Archivo por autor

Pipas

Mi amigo sentado sobre la cama, con las piernas cruzadas, una manta sobre los hombros, la espalda contra la pared, medita. Qué familiar me resulta todo esto. Totalmente ajeno y aislado del mundo. Conozco muy bien su cara pero hoy percibo sus rasgos como los mismos de siempre y a la vez parecen extraños. Esto me ocurre a menudo con personas que conozco. Los elementos de la cara tomados por separado me causan desasosiego. Ni se da cuenta de que estoy aquí y yo sigo observando su cara, descomponiendo sus rasgos y descomponiendo estos rasgos en partes más pequeñas hasta que su cara parece el plano explosionado de un motor.

* * *

Conocí a una chica pelirroja, que linda, que bella, que bien olía. Cieguita ella. ¿Sabes? Bailamos agarrados porque creí que si me separaba se iba a perder. Con las ciegas no se puede bailar separados, creí yo, parecería raro a no ser que estés constantemente chasqueando los dedos o la lengua para que no te pierda el rumbo. Bua, como me excita pensar en ella, mi ciega. Bailamos y baliamos y yo sin quererme despegar, más por lo bien que olía y por lo que me excitaba que para que no se me extraviara. Hablamos y hablamos y bailamos y nos besamos y que descarada y yo, claro, cortado porque es cieguita. Me agarra de la mano y me lleva para afuera. “Anda ricitos, vamos a follar de una vez”.

* * *

Hoy soñé con dos carreras de galgos, una hacia la otra.

* * *

Estas lámparas para la frente con LEDs, cojonudas, muy cojonudas. Voy a mear porque no me tengo, vaya pedo. Vaya pedete y con el vino y los flais, mirando las estrellas fugaces, esperando a que pasen por delante de mi campo de visión, cada vez más turbio y más estrecho. Voy a mear un rato. Vamos a poner el toldo hijoputa, antes de que te duermas sobre la arena. A tomar por el culo los clavos. Has visto el pedazo de Vía Láctea? Dónde están los putos clavos? Pon el cortaviento hacia allá. Y si cambia el viento? Y si llueve? Pues nos jodemos. No estoy para hacer previsiones meteorológicas. Tira un poco más. Tienes un palo? Toma. Clávalo y luego lo tensas, joder. A la mierda, me voy a mear, luego plantamos el toldo. Dame la bota, voy a darle otro trago, a ver si me despejo. Media hora de descojono. Pongamos el toldo, que luego va a ser peor. El olor del mar es fantástico. Cojonudo estar aquí y cojonudo dormir todas estas noches medio pedo bajo las estrellas. Vale poeta, pero pongamos el toldo porque si no, toca dormir al relente. Ya está, cada día queda mejor, creo que hemos batido el record. Echa el plástico por debajo, ahora las colchonetas. Me meto en el saco vestido. Hey, saquemos la cabeza del toldo para ver las estrellas fugaces. Una idea cojonuda. Hacemos otro flai? Ni se pregunta. Después de tantos días, ni siento claustrofobia al meterme en el saco. Cuéntame otra vez la historia de Noemí, cómo es eso de que su ex es el mejor amigo de mi ex? Hay que joderse lo pequeño que es el mundo, verdad? Sí.

* * *

Tomo decisiones, a veces con el corazón, otras veces con las tripas y otras con la cabeza. Cuando veo los resultados, no sé muy bién con qué tomé la decisión. Doy un paso atrás de un par de miles de kilómetros para ver mejor la escena y, si hay sangre, fue con el corazón, si hay vísceras por todas partes, fue con las tripas, si hay sesos desparramados, fue con la cabeza. No hay más que analizar la velocidad y el ángulo del impacto, como en los accidentes.

