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EXPERIMENTO

Por algún motivo, probablemente por películas que había visto, se le ocurrió la idea de comprobar si era cierto que un cigarrillo encendido era capaz de provocar un incendio.

Fumó un cigarrillo con ansiedad y cuando ya sólo conservaba la colilla, la tiró como si azarosamente cayera dentro de un bolso abierto que contenía una campera rompevientos. Mientras aguardaba lo que estaba por suceder con respecto a su experimento, observaba el bolso. Recordó entonces donde lo había adquirido; un festival de música electrónica en el que había participado como miembro del equipo responsable de la seguridad. Como suele ser en esos eventos, hubo sobrantes. En este caso, un bolso azul con distintos pequeños logos.

Interrumpió su recuerdo por el humo que ya asomaba invasivo. Echó una hojeada dentro del bolso y vió como su campera rompevientos de importante marca, poseía ya un significativo agujero. Supo entender entonces que ya esa campera no le serviría. La idea de deshacerse de su pertenencia le hizo recordar como se había hecho de ella. También la había adquirido en un evento, pero de otro estilo. Al realizar función de cocacolero en un mundial de futbol, había tenido acceso a la vestimenta, que para muchos significaba tan sólo una molestia de la cual deshacerse.

Esta vez el ya creciente fuego lo despertó de su reflexión. El bolso también había sido afectado y, en su defecto, alterado por el fuego. Buscó un vaso con agua y extingió la posible amenaza. Sus cosas no habían sido destruídas de manera absoluta, pero si lo suficiente como para no poder darles uso.

A la única conclusión que pudo llegar fue que un experimento tan estúpido se puede llevar a cabo unicamente si uno se encuentra en una posición en la que la palabra escasez no pertenezca a lo cotidiano.

Jueves

Ayer fue jueves y como muchos jueves me tocó volver en bicicleta desde algún punto en el norte de la ciudad cuando mi casa se encuentra en el sur. Eran aproximadamente las doce de la noche por lo que no había mucha actividad en la ciudad, mas que unos turistas comiendo sanguches y sacando fotos en la Puerta de Brandenburgo, lugar muy frecuentado por los turistas deseosos de conocer Berlin. Llevaba como de costumbres mis bombachas de campo y una campera de reconocida marca, que es muy aceptada por la juevntud o mas bien por su deseo de pertenecer al grupo de los cool. También, como de costumbre, iba con mis auriculares esuchando alguna pieza que me hiciese el viaje mas ameno. De mas está decir que las temperaturas eran muy agradables, cosa realmente anormal en esta ciudad.

Iba yo, como buen ciudadano, a una velocidad moderada por la bicisenda portando obviamente luz trasera y delantera. Sentí a mi lado un grito que parecía mas bien un saludo y me percate del auto que estaba a mi costado, sobre la calle, tambien a velocidad moderada. Por lo anteriormente ya explicado, entiendase portaba auriculares, no entendí muy bien que es lo que de mi se pretendía y me detuve para averiguarlo. Para demostrar interés en su supuesta pregunta, me saqué uno de los auriculares y me dirigí a uno de los ocupantes del auto. Eran cinco adolescentes en un coche ostentoso. Al acercarme uno de ellos dijo: “Oranienburgerstraße?”. Con esto quedaba aclarada mi duda, necesitaban orientación. Como no suelo tomar siempre los mismos caminos necesité unos momentos para orientarme, por ello mi reacción fue mas bien tardía. Y al evaluar la mejor ruta noté que no estaban preguntando por un punto sino por una linea, digamos una calle. Intenté que me dieran mas información para poder orientarlos mejor, imaginando yo que querían dirigirse a esa zona donde mujeres alquilan sus cuerpos por dinero, y dije: “Am Oranienburger Tor?”. Siendo Tor, en alemán, algo asi como portal o antiguo arco y Straße calle. El nombre por mí sugerido no diferia mas que en eso. Uno es la calle y el otro es el portal. No hay que ser muy astuto para deducir que la calle empieza o termina, según se lo vea, en el portal.

