, mañana ya no tendría más medio de transporte.
Abrió el portal de la casa. Inmediatamente escuchó reír y brindar a una pareja de vecinos que vivían en la planta de abajo. Ella le decía: “Alles gute mein Schatz”. Eran las cero horas en punto. La mujer había decidido no esperar hasta el día siguiente para felicitar a su marido por su cumpleaños. En alguno de los pisos de arriba se escucho ruido de puertas que se cerraban. El ascensor estaba libre y lo llamó. Después de pasar unos segundos en la oscuridad, mientras esperaba la llegada del ascensor a la planta baja, encendió la luz de las escaleras. La luz brindo seguridad a una visible oscuridad que había empezado a aterrar por sus sombras.
En las oscuridades visibles (o con sombras) suelen asaltar breves pensamientos paranoicos con apariencia de realidad. Pero sólo es en esos propios pensamientos dónde radica lo que nos aterroriza. Lo verdaderamente cierto es que tanto con luz como sin ella las cosas no dejan de suceder. De hecho la luz no pudo evitar lo que pasó en estas escaleras y pasillos.
Subió al ascensor y presionó el botón del piso sexto en el tablero de control. El ascensor subió sin interrupciones. Pero en lugar de parar en el número indicado, lo hizo en el piso quinto. Marcos no le dio demasiada importancia a ese hecho. Se lo tomo con naturalidad. Problemas técnicos de ese tipo ocurrían a menudo en el universo de la ciudad y ya habíamos aprendido a aceptarlos sin atribuirles mitologías. Todo lo contrario pasaba con las sombras, a las que aún no nos habíamos acostumbrado. Algo mucho más grave hubiese significado por ejemplo, que la luz de las escaleras hubiese estado estropeada.
Bajo en el quinto. Cuando comenzó a subir las escaleras hacia la última planta, vio como el ascensor volvió a encenderse y a seguir su marcha hacia el sexto. Al ver el ascensor moverse hacia arriba en lugar de hacerlo hacia abajo, se paralizo un momento. Dado que el sexto era el último piso, era mucho más probable que éste fuese llamado de los cinco que restaban por debajo que del único que quedaba por arriba. El ascensor llegó antes que él al sexto. Pero otra posibilidad era que el ascensor tuviese memoria y hubiese grabado sobre ella una llamada anterior a la suya. Una llamada de la que algún vecino se hubiese arrepentido para volver a su apartamento a buscar algo que había olvidado.
“Claro, se dijo marcos. Las llamadas se sobrepusieron y por eso fue que el ascensor se paro en el quinto y luego continuó hacia donde yo le había pedido”.
Cuando llegó al sexto, el ascensor ya estaba allí. Miro tanto a su alrededor como hacia dentro de él. Pero tal como estaba previsto en su argumento, no había nada ni nadie. Se relajó. Quito las llaves de su bolsillo he intento sin éxito abrir la puerta de su apartamento. La llave no cabía en la cerradura. La cerradura parecía estar bloqueada. Marcos dio un paso hacia atrás esquivando la sombra que su cabeza hacia sobre la puerta. Quería saber si se había equivocado de llaves. Se alejo de la puerta para acercarse al punto de la planta donde la luz fuese más clara y con menos sombras. Al elevar las llaves y fijar su mirada en ellas, notó sorprendido que Marcos ya abría las puertas de su casa, y que ya entraba, y que ya cerraba la puerta otra vez dejando a Marcos afuera. Cuando Marcos ya estaba en la cocina disponiéndose a hacerse un café para así poder trabajar toda la noche, escucho que alguien golpeaba la puerta de su casa. Durante un segundo se detuvo a pensar quién podría ser a estas horas de la noche. Abrió la puerta y antes de poder pronunciar alguna palabra, marcos ya le estaba preguntando si sería tan amable de invitarlo a tomar un café. Tenía frío, estaba cansado y tenían mucho de que hablar.
¿Qué es lo que continua?
Me pongo en contacto con vos para intervenir tu honda
hacia el no-ser (la desarticulación) o la tirabusionada zambullida hacia
el vacío.
Me desconecto de vos con la esperanza de volver a contactarte en
un no ser vos ni ser yo;
ni ser hijo, ni ser padre;
ni ser dios, ni apostol.
Te quiero hablar para desinstruirnos y desprendernos.
Si lo que hay para escuchar ya no es tuyo. Si tan sólo es una voz más, repitiendo el eco humano de lo que en las portadas se ha hablado. Prefiero oírte sin escucharte.
Ya no hablo más. Sólo susurro con el dedo índice puesto delante de la boca.