* * *

Posesión infernal

Viniste para quedarte a tus anchas dentro de mi cabeza. Si tuviera que definirte como algo físco, diría que eres un tejido que se ha colado por los pliegues de todo mi cerebro, un alien que se me ha metido por la oreja o por la nariz una noche, mientras dormía, y que ahora no puedo echar. Pero no eres tangible, es solo esa sensación. La prueba más evidente de que existes y quieres quedarte es que no sé cuántas de mis decisiones, de mis opiniones y mis gustos son realmente míos. ¿Como esto porque me gusta a mí o porque te gusta a ti? ¿Esta chica que vemos me gusta a mí o a ti? Si me decido a hablar con ella, ¿seré yo o tú quien esté intentando ligar? ¿Se llevará una impresión tuya o mía? Si hablo de música, libros, películas, ¿son mis gustos o los tuyos? Si fuera a grabar una cinta, ¿cuántas de las canciones serían mis favoritas y cuántas tuyas? Una verdadera jodienda, aquí no hay sitio para los dos y la vida ya es suficientemente corta como para ser uno mismo solo la mitad del tiempo.
Lo reconozco, he dejado que entraras, me moldearas y te hicieras con los mandos porque en muchas ocasiones tus trucos me han salvado el día. No todo es malo. Reconozco que tu don de gentes, extroversión y gusto a la hora de vestir son especiales y que me he aprovechado de ellos. Pero ahora quiero que te largues y te voy a hacer un exorcismo hasta hacerte trocitos y cagarte como a una lombriz solitaria. Quizás te estés muriendo de risa pensando en que no podré echarte del todo porque me quedará el recuerdo y eso no hay quien lo borre. Me quedo entonces con el recuerdo, incluso pienso aprovecharlo, pero a ti te habré echado. Son muchos años de llevarte a la chepa. Lárgate ya.

Sal marina

Vuelvo del mar de espuma olor extenso azul turquesa, arena, pedacitos de conchas, algas, blanco y verde y otra vez blanco.

Viento azul y dorado.

Rocas en las plantas de los pies.

Limpio los pescados en la playa. Sol en los hombros y estrellas fugaces que se enredan en el pelo medio adormecido con el vino.

Costa de la Muerte.

Noche y día. Arena en las uñas y sal

RUIDO

(o “Antes de largarme durante una semana a una playa desierta con mi caña de pescar”)

Despierto sobresaltado, con una sensación de ahogo, de preocupación y desasosiego por una persona cuya imagen sólo he podido ver durante una fracción de segundo. Ahora no sé de quién se trata. Alguna mujer a la que he conocido o alguna a quien ni siquiera conozco. Un par de veces he soñado con una mujer que no he visto en mi vida, alguien de quien siempre me enamoro profundamente, como nunca me he enamorado, y al despertar siento una gran pérdida y quiero volver a dormir para regresar a su lado. Nunca las he vuelto a ver.

Me esfuerzo para recordar a quién he visto en el momento de despertarme, como si de ello dependiera la respuesta a todas las cuestiones que se acumulan últimamente en mi cabeza. Mientras intento evocar esta última imagen de mi sueño, escucho por primera vez de forma consciente el ruido de una moto de gran cilindrada al ralentí, brrrombombombombombombom, siete de la mañana y hay un cabrón debajo de mi ventana calentando su moto. Sigue así durante diez minutos, acelerando de vez en cuando, y después sale a la carrera hacia su trabajo, supongo. Vuelvo a intentar dormir, entonces arranca una cortadora de césped. El jardín, de aproximadamente 60 por 40 metros, también está debajo de mi ventana. Esto va a durar un par de horas, así que desisto de intentar volver a dormir. Total, ayer no me acosté tarde. En comparación con Berlín, donde entre semana siempre me da la una o las dos, en casa de los padres me acuesto a las doce. Qué otra cosa voy a hacer, con todos los amigos casados y con hijos. Me doy cuenta de que echo de menos Berlín. A lo largo del día lo echaré aún más de menos.

Es muy temprano para bajar a desayunar e intento distraerme del sonido de la cortadora de césped leyendo. Una hora hasta que me levanto irritado por las idas y venidas del motor y me preparo el desayuno. Mis padres salen de sus habitaciones, aún medio dormidos, sin sus dentaduras. Es el momento en que más ternura me da verlos.

Mi padre enciende la radio, música folclórica mezclada con ruido porque la emisora no se sintoniza tan bien desde nuestra casa, por el monte que tenemos al sur. Mueve el dial. Ruido, anuncios, música, ruido, tertulia, anuncios, música, más ruido, otra vez la música folclórica de antes. Lo deja ahí. Yo ya me he preparado el desayuno. Estoy irritado por la forma en que desperté y el volumen de la radio no lo hace mejor. Intento que no se me note.