Aparantemente, uno de los muchachos no logró escuchar con claridad lo por mi pronunciado y dijo: “Nicht Brandenburger Tor, der ist doch da.” Esto quiere: “No la Puerta de Brandenburgo, esa esta ahi”. Y evidentemente nos encontrabamos a escasos metros de la Puerta de Brandenburgo. Ingoré al individuo que supuso que yo no sabiá donde estaba y, por querer arreglar el mal entendido cometí el error de suponer que querían ir a una casa tomada muy conocida (visita turistica obligada si uno viene a Berlin) que casualmente se encuentra en frente de la Puerta de Oranienburgo, sobre la Oranienburgcalle. También acabo de decidir que si el Brandenburger Tor está traducido como Puerta de Brandenburgo, creo poder tomarme la libertad de escribir Puerta de Oranienburgo. Por prejuicios que no pude vencer pregunté: “Sucht ihr den Tacheles?”. Que se traduce: “Buscan el Tageles (casa tomada que se acerca mucho a Disney World)?”. Pero ellos no supieron de lo que yo les hablaba. No conocían aquella réplica deformada de Disney World. Ese fue el punto en el cual la persona que poseía el mayor poder para finalizar la charla, también lo hizo. Pisó el acelereador y salieron muy rápido. Pensé: cuanto apuro por llegar a no saber donde.

Me monté en mi bicicleta y proseguí mi viaje, reflexionando sobre lo recién ocurrido. Porque hace alguien una pregunta si no esta dispuesto a escuchar una respuesta? Cuando fui descalificado como persona que puede indicarles con certeza? Puede ser que el acento que llevo al hablar alemán les haya hecho suponer que no se donde estoy? Habrá sido el tiempo que me tome para responder a su pregunta? No manejé sus códigos? La respuesta debía ser instantanea y con un determinado lexico? Expresé inseguridada o solo tranquilidad? Tan apurados estaban por llegar a un lugar que no sabían donde era? Se sentían mas pícaros que uno mismo por estar en busca de prostitutas (si es que lo estaban) dejándose llevar por el espiritú de aventura adolescente?

Los prejuicios, por parte mía y por parte ellos, hicieron que no nos supieramos entender.

Seguí mi camino unas dos calles, nuevamente tarareando. Y volví a escuchar un grito pero esta vez el choche venía en dirección contraria. Eran ellos. De casualidad logré escuchar lo que se me gritó: “Danke nochmal.” dijo una voz que salía de la ventana trasera de aquel veloz auto. Que quiere decir: “Gracias nuevamente”. Por la gran distancia entre nosotros y la velocidad en la que que todo ocurrió, no supe distinguir si ese agradecimiento era sincero o una mera burla y mucho menos tuve tiempo a reaccionar. De todas maneras no hubiera devuelto el saludo. Imagino que fue un agradecimiento sincero movido por la culpa. Tal vez el pasajero no estaba de acuerdo con la acción anteriormente ejecutada por el conductor y sentía culpa por algo que no había hecho. Sea como fuere no hay manera de saberlo, lo único que deseo es que hayan encontrado la calle y por consecuencia la Puerta de Oranienburgo. De esa manera, puede que la proxima vez si se tomen el tiempo para esperar la respuesta.

¿Qué es SINRUMBO?
Este sitio ofrece su espacio a todos aquellos/as que escriben en castellano en Berlín y habitan sobre la rugosa superficie que existe entre esta ciudad, España y América Latina.
Organización de los textos
La columna "Acontecer Cotidiano" es de índole general: Reúne pensamientos e ideas sueltas, experiencias aisladas e instáneas relacionadas al día a día de los diversos autores. En las demás columnas se agrupan relatos ficticios que se articulan en torno a diferentes temáticas propuestas por los autores.
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