Shshsh. Desinstalación. Shshsh. Descontextualización de
los imperios. Shshsh. Abrupta-ruptura.
Shshsh. Hablar sin país, sin política. Shshsh. Hablar desde alemania para
hablar de las descolocadas energías paulatinas.
Shshsh. Hablar desde la inseguridad.
* * *
“Tomate la sopa, maldito vendedor de nubes. Se acabo el agua, y ya
no hay más arroz, ni pan, ni yerba mate”.
Shshsh. ¿Pero y si el hambre pudiese hablar?.
No aprendo, des-aprendo. No insisto, des-insisto. Ya no vendo incluso
cuando vendo. Me des-autoestimo. Me retuerzo en el fango calido del
champagne educativo. Me tomo un tren a Mallorca y me sumerjo en el
mar -como Alfonsina.
Te dejo. Hasta la nada, hasta el no-lugar. Nos encontramos ahí,
vení, no seas tonta, es hora cero y no en Buenos aires.
Shshsh. Ahora a quedarse un momento en el silencio.
La letra que pronuncia el hambre tiene que ser pronunciada.
Pronúnciala.
Haz por mí ese último esfuerzo. Hazlo antes de robar ese pan del supermercado y volver a olvidarte de todo lo que se podria haber dicho.
Neukölln
Ayer por la noche hemos salido a dar una vuelta por mi barrio. Apenas pisamos el suelo delante de mi portal, encontramos a 5 chicos jóvenes con historias de las que el idioma alemán llama “Migrationshintergrund” (nuevo termino desde el que analizar las situaciones problemáticas en las escuelas, en el idioma, con los profesores y en la criminalidad ciudadana, para aquellos chicos nacidos en alemania con padres turcos, Griegos o Croatas).
Ellos son, antes de ser ellos, con sus gustos y con sus disgustos, chicos con Migrationshintergrund. Y en esa palabra, y sólo desde esa palabra, se pueden explicar sus “incorrectos” comportamientos ante sus estudios, profesores y alumnos europeos. Los chicos fumaban tranquilamente una vela y hablaban. Ayer hemos salido a pasear y 20 metros más allá de mi portal, donde hay un semáforo, otros 4 chicos de 14 años caminaban atravesando la calle que hace esquina con la calle de mi casa, riéndose traviesamente y mirandonos picaramente, por estar cruzando en rojo. Menos mal que la seriedad ciudadana y los complejos civiles para mantener la estabilidad social ya han puesto palabras que justifican semejantes gestos criminales.
10 metros más adelante del semaforo escuchamos gritos desde la pizzería que esta en la cera de enfrente. Parece ser que era el cumpleaños de algún árabe. Todos los amigos comían juntos y gritaban alto. Ellos no beben alcohol. Treinta metros más adelante, escuchamos música en un bar. Ellos son los llamados Eckkneipe (Bares cuyas puertas de acceso se ubican justo en la pared que forma la esquina, mientras que dos grandes ventanas se despliegan a cada uno de los lados de las correspondientes calles). Justo desde uno de esos bares se escuchaba Schlager. Afuera del bar un hombre de 55 años barrigón, sudado por el calor e intoxicado por el alcohol, tarareaba una canción dedicada a alemania y a sus bellezas.
Eche un vistazo adentro y no había más de 10 personas desperdigadas en un espacio enorme, decorado por alfombras viejas y estampadas con motivos de tigres. La música sonaba muy alta, desproporcionadamente alta para la cantidad de gente que uno suele observar en los lugares en los que la música se escucha tan alta. Justo al lado había tres Getränkeladen o Spätkauf ubicados uno junto al otro. Tres mujeres con pañuelos en la cabeza que aún dicen “Salam” cuando les dices “Hallo” esperaban el Autobus nocturno enfrente de los Getränkeladen. Poco parecia importarles lo que hacian los muchachos del bar.
Eran las 11 de la noche. Yo segui caminando 200 metros más en esa linea y me senté al lado del canal a charlar con la amiga que había venido a cenar a casa. Desde hace una semana esta haciendo también mucho calor acá. Incluso por las noches. Ayer, por ejemplo, la temperatura era de 24 grados con un 50 porciento de humedad. En esas condiciones climaticas, palabras como Migrationshintergrund han perdido su contexto calculador y estilistico y ya no hay nada real de lo que puedan hacerse eco.
De dedos, cabos y otras extremidades
Hola gente del “Bote sin Remos”:
(Nota al pie: texto robado de comentario a “jueves” que usted puede leer en el Blog: Sinrumbo, categoria: acontecer cotidiano, Autor: incomprendido de sour mer.)