Decido subir a la biblioteca, a trabajar un par de horas. Allí habrá al menos un poco de silencio.

Ruido de nuevo en la calle. Hoy hace sol y la gente aprovecha para venir a la playa. Han hecho la playa más grande pero la capacidad de aparcamiento del pueblo se ha quedado igual. “Para, para, para Oscar, que le vas a dar!!!!”, “Cagoendios, pero tira palante payaso!!!!”, “Quién es el payaso, vamos a ver!!!”, “Oscar, tranquilízate, déjalo!!!!”, “Sal del coche y dime payaso a la cara si tienes cojones!!!”, “Oscar, déjalo, busquemos otro aparcamiento!!!!, “Ahora por mis cojones que no me muevo, me llama a mí payaso, el hijo de puta!!!”. Más pitadas, los conductores en España piensan que los atascos se arreglan antes cuanto más pitas.

El perro del chalet al lado de la biblioteca no deja de ladrar. Un mastín enorme. Entran y salen niños que no paran de hablar a gritos, sus abuelitos tampoco. El WIFI deja de funcionar. Los tres internautas máximo que permiten quedarse en la biblioteca nos miramos y hacemos un gesto para indicarnos que nuestra conexión también ha muerto. El router dejó de funcionar otra vez. La bibliotecaria y el bibliotecario repiten que no son informáticos. Sigo intentando conectarme durante media hora, por si resucita, desisto y me voy al irlandés, que también tiene WIFI y se puede fumar. Niños que piden aceitunas y vasos de agua a gritos. Música horrible, alguna compilación de chillout barato, en plan “Café Ibiza” o “Chiringuito del Mar”. Música clásica con sintetizador y efectos de rayo láser. Me concentro en mi trabajo.

El CD empieza a sonar por tercera vez y yo ya no aguanto más, vuelvo a casa para comer. Decido grabarle un par de CDs al encargado del bar.

Mis padres hablan y hablan durante la comida, todos los años me asombra lo alto que hablan. Hoy me irita especialmente y no puedo concentrarme en lo que dicen.

Después de la comida salgo a la terraza. No quiero ver televisión, aquí la televisión funciona también a gritos. Quiero sentarme y leer. Todo relativamente en silencio, al menos, el silencio de aquí, con perros ladrando, madres que llaman a sus hijos a gritos, gente que grita a gente, coches que pitan. Como digo, suficiente silencio para leer. Abro el libro y comienza a sonar Mocedades a todo volumen. Algún vecino no quiere disfrutar de Mocedades discretamente, en la intimidad, sino que quiere compartirlo con todos los demás a la hora de la siesta. Los dos perros de otro vecino empiezan a ladrar. Es un círculo vicioso, cuanto más ladra uno, más ladra el otro. Desesperado, busco unos tapones para los oídos. Subo a mi cuarto, me siento sobre la cama, me encajo los tapones, cierro los ojos e intento calmarme. Paso así una hora o dos, meditando, medio dormido.

Más tranquilo, me pongo el bañador y bajo a la playa. Es justo la hora en que todo el mundo decide volver a casa. Nuevo atasco, nuevos pitidos, nuevos insultos. Yo bajo a la playa, extiendo mi toalla y me tumbo a leer durante un par de horas, hasta que el sol se pone y empieza a hacer frío. Subo a casa, me abrigo, ceno, no quiero ver la televisión, siempre encendida, subo a mi habitación.

A las doce empiezan los primeros trompos en el aparcamiento, forma parte del verano de niños con coche, a las doce y media, mis vecinos se ponen a mover sus muebles justo encima de mi cabeza, a las dos pasan los camiones de la basura, vacían los contenedores de basura y los de botellas, se van, por fin me duermo.

La farmacia de la señora Sook-Kyung Youn

El otro día me puse bien triste.