Aquí les envio un fragmento interesante del libro “el otro cabo”.
Recién acabo de terminar de escribir el fragmento interesante, y me he dado cuenta que previo a escribirlo, se me fue retrasando su transcripción por el cruce de algunas que otras palabras através de los dedos. Esas palabras previas al fragmento pueden leerse simplemente o complicadamente; allí, mejor, no meterse. Aunque tales palabras sean secundarias (pues lo importante es el fragmento) yo preferí no quitarlas, porque al fin y al cabo, “no hay cabo que por bien no venga”. Y sí. Si salierón de los dedos salierón del “cabo” de los cuerpos, allí por donde todo entra y todo sale, cuando ellos aún se tienen. Las extremidades del cuerpo son los cabos. Aquello que el corazón no necesita para seguir latiendo, pero quizás si, para seguir creando. ¿Nunca vierón como los brujos mueven los deditos para invocar a los espiritus?, ¿Nunca vierón como se mueven los deditos de la Diea mientras toca el piano? Si las palabras vinierón por los dedos, si estaban en la memoria de los dedos no creo que no puedan ser bienvenidas para una introducción a una cita que indica la necesidad de un cambio de cabos o un cambio de memoria para los dedos.
El otro “cap”, Capitan, capital, sentido, es la capacidad de cambiar de dirección para ponerse en peligro o quedar en riesgo. Parece ser que en el lenguaje militar de la Marina esto significa, el momento en el que se tiene que cambiar sorpresivamente de rumbo y de objetivo, que es siempre un momento de vulnerabilidad, y a su vez, un momento de reordenación, un momento critico. En este libro del que ahora les transcribiré un fragmento, se habla de ese “otro Cap” extrayendo el sentido que éste tiene de quedar en riesgo o de ponerse en peligro, para luego hablar desde allí, acerca de la democracia, de europa y de sus discursos de paz, de responsabilidad y hospitalidad.
Algunas de las preguntas que se plantea el libro son:
¿En qué medida esta dispuesta la sociedad europea a arriesgarse y a ponerse en peligro, para asi poder poner definitivamente en juego, los conceptos de los que tanto habla y con los que tanto se identifica, como europa de la libertad, fraternidad e igualdad, en sus discursos de estado?
¿De qué habla europa cuando habla de cuidado del medio ambiente si a tales congresos internacionales los medioambientalistas llegan en Boings 747 ? Claro, a lo mejor no hay tiempo. ¿Pero no es justamente el tiempo (me refiero a su ritmo y a su velocidad) algo que también ha sido inventado? Si la respuesta es que si, si esto ha sido así, cosa bastante probable porque antes la gente iba a caballo o en bicicleta, una parte de ser medioambientalista es tambien la de re-inventar el tiempo, es decir, proponer otro tiempo u otro ritmo del tiempo.
¿Por qué europa habla de responsabilidad con el extranjero cuando existen aún centros en los que se los hacina al llegar y donde se les hace esperar para devolverlos al lugar donde muchos de ellos salierón, no sólo por persecución politica o sexual, sino por hambre o por voluntad? A estos lugares los alemanes les llaman Abschiebeknast o Ausreisezentrum (literalmente: carcel de despedida, centro de salida). Es decir, el lugar en el que se esta durante el tiempo burocratico necesario para que se organize la devolución.
¿cómo se puede ser hospitalario si no se esta dispuesto a arriesgar nada para serlo?
¿cómo se puede ser responsable sino se pone en peligro el propio suelo politico, economico, familiar en el que se pisa?
Perdón por las preguntas. Ahora por fin el fragmento:
“De momento es en la palabra “capital”, y más precisamente en la materialidad de su idioma, en lo que debemos interesarnos. Como el vocablo “cap” pero tambien como las palabras “cultura”: de colo, como ”colonia”, “colonización” y como “civilización”, etc., la palabra ”capital” es una palabra latina. La acumulación semantica que hacemos valer en este momento organiza una polisemia alrededor de la reserva central, ella misma capital, de un idioma. Al subrayar esta lengua, ésta en la que se dice esto aquí mismo, en todo caso de forma dominante, hacemos converger la atención hacia un envite crítico: la cuestión de los idiomas y de la traducción. ¿Qué filosofía de la traducción dominará en Europa? En una europa que, en adelante, deberá evitar tanto las crispaciones nacionalistas de la diferencia linguistica como la homogeneización violenta de las lenguas a través de la homogeneidad de un medium traductor, presuntamente trasparente, metalinguistico, universal.”
Un abrazo apoyando los dedos, esta otra memoria de dedos, sobre las espaldas.
Sutileza