Iba a hacer las compras con mi novia y, justo al doblar la esquina de mi calle hacia la Hermannstr, vi el camión de mudanza delante de la Bacchus Apotheke. Me paré, miré hacia dentro y allí estaban desmontando y llevándose los mostradores, las estanterías, los armarios. Y la señora Sook-Kyung Youn, de espaldas a mí, sentada en una silla, observando como desmantelaban su negocio, inmóvil. No la conocía personalmente, nunca he intercambiado con ella más de las cinco palabras necesarias para comprar una caja de Paracetamol, pero mi mente empezó a crear una historia de inmigración, esfuerzo hasta conseguir hablar alemán, hasta conseguir el título y la licencia para abrir una farmacia y más esfuerzo para mantener el negocio en uno de los barrios más deprimidos de Berlín.

En el escaparate, el cartel de la foto. La crisis omnipresente nos pilla a (casi) todos, nos sume en un estado mental, moral y vital de crisis.

Y aquí seguimos, ya ves, durante los últimos lustros escuchando que había que regularizar y privatizar, con el discurso de las arcas vacías, y ahora salen miles de millones de euros del estado para reflotar los galeones que los corsarios de turno han encallado. Malos capitanes de barco que no abandonan los últimos la nave sino que agarran el botín y se largan corriendo.

Cuando cada año se superaban los beneficios record del ejercicio anterior, ninguna megaempresa compartió una ínfima parte de sus beneficios con el estado, más allá de los impuestos que a regañadientes les tocaba pagar tras agotar los trucos de sus asesores. Los beneficios son míos, las deudas comunes. Y ahora aquí estamos, impidiendo que los grandes empresarios dejen de cobrar sus sueldos y primas a costa de las jubilaciones y los subsidios de desempleo.

A mi me da que esto no se autoregula, que el crecimiento continuo es cosa de cáncer.

¿Estamos locos o qué? Dejadme de rollos con el Abwrackprämie e instituyamos que los beneficios se repartan de forma equitativa, paremos las privatizaciones y potenciemos el sector público, abandonemos la locura del crecimiento económico a toda costa y mejoremos la educación, el servicio sanitario, la cultura …

La señora Sook-Kyung Youn es un ejemplo más de lo que está por venir. Como decía mi abuela: “Dios nos coja confesaos”

HAVE YOU EVER SQUATTED AN AIRPORT?

Pues yo tampoco, para qué te voy a contar otra cosa.

Fue una de esas vivencias que cuentas a los amigos cuando vuelves de vacaciones, para que vean lo loco, loco pero superloco que es vivir en Berlín (hey, estoy siendo sarcástico), para que se jodan por haberse quedado a vivir a doscientos metros de los padres. Bastante me joden ellos con sus matrimonios, sus hijos, sus curros de ocho a cinco. Y luego comentan “ay, lo que daría yo por ser freelance como tú, marcarme mi propio ritmo y hacer vacaciones cuando me viniera en gana…” Lo dicho, a los amigos los jodes o te joden. Pero esa es otra historia para otro artículo.

Espera que me sitúe. Estábamos en el sábado, 20 de Junio, a las 15:00 de la tarde, en la confluencia de la Hermannstr. con la Sigfriedstr. Allá que aparecen también Anne y su amiga Arantza. Huy que día más bueno, qué jóvenes son todos. Kundgebung para condenar la demora y las propuestas sobre qué hacer con el areal (que más parece una subasta al mejor postor que una toma de decisión), para condenar una vez más la Gentrifizierung del barrio y para apelar al sentido común de los policías “Dejad vuestros trabajos, quitaos el uniforme y uníos a la manifestación. Aún podéis hacer algo de provecho en vuestras vidas”. Ja, ja, ja. Me di la vuelta para ver si alguno se quitaba el casco pero nada. Hasta ahí podía llegar el Vernunft.

Después de recordarnos una vez más que se trataba de una manifestación pacífica y que el objetivo era el aeropuerto, no la violencia, partimos todos a recorrer la Hermannstr en dirección aeropuerto. A 100 metros nos esperaba la primera barricada de furgonetas y hombres de verde, a 200 metros la segunda. Nos aderezan con pimienta y seguimos entre carreras detrás de nuestra banderita. Coño, que carrera. La juerga de la noche anterior pasó factura. Escarceos, caos, más pimienta, tambores, clowns, hasta que terminamos encajonados en el Columbiadamm, sin saber si nos arrearían primero los violentos a nuestra izquierda o nos regarían los violentos a nuestra derecha. Horas de ver cómo se llevaban detenida a gente de forma indiscriminada y de ayudar con agua a los que habían recibido el chorrito picante en la cara.

Quién inventará esas cosas tan cabronas como el Pfefferspray o el Teaser? Para mi gusto, le dan a la violencia un je non se quoi que no tenían los porrazos ni las pelotas de goma. Es como elevar la brutalidad a la acción quirúrgica. Fshhhhhh, bzzzzzzz y listo. ¿Qué será lo siguiente que inventen los doctores locos?

¿Violencia? Yo sólo vi un grupo bien numeroso de violentos, vestidos de Robocop, que fueron los únicos que lograron ocupar esa campa inmensa y vacía rodeada de alambre NATO. Me remito a las fotos posteadas en los numerosos blogs sobre el tema.

Hasta a los payasos se llevaron detenidos. Pfefferspray contra la bocina de Harpo Marx. ¿Hay algo más surrealista?

Horas y horas de andar de aquí para allá, sacar fotos y convencernos de lo inevitable: la cosa iba a quedar en tablas frente a los 1.500 Freunde und Helfer.

Estas son las cosas de este país que te dejan pensando si te están tomando el pelo.

Lo mejor fueron las noticias del día siguiente, con continuas alusiones a los Linksradikalen y a la Eskalation. Claro, luego oyen estas cosas en Bayern y se creen que aquí somos todos Chaoten. ¡Um Gottes Willen! (Um Gott’s Buin). Bueno, si queréis saber qué es Eskalation, leed las noticias internacionales en la prensa. Esto no pasó de represión y mareo de la perdiz.

Para la siguiente, yo quiero unirme a la Clown Army, ¡¡mec mec!!

Hablar de sentimientos

Vale, tu quieres hablar de sentimientos en general, mejor de cómo me siento yo en particular. Me preguntas cuarentaydos veces al día cómo me siento. Las conté, hice un palito en el cuaderno por cada “¿Cómo te sientes?”, uno diagonal por cada quinta vez. Ocho grupos de cinco y dos palitos sueltos.

Que no hablo de mis sentimientos, ese es el problema. A mí el problema me parece otro, verás, te pongo un ejemplo. ¿Te acuerdas de la otra noche cuando estábamos cocinando? Justo entonces te pusiste a hablar de sentimientos y yo estaba en las sartenes. Lo siento pero cuando cocino me pongo autista, de ahí no me sacas. Repaso mentalmente el orden en que tengo que echar los ingredientes y ando de aquí para allá revolviendo el puchero, meneando la sartén. Preguntarme cosas que requieran algo más que un monosílabo es en vano. En ese momento soy el torpedo del fogón, voy a piñon fijo, pura visión de túnel, mi cara es una máscara y no estoy para sentimientos. Soy el cocinero autista.

Me metes en conversaciones de sentimientos, me salpicas la cara con las hojas de lechuga mojadas. Espera, joder. No me hagas cosquillas, ¿no ves que el aceite está hirviendo?. Noooo, mujer, no me he enojado. Cómo le explicas a alguien que estás en trance justo en medio del trance.

Espera, paciencia, todo a su tiempo.

Pongamos la mesa, sirvamos la cena, abramos una botella de vino, comamos, bebamos y entonces hablemos de sentimientos hasta los cafés, los pitis y más allá.

¿Qué es SINRUMBO?
Este sitio ofrece su espacio a todos aquellos/as que escriben en castellano en Berlín y habitan sobre la rugosa superficie que existe entre esta ciudad, España y América Latina.
Organización de los textos
La columna "Acontecer Cotidiano" es de índole general: Reúne pensamientos e ideas sueltas, experiencias aisladas e instáneas relacionadas al día a día de los diversos autores. En las demás columnas se agrupan relatos ficticios que se articulan en torno a diferentes temáticas propuestas por los autores.
Últimos comentarios
Calendario del mes
septiembre 2010
L M X J V S D
« ago    
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
27